
Es una pena porque siendo tan pequeño luego no se va a acordar de nada
Si haces viajes con niños pequeños seguro que estás acostumbrados a escuchar este tipo de frases. Estamos de nuevo ante lo que aquí hemos denominado alguna vez como agoreros, cenizos, o futurólogos de tres al cuarto. En una cosa tienen razón, no van a recordar todos los detalles, pero nos vamos a reír a carcajada limpia contándoles a nuestros hijos las anécdotas divertidas que les sucedieron mientras viajaban o lo que gozaron mientras exploraban terrenos desconocidos.

Y es que a veces se nos olvida que lo importante del viaje no es la meta, sino disfrutar del camino. En nuestro reciente viaje a Asturias me di cuenta que al viajar con Teo estoy redescubriendo muchas sensaciones que tenía olvidadas o experimentando vivencias que no tenía desde que era más bajito que Tyrion Lannister.
Por ejemplo, ¿cuándo fue la última vez que tuviste una estrella de mar en tu mano, que sonreíste al ver un pez de colores o te estremeciste al ver un tiburón sobre tu cabeza? Todas estas experiencias las pudimos vivir juntos en el espectacular Acuario de Gijón hace unas pocas semanas.

















