Sólo por contemplar Angkor Wat merece la pena desplazarse hasta Camboya. Así de rotundo. Esta enorme ciudad-templo es uno de los monumentos más bellos e impresionantes del mundo, a pesar de los expolios y de su pobre estado de conservación. No entiendo cómo no fue incluido entre las siete nuevas maravillas del mundo. Inexplicable.
Durante nuestro viaje a Vietnam y Camboya del pasado verano vimos lugares, monumentos y paisajes increíbles. Sin embargo, Angkor Wat era el más esperado para mí. No me defraudó. El complejo fue construido en el siglo XII por el rey Suyavarman II. A los más frikis, este monarca os sonará del Civilization IV.
Angkor Wat es un complejo enorme, sino eres impaciente y dispones de tiempo puedes pasar allí un buen rato. Esta ciudad-templo está ubicada muy cerca de Siem Reap. En su origen fue erigida en honor del dios hinduista Visnu, aunque actualmente son los monjes budistas los que oran entre sus muros.
El santuario principal esta rodeado por dos murallas que guardan sus espectaculares cinco torres con forma de flor de loto. De verdad que su simetría es impactante. Nosotros fuimos dos días seguidos a pasear por sus instalaciones. La segunda a las cinco de la mañana para ver el amanecer. Es fascinante cuando salen los primeros rayos del sol y Angkor Wat se refleja en los charcos cercanos. No esperéis estar solos. Pese al madrugón está lleno de turistas. Nadie quiere perderse el show.
A simple vista, lo más impactante de Angkor Wat son sus cinco torres y el santuario principal. Fue una auténtica pena que los andamios recubrieran alguna de estas torres para su restauración. La torre principal también estaba cerrada al público. Según nos comentó el guía, el mayor enemigo de Angkor Wat eran los rayos, más incluso que el expolio de los franceses o el paso de los Jemeres Rojos.
Pese a sus dimensiones, Angkor Wat es especial por los pequeños detalles. Sus paredes están repletas de esculturas talladas en piedra, que por momentos nos recordaron a las de Khajuraho. Las apsaras o bailarinas celestiales parecen cobrar vida de la piedra. Las galerías repletas de bajorrelieves también son hermosísimas. En ellas se representan escenas de la mitológica batalla de Kurukshetra.
En resumen, deciros que Angkor Wat es uno de los lugares más especiales que hemos visitado del mundo. Todo allí es bello y único. Si alguna vez vais a Camboya no os conforméis con la vista frontal desde el paso elevado. Adentraros en Angkor Wat y disfrutad cada rincón, es una experiencia irrepetible.






















