Desgraciadamente la actualidad de estos días se ha visto salpicada por la violencia extrema en Asia, un continente al que tanto quiero. Como bien sabéis, ayer hubo una serie de atentados en la India y a principios de semana hubo unas protestas que obligaron a cerrar el tráfico aéreo del Aeropuerto de Bangkok en Tailandia.
El caso más sangrante ha sido el acaecido en Bombai. A estas horas se estima que han habido 125 fallecidos y más de 300 personas heridas por culpa de varios ataques del grupo de terroristas islámico Deccan Muyahidiny.
Cuando yo estuve en la India, ya se notaba la tensión que existe entre hinduistas y musulmanes. Las dos comunidades se toman la religión muy a pecho, y llegamos a ver policía muy bien armada en zonas de Varanasi donde confluían templos de las dos religiones.
Aunque parece ser que no tiene nada que ver con los atentados, el conflicto India-Pakistán, todavía está muy latente en la sociedad hindú. A pesar de actos de buena voluntad, como la apertura del comercio en Cachemira, parece que la cosa se ha puesto nuevamente muy tensa.
Esta vez los ataques se han centrado en los hoteles de lujo de las cadenas Oberoi y Taj de Bombay, quizás para llamar la atención de la comunidad internacional. Por cierto, en los hoteles Taj fue donde nos alejamos nosotros durante nuestro viaje a India y Nepal.
El caso de Tailandia ha tenido consecuencias menos funestas, aunque también ha provocado el cierre de uno de los aeropuertos más impresionantes en los que hemos estado. Cuando regresamos de nuestro viaje a Vietnam y Camboya, tuvimos que hacer escala en Bangkok. Justo ese día comenzó la revuelta que ahora se ha recrudecido. Nosotros tuvimos suerte, no como los cientos de turistas que han quedado atrapados allí por culpa de los enfrentamientos entre gobierno y oposición.
Deseo de todo corazón que la violencia cese cuanto antes y que este tipo de incidentes no se vuelvan a producir. Por desgracia, en días como los vividos esta semana, parace que todo el mundo se haya vuelto loco y la palabra paz parezca una quimera inalcanzable. En estos casos, la religión y la política son meras excusas, que gente sin excrúpulos utiliza para dar rienda suelta a sus instintos más bajos. Una y otra vez, la historia se repite.



















