La Residencia de Wurzburgo, el Versalles alemán

Fotos de la Residencia de Wurzburgo, fachada trasera

Teniendo en cuenta la rivalidad histórica entre ambas potencias, lo de Versalles alemán parece prácticamente un oxímoron. No obstante, la construcción de la Residencia de Wurzburgo fue, en el siglo XVIII, la respuesta que dio el Sacro Imperio Romano Germánico a la construcción del mundialmente famoso palacio francés. El mismísimo Napoleón se atrevió a decir con cierta sorna (aunque quizá fuera envidia) que se trataba de la “casa parroquial más hermosa de Europa”.

La Residencia de Wurzburgo quizá no cuenta con tanto renombre, aunque la obra maestra de Balthasar Neumann justifica por sí sola una visita a esta preciosa ciudad de la Baja Franconia y un alto en el camino dentro de un viaje a Alemania. Este impresionante palacio barroco (uno de los más importantes de Europa) sirvió de sede oficial de los obispos-príncipes de la ciudad y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981. Como curiosidad cinéfila, el edificio aparece en la última versión cinematográfica de Los 3 Mosqueteros, simulando que es una localización de Versalles. Quizá las comparaciones no sean tan descabelladas.

El peculiar origen de la Residencia de Wurzburgo

Fotos de la Residencia de Wurzburgo, fachada y flores

La primera piedra de la Residencia de Wurzburgo se puso en 1720, aunque sus orígenes se remontan unos años antes. Tras una época convulsa, en 1683 se decidió trasladar la sede de los obispos-príncipes desde la Fortaleza Marienberg a la ciudad, en un punto clave dentro de las murallas. Los impulsores del proyecto fueron los obispos-príncipes Schönborn, una familia con muchísimo poder e influencia en Alemania que fueron los que apostaron por el arquitecto Balthasar Neumann cuando era muy joven y desconocido.

Como si se tratara del Bárcenas del barroco (o ponga usted aquí el nombre del político corrupto que quiera), uno de los funcionarios de los Schönborn desvió fondos por valor de 600.000 florines, una auténtica fortuna. El pobre diablo no fue demasiado discreto y construyó muchos palacetes y edificios ostentosos en Wurzburgo. Johann Philipp von Schönborn le amenazó con llevar el caso al mismísimo emperador si no devolvía el dinero y éste viéndose acorralado lo reintegró a tocateja. Con ese capital empezó la construcción del palacio.

Visita a la Residencia de Wurzburgo

Fotos de la Residencia de Wurzburgo, escalinata

El centro urbano de Wurzburgo es muy acogedor y es casi una obligación recorrerlo a pie. La Residencia no tiene pérdida y se encuentra a unos 15-20 minutos andando desde el Puente Viejo o la estación de trenes de la ciudad, aunque hay muchos autobuses y tranvías con parada cerca del palacio. La entrada cuesta 7,5 € y hay visitas guiadas a diario en inglés y alemán. Eso sí, el acceso a los jardines y la capilla es gratuito. En verano está abierta de 9 de la mañana a 6 de la tarde y en invierno desde las 10 a las 16:30 horas.

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Si andas un poco despistado y no conoces muy bien con qué te vas a encontrar la visita a la Residencia de Wurzburgo te abrumará. Sus fachadas exteriores, su decoración interior, la increíble escalinata, los jardines y, sobre todo los frescos de Tiépolo y las cúpulas de Neumann te dejarán con la boca abierta. Yo te recomiendo que vayas con calma para saborear este manjar como se merece. También que inicies la visita a primera hora de la tarde, ya que la mayoría de grupos suelen acudir al palacio por la mañana y suele estar más lleno antes de mediodía.

Fotos de la Residencia de Wurzburgo, frescos de Tiepolo

Lo primero que te llama la atención de la Residencia de Wurzburgo son las dimensiones y la simetría del edificio, por mucho que lo estés viendo no te crees que haya un palacio tan descomunal en el centro de una ciudad de poco más de 130.000 habitantes. Tras el impacto inicial empiezas a fijarte en los detalles y quedas todavía más anonadado, especialmente tras ver las espectaculares cúpulas con los que Neumann asombró a todos los arquitectos de su época. Fue gracias a su pericia que estas bóvedas resistieron los bombardeos de la II Guerra Mundial y se pudieron preservar las pinturas de Tiépolo intactas (junto con la ayuda del “Monument MenJohn D. Skilton).

Nada más entrar al vestíbulo principal ya estás con los ojos como platos tras contemplar la preciosa escalinata que cubre una de las cúpulas más soberbias y los frescos de Tiépolo en los que se escenifican las cuatro partes del mundo conocido en el siglo XVIII. El recorrido de la visita trascurre por numerosas salas recargadísimas de ornamentación como es característico en el barroco. La principal es la sala de los Emperadores también decorada con pinturas del genio veneciano.

Fotos de la Residencia de Wurzburgo, sala y columnas

Fuera del palacio merece muchísimo la pena visitar la iglesia de la corte (que me recordó a la Basílica de San Pedro de Roma en miniatura) y los grandiosos jardines llenos de estatuas y vistosas flores. Justo debajo del edificio del palacio hay emplazada una de las bodegas tradicionales de Franconia. Fieles al carácter de la ciudad y a su pasión por la enología todavía siguen produciendo y almacenando vinos. También se puede visitar el museo Martin von Wagner y su colección de antigüedades y pinturas.

Aunque las comparaciones sean odiosas, el Versalles alemán es menos grandioso pero quizá más sorprendente que su homólogo francés. El anonimato de la Residencia de Wurzburgo por parte del gran público lo convierten en un destino muy atractivo y eso provocará que la admiración del viajero esté garantizada. Yo todavía sigo en shock. ¿Te gustaría hacer la visita a la Residencia de Wurzburgo? ¿Habías escuchado hablar de uno de los mejores monumentos de Alemania? Cuéntanoslo en los comentarios

Fotos de la visita a la Residencia de Wurzburgo

No se pueden tomar fotografías en el interior de la Residencia de Wurzburgo así que las imágenes me las han cedido en la propia Residencia y tienen el siguiente copyright © Bayerische Schlösserverwaltung

Tiqets

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4 respuesta a La Residencia de Wurzburgo, el Versalles alemán

  1. lalibretaroja septiembre 11, 2015 en 2:18 pm #

    Y yo que pensé que el “Versalles alemán” era Herrenchiemsee, al lado del lago Chiem. Tendré que ir Würzburg y comparar. 🙂

    • Pau septiembre 11, 2015 en 4:05 pm #

      La verdad es que Herrenchiemsee y la Residencia tienen cierto aire familiar, aunque ya sabes que las comparaciones son odiosas 😛

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