Mientras mis paisanos alcoyanos comienzan a celebrar las fiestas de Moros y Cristianos, yo sigo con los relatos de nuestro viaje del pasado agosto. Los habituales, ya sab茅is que he narrado las primeras impresiones del viaje a la India, las vacunas necesarias para India y Nepal y mis sensaciones en Nueva Delhi.
Esta historia trascurre por carretera. En la India no se miden las distancias en kil贸metros, sino en horas de carretera. Nosotros tomamos la “autopista nacional” que une Nueva Delhi y Jaipur, la capital del Rajasthan. Entrecomillo lo de autopista, porque tardamos en recorrer ambos puntos casi un d铆a en autob煤s. Y aunque fuera “autopista” te pod铆as encontrar perfectamente camiones de cara y otros peligros que aqu铆 ni nos imaginamos como vacas y animales, obras sin se帽alizar, carriles sin delimitar…
En fin, que carretera y manta con parada incluida en Samode. Esta peque帽a localidad no aparece en las gu铆as, o si aparece lo hace con letras peque帽as. El objetivo de este alto en el camino fue contemplar el majestuoso Samode Palace. Un hotel que antiguamente era un palacio muy opulento. No estaba previsto parar en el pueblecito. Sin embargo, fuimos muy insistentes con el gu铆a y detuvimos en una localidad donde los ni帽os sacaban el agua de los pozos y se pod铆an contemplar restos del antiguo esplendor de los maharajas del Rajasthan. Y digo restos porque en las casas tradicioneles o havelis se pod铆a apreciar algo de pintura como si de una pintura rupestre se tratara.
Unas horas m谩s de infierno de baches y amortiguadores en p茅simo estado llegamos a Jaipur, tambi茅n conocida como la Ciudad Rosa. Toda esta mega-urbe est谩 rodeada por una muralla rosada que da a la ciudad un aspecto se帽orial y muy majestuoso. Otro de los puntos fuertes de Jaipur son sus bazares. El gu铆a nos dijo que todo lo que se pod铆a comprar se vend铆a en Jaipur.
La primera imagen de la ciudad fue el impresionante Jal Mahal, un palacio que parece postrarse sobre las aguas del lago Man Sagar. Tras a tranquilidad de Samode, volvimos a la realidad. La India tiene casi 1.100 millones de habitantes y eso son mucho hind煤es. Nos llevamos un chasco al ver que estaban restaurando el fant谩stico Hawa Mahal o Palacio de los Vientos. A cambio, el gu铆a nos dej贸 un rato por los bazares y por supuesto, visita obligada a tiendas de alfombras.
Al d铆a siguiente descubrimos el monz贸n. Agua, agua, agua… calor. Agua, agua, agua… calor. Lo peor es que el monz贸n nos cay贸 justo cuando ascend铆amos al Fuerte Amber a lomos de elefante. No nos hizo ninguna gracia, ya que el camino estaba adoquinado y el animal se tambaleaba de lado a lado. Fue justo llegar a nuestra meta y el agua monz贸nica ces贸. El Fuerte Amber es una aut茅ntica pasada, vale la pena descubrir la antigua capital del estado.
Otras visitas ineludibles de Jaipur son el City Palace Museum, los bazares y el impresionante observatorio Jantar Majar. Los hind煤es hacen mucho caso de lo que diga el astr贸logo y esta explanada llena de artilugios extra帽os es un aut茅ntico estandarte de la astrolog铆a. Conclusi贸n: Jaipur es una cita imprescindible para todo aquel que vaya a la India. Una ciudad que no est谩 exenta del caos y de momentos de tensi贸n, pero que perdura en el recuerdo por su colorido, sus aromas, sus vestigios y el maravilloso arte nacido a la sombra del mecenazgo de los maharajas. Menci贸n especial el hotel donde nos alojamos. Un antiguo palacio restaurado llamado Jai Mahal Palace.











