Un faro al final de la isla de Ré

Pasito a pasito el otoño se va trasformando en invierno mientras las hojas secas, las lluvias y el frío intentan que olvidemos las agradables experiencias del pasado verano. Pero el mal tiempo no va a poder con nosotros. Hoy hemos querido desempolvar los recuerdos de uno de esos días estivales que nos gustaría volver a vivir.

En nuestro viaje a La Rochelle disfrutamos descubriendo una delicia de paraje llamado la isla de Ré. Tras visitar hermosos pueblos como Saint-Martin de Ré o Ars en Ré queríamos llegar hasta el final, donde nos habían dicho que se alzaba un precioso e imponente faro que todo lo vigilaba.

Así que subimos a nuestro cochecito y enfilamos la serpenteante carretera hasta Saint-Clément-des-Baleines. Se acercaba el mediodía y hacía un día increíble. Teo ya había comido en Ars en Ré, así que el traqueteo del coche pronto lo sumió en un profundo sueño. Así son los viajes con niños, por mucho que planifiques las cosas el ritmo de los peques es el que manda.

De los cuatro viajes a Francia que habíamos hecho hasta el momento era la primera vez que veíamos el mar Atlántico, así que no nos queríamos perder las vistas que nos regalaría aquella atalaya ubicada al final de la isla de Ré y que tenía por nombre el Faro de las Ballenas.

Una vez divisamos el faro enseguida vimos una zona para aparcar el coche. Estaba llena de puestos de comida callejera y souvenirs que competían por llamar nuestra atención con algún restaurante. Una vez más, el olor a sal y de las célebres ostras nos tentaron a abandonar nuestra misión para satisfacer nuestros instintos más primarios.

Habíamos llegado hasta el final del camino y era hora de afrontar un nuevo reto. Subir los 257 escalones de la escalera helicoidal que te llevan hasta la cúspide del Faro de las Ballenas. Ante ese panorama a Vero le pudo su instinto maternal y no quiso despertar a Teo de su placentera siesta, así que me envió a cumplir la sagrada misión de otear el horizonte.

El reto no es demasiado complicado, pero al final las piernas se resienten de tanto escalón. Desde arriba, las hermosas vistas del mar Atlántico que baña la región de Poitou-Charentes en Francia hacen que el esfuerzo del ascenso se olvide pronto.

Los 57 metros de altura que tiene el Faro de las Ballenas en un contexto urbano podrían pasar más desapercibidos, pero allí, al final de las isla de Ré, lo convierten en una figura incomparable, en un mirador desde el que se puede contemplar hasta el último rincón de aquella pequeña ínsula.

Lo que más me llamó la atención fueron las tonalidades verdes, ocres, marrones o grises que la marea baja le había robado al azul del mar. El fenómeno de la bajamar es muy poderoso en La Rochelle y la isla de Ré, así que en un mismo día puedes tener varios paisajes diferentes dependiendo de la hora del día.

Desde allí arriba todo parecía diminuto, pero a la vez muy hermoso. Los aromas del mar eran muy intensos y las vistas privilegiadas me permitieron descubrir las salinas, los bellos colores de la lavanda y las antiguas exclusas que se utilizaban antiguamente para la pesca.

Cuando bajé me di una vuelta por un pequeño museo del faro y volví hacia donde estaban Vero y Teo. El peque todavía dormía, así que nos subimos al coche y nos volvimos a cruzar la isla de Ré para regresar a La Rochelle. Aquel día nos llevamos una imagen que serviría de gran antídoto contra los días lluviosos y otoñales que quieren que olvidemos los buenos momentos del verano.

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13 respuesta a Un faro al final de la isla de Ré

  1. Víctor (Vivir Europa) diciembre 8, 2012 en 5:23 pm #

    ¡Qué bien sienta tener algo de tiempo por fin y poder pasarme por aquí a leerte otra vez Pau!

    Más si cabe si me enseñas lugares como éste. No conozco La Rochelle más allá del rugby, así que voy a apuntarme ya mismo en mis marcadores sociales un nuevo destino 🙂

    • Pau diciembre 10, 2012 en 9:05 am #

      Es un lugar tranquilo, hermoso, para ir sin prisas 😀

  2. Xavi_kun noviembre 10, 2012 en 4:49 pm #

    A la de sitios guapos que vas que creo que nunca visitaré….. al menos puedo conocer mundo leyendote : )

    • Pau noviembre 10, 2012 en 7:50 pm #

      Tú tampoco te quedas corto, espero ir alguna vez a Nueva Zelanda o Singapur… por poner sólo dos ejemplos 😀

  3. quicoto noviembre 10, 2012 en 9:46 am #

    Chulas las fotos Pau! 😉

    • Pau noviembre 10, 2012 en 9:56 am #

      Gracias, es un honor viniendo de usted 😀

  4. lorco noviembre 10, 2012 en 2:51 am #

    FRANCIA MOLA!!!

    Seguro que os pusisteis finos a marisco!!!

    • Pau noviembre 10, 2012 en 9:55 am #

      Mola mucho, pese a los prejuicios de la mayoría de españoles.

      Tengo pruebas que confirman que nos pusimos finos de marisco 😀

    • Xavi_kun noviembre 10, 2012 en 4:47 pm #

      pero que leches va a molar Francia si está llena de gabachos, ains….. 😛

  5. Guido noviembre 10, 2012 en 1:14 am #

    Íle de Rè es hermosa, tuve el placer de conocerla hace un tiempo. Mi recomendación, no puedes irte sin probar los caramelos de sal. Son unos caramelos hechos con sal de Íle e Rè y son exquisitos, mas allá de lo que puedan prejuzgar.
    Y en el centro, cerca del puente, hay una hermosa creperíe 😉

    Bon voyage!

    • Pau noviembre 10, 2012 en 9:54 am #

      Bienvenido a ‘el pachinko’ y gracias por las recomendaciones… una pena que no portáramos los caramelos de sal.

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  1. Bitacoras.com - noviembre 9, 2012

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Pasito a pasito el otoño se va trasformando en invierno mientras las hojas secas, las lluvias y el frío intentan que olvidemos las agradables experiencias del pasado verano. Pero el mal tiempo no va a poder con nosotros. Hoy …..

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