La gran prueba de Alesjaure en Laponia Sueca

Cambio de bandera en Abiskojaure

El segundo día de ruta fue sin duda el que peor lo pasé. Si esto hubiera sido una vuelta ciclista, el camino que unía Abiskojaure y Alesjaure hubiera sido considerado como  la etapa reina, y también en la que hubiera perdido todas mis posibilidades de victoria. Pero afortunadamente el viaje a Laponia Sueca no fue una carrera, y tuve la gran suerte de contar con un guía de la categoría y experiencia de Jorge, que me ayudó con grandes dosis de paciencia a superar el bache.

Ese día teníamos que recorrer 22 kilómetros, era la etapa más larga del Kungsleden, y tenía en su recorrio la mayor subida de todo el Camino Real. La noche anterior había descansado bastante bien y casi no tenía agujetas de la primera etapa. Quizás las ingles un poco doloridas, pero Carlos me dejó una crema milagrosa que me hizo olvidarme del dolor. Mi gran error fue no desayunar como un campeón y lo pagué con una pájara.

Hacia el refugio de emergencia en Laponia Sueca

El principio de la etapa fue bastante bien. Dejamos atrás el lago Abiskojaure y con él la vegetación tan característica del primer día. A partir de ahora sólo veríamos nieve, hielo, rocas y montañas. La cosa se tornó un tanto peliaguda cuando el camino se puso cuesta arriba. No era una subida demasiado exigente, pero pronto descubrí que las piernas no me respondían. Ascendía a paso caracol y veía como los pocos esquiadores que se atrevían con la ascensión me iban adelantando.

Piedra con inscripciones en Laponia Sueca

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Paso a paso llegamos a la cumbre, y allí hallamos una misteriosa piedra con inscripciones. En ese punto, disfrutamos de uno de nuestros momentos zen. Ojos cerrados y silencio absoluto. En muchos lugares del Kungsleden hay puntos calificados como lugares de meditación. La serenidad que sentimos allí es indescriptible.

KO en el refugio de emergencia

Sin embargo, las fuerzas que utilicé en la subida me pasaron factura. A mitad de camino había un refugio de emergencia en el que debíamos tomar el almuerzo. El tramo desde el final de la ascensión hasta el refugio de emergencia fue el peor de todo el viaje. Me costó muchísimo llegar, ya que no tenía fuerzas para nada. Jorge se quedó conmigo e hizo todo lo posible para que me olvidara de mis males y siguiera tirando. Pese a que te falta la energía, en esos momentos es mucho más importante la fuerza mental que la física, así que Jorge con mucha sutileza hizo que fuera recuperando la moral y las ganas de llegar. En el refugio de emergencia me esperaban mis compañeros y una gran comilona para afrontar la segunda parte de la etapa.

Camino de Alesjaure

El segundo tramo tampoco fue sencillo. Tras la comida me sentía un poco mejor, pero la etapa se me hizo larga, muy larga. Hubo un momento en el que divisamos el refugio a lo lejos, y eso me desesperaba. ¿Por qué? Quizás porque tenía muchas ganas de llegar y pese a que el refugio estaba a la vista, la distancia era todavía de varias horas. Al final nos sorprendió un tramo de nieve blanda en el que te hundías hasta la rodilla y necesitabas mucho esfuerzo para dar cada paso. Ahí Stephen se convirtió en mi mejor aliado, ya que me hizo más llevadero el último tramo hasta el refugio.

Es cierto que ese día lo pasé muy mal, pero ¿creéis que lo repetiría? Por supuesto. Ese día aprendí que con un poco de sufrimiento y mucha ilusión, se pueden alcanzar cotas personales que ni me imaginaba. Si hubiera abandonado, me hubiera perdido una experiencia increíble y no me lo hubiera perdonado en la vida. Lo pasé mal, pero luego en el refugio el cansancio se pasa y el cuerpo se fortalece. Las vistas del lago Alesjaure y la sauna reconfortante hizo que me olvidara pronto del esfuerzo. Estábamos en medio de la nada, en el Círculo Polar Ártico, en Laponia Sueca, en un paraíso de nieve en el que superé mi gran prueba.

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7 respuesta a La gran prueba de Alesjaure en Laponia Sueca

  1. Pau mayo 11, 2010 en 8:25 am #

    @Chiqui, y que lo digas, en esos momentos me sentía fatal, pero ahora es una anécdota más 😉

    @Jorge, jajaja lo mío me costó, pero cuando acabé y llegué al final del trekking sentí una euforia indescriptible.

    @El Capitán, es una experiencia única, pero si la haces recuerda papear muy, pero que muy bien 😉

    @macasol, sí, tapé muchas bocas que no confiaban en mí

  2. macasol mayo 10, 2010 en 1:17 pm #

    Teniamos motivos para estar preocupados siempre has sido para los esfuerzos fisicos muy poquita cosa, ahora a cabezoneria nadie te gana y lo conseguistes. Besos

  3. El Capitán mayo 10, 2010 en 12:00 pm #

    Eres un campeón 😀

    Pero oye, mira que no desayunar bien! Tirón de orejas deberían haberte dado! 😀

    A pesar de la mala experiencia, a mí me siguen viniendo ganas de emularte 🙂

  4. Jorge mayo 10, 2010 en 11:03 am #

    Pau lo describe de maravilla. La segunda etapa es la más dura y, una vez superada, uno se corona rey de la Laponia 🙂 Pau se portó como un autentico campeón y aunque tuvo momentos de bajón, yo nunca dude de su gran fuerza mental. A partir de ese día, todo fue coser y cantar. Pau for president!

  5. Chiqui, Un Albaceteño en Japón mayo 10, 2010 en 10:38 am #

    Está claro que las cosas se ven distintas una vez terminadas….pero madre mía cuando estás metido en harina! 😛

    Un abrazo!

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  1. Viaje a Laponia – Tjäktja, el final de la adaptación | el pachinko - mayo 17, 2010

    […] la odisea de llegar a Alesjaure, la tercera etapa del viaje a Laponia Sueca que hice con YokmoK Aventuras, se presentaba con muchas […]

  2. Bitacoras.com - mayo 10, 2010

    Información Bitacoras.com…

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