Caminando hacia la ventisca en Laponia Sueca

Antes de empezar el viaje a Laponia Sueca le había estado dando la brasa a Jorge, co-fundador de YokmoK y guía en esta expedición, con el tema del equipamiento. Uno de los puntos de debate fueron las gafas de ventisca. Jorge siempre me decía que lo más normal es que no las utilizáramos, pero como un día le diera al viento por soplar y no lleváramos las gafas de ventisca, lo pasaríamos mal. Menos mal que le hice caso.

El sexto día de caminata, séptimo de viaje y octavo fuera de casa, apareció la ventisca. La etapa era de unos 14 kilómetros, y unía el refugio de Singi con la estación de montaña de Kebnekaise. La jornada se presentaba dura, pero la recompensa era grande, ya que en Kebnekaise había duchas con agua caliente, restaurantes, internet… es decir, civilización. Sería mi último día de caminata, aunque eso yo todavía no lo sabía.

El equipo con las gafas de ventisca

Antes de salir nos ataviamos con las gafas de ventisca y a tirar, el objetivo era llegar cuanto antes por si el clima se ponía cada vez más feo. El principio de la etapa fue lo más complicado, ya que además de la falta de visibilidad, el terreno tiraba hacia arriba. Quizás eso al principio de la travesía me hubiera hundido, pero en esos momentos me sentía fuerte física y mentalmente y no supuso ningún problema. Paso a paso alcanzaría mi meta.

Otro handicap de aquel día fue el estado de salud de José Luis. Al parecer un virus se instaló en su estómago y ese día no se encontraba bien. Lo pasó mal, pero se portó como un jabato y lo consiguió. Al día siguiente los dos cambiaríamos las raquetas por las motos de nieve.

El sol vence a la ventisca

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Lo peor de la ventisca realmente es la falta de visibilidad. Tienes que ir bastante pegado al de delante para no perderte y estar muy pendiente de las señalizaciones que había repartidas por todo el Kungsleden. Jorge nos había dicho que esta era una de las etapas con las vistas más bonitas, pero no pudimos disfrutar del paisaje por culpa de la ventisca hasta el final del día.

Con la motivación de llegar a Kebnekaise poco a poco fuimos recorriendo kilómetros.  Pese al mal tiempo pudimos disfrutar de un picnic en un hermoso refugio natural. Al final, el clima nos concedió un respiro y pudimos cumplir nuestro objetivo con la recompensa de unas vistas maravillosas.

Mal tiempo, bellos paisajes

La sensación cuando llegué a Kebnekaise fue de euforia total. Había recorrido casi 90 kilómetros con raquetas de nieve por Laponia en sólo 6 días y estaba exultante. Ducha, cerveza, cena, internet y teléfono. El sufrimiento había acabado y ahora sabía a gloria, una sensación indescriptible. Con la impresión del deber cumplido, nos fuimos a la habitación. Sólo nos faltaba un objetivo por conseguir durante el viaje. La aurora boreal.

5 COMENTARIOS

  1. @El Capitán, en ningún momento tuvimos la sensación de peligro, lo único que no se veía un pijo 🙂

    @Jorge, fue un día diferente y una experiencia más para la saca. Con las fotos hice lo que pude 😉

  2. Hay que tener al menos una ventisca en Laponia para redondear la aventura 🙂 Nosotros la tuvimos casi al final del viaje y eso nos permitio afrontarla con calma y energia. Pau un campeon, el unico que con tal ventisca iba haciendo fotos como si nada.

  3. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Antes de empezar el viaje a Laponia Sueca le había estado dando la brasa a Jorge, co-fundador de YokmoK y guía en esta expedición, con el tema del equipamiento. Uno de los puntos de debate fueron las gafas de ventisca. Jor……

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