Primer atardecer en Cusco

Avión de LAN Airlines en el aeropuerto de Cusco

O lo que es lo mismo, mi primer atardecer en Latinoamérica. El viaje a Perú con LAN Airlines estaba viviendo sus primeras horas. Tras un breve paso por el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de Lima, tomamos otro agradable vuelo hasta el Cusco o Cuzco como es conocido en España.

Sabíamos que era época de lluvias, pero el Cusco nos recibió con una furiosa tormenta, un torrente casi monzónico. ¿Sería así todo el viaje? Afortunadamente no.

Callejón de Cusco

Las primeras horas no fueron nada sencillas. En el cuerpo llevaba casi un día de viaje desde que había salido de Alicante. Volar a Latinoamérica con LAN Airlines había sido una grata experiencia, pero el jetlag empezaba a hacer de las suyas.

Además, en cuestión de una hora habíamos pasado de estar al nivel del mar en Lima a los 3362 metros de altitud del Cusco. Casi nada.  Allí lo llaman soroche, aquí mal de altura. Si te tomas las cosas con calma los síntomas no tienen porque notarse demasiado. Sin embargo, cualquier movimiento te fatiga, aparece el dolor de cabeza y una sensación de opresión en el pecho bastante desagradable. Es la falta de oxígeno, pero a los pocos días te acostumbras.

Tarde en la Plaza de Armas del Cusco

Dejamos las maletas en el hotel y a la carrera, eran casi las 5 de la tarde y no habíamos comido. La primera experiencia auténtica que tuvimos en Perú fue gastronómica, concretamente en el restaurante Tupananchis. Para alguien que nunca había probado la cocina peruana fue como aterrizar en un nuevo mundo de sensaciones. Ya os hablaré largo y tendido de ello.

Tras la comida nos quedaba algo de tiempo, así que nos dirigimos hacia el corazón del Cusco, su espectacular plaza de Armas. Allí es cuando me di cuenta que estaba en un continente desconocido para mí. Preciosas calles empedradas, tráfico loco como el que había vivido en India o Vietnam, niños con sonrisa perpetua vestidos de vivos colores, señoras arrastrando alguna llama o alpaca… fascinante.

Atardecer sobre la Plaza de Armas del Cusco

Me dio la sensación de que era una ciudad muy viva, con una cultura milenaria y de una fisonomía digna de una capital de la civilización inca. La plaza de Armas es amplia, contrasta mucho con las callejuelas y cuestecitas que hay por toda la ciudad. Es como el centro del universo desde el que se ven las montañas y los barrios de las periferias ubicados en colinas.

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Enseguida nos percatamos que estábamos en el epicentro de la cultura inca. Junto a la bandera peruana se erige orgullosa la multicolor del imperio inca o Tahuantinsuyo. La plaza es presidida en el centro por el monumento al inca, que observa las preciosas arcadas coloniales e iglesias que rodean el corazón de la ciudad.

Exteriores de la Catedral del Cusco

Antes de poner un pie en la piedra ya nos estaban ofreciendo postales, artesanía, marionetas y todo tipo de souvenirs por pocos soles. Los vendedores suelen ser niños o mujeres mayores que no son demasiado insistentes y suelen ser bastante educados. ¿Nos preguntaron de dónde éramos? Y al decir España nos recitaron como papagayos más datos de nuestro país de los que yo conocía.

Tras este primer impacto nos adentramos en la Catedral del Cusco jalonada a la izquierda por la iglesia de Jesús María, y a la derecha por la iglesia del Triunfo. En su interior no se pueden hacer fotos, pero pudimos contemplar una de las mayores colecciones de arte colonial de todo Perú. Como curiosidad, deciros que en la iglesia del Triunfo están los restos de Garcilaso de la Vega.

Callejón Loreto en el Cusco

Lo que más más me gustó de estas iglesias, construidas sobre antiguos templos incas y con las piedras de Sacsayhuamán, es la integración de antiguas tradiciones incas con las católicas. Por ejemplo, la representación de la virgen como la Pachamama o Madre Tierra. También es muy graciosa una pintura de la última cena en el que el plato principal es un cuy o el crucifijo al señor de los Temblores, quien les protege de los terremotos.

Pero más que los tesoros coloniales que albergan estas iglesias, me enamoró del Cusco el hermoso atardecer con el que nos topamos al salir de los templos. El cielo se tiño de unos azules mágicos que combinados con las luces de las calles y la plaza nos dejaron una estampa maravillosa.

Hora azul en la Plaza de Armas del Cusco

Con esa luz mágica dimos un paseo por el peatonal y estrecho callejón de Loreto que alberga muros originales de la época de los incas. Allí se encuentra la célebre piedra de los 12 ángulos, todo un símbolo del Cusco.

Tras impregnarnos de la energía de los muros incas estuvimos un rato curioseando por la tiendecitas y contemplando el ajetreado ritmo de vida del corazón de Cusco. Para ser la primera experiencia del viaje a Perú no está mal ¿verdad?

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13 respuesta a Primer atardecer en Cusco

  1. Javier I. Sampedro febrero 28, 2012 en 4:55 am #

    El ambiente que se ve parece bastante tranquilo, no demasiada gente no? o será que se concentra según la zona. Ese ambiente histórico que se respira y con toda esa riqueza cultural, tiene que ser increíble. Buena toma de contacto nada más llegar, luego ya habría tiempo de descansar y retomar con fuerza 🙂

    • Pau febrero 28, 2012 en 9:05 am #

      Había bastante ambiente, pero ten en cuenta que era temporada baja y no hay demasiados agobios, me encantó ese punto 😀

  2. Chiqui, Un Albaceteño en Japón febrero 23, 2012 en 7:48 am #

    Esos primeros contactos siempren tienen algo de especial…como los nervios de una primera cita…

    Espero ansioso esos post grastronómicos! 🙂

    • Pau febrero 23, 2012 en 9:22 am #

      Y que lo digas, las primeras horas en un destino son irrepetibles. Los post gastronómicos llegarán, Perú en ese sentido un 10.

  3. macasol febrero 22, 2012 en 10:07 pm #

    Preciós post i boniques fotos.

  4. Marulia febrero 22, 2012 en 9:52 pm #

    Ese primer momento cusqueño tratando de hacernos los despiertos cuando arrastrábamos los pies, las mochilas y el alma ¡qué buenos recuerdos! 🙂 Menos mal q Dagmar nos descubrió y nos mandó a descansar pronto.

    Nunca se me olvidará esa última cena con el cuy, ni el Santiago mataindios en lugar de ‘matamoros’ .

    Un placer haber compartido la experiencia cusqueña contigo.

    • Pau febrero 23, 2012 en 9:21 am #

      No me acordaba que nos fuimos un par de horas al hotel a dormir tras las visitas y luego a cenar que parecíamos zombies.

      Menos mal que recomiendan no comer demasiado para lo del mal de altura 😉

  5. DIEGO febrero 22, 2012 en 8:52 pm #

    Claro que si… menudo viaje mas bonito pudimos compartir…
    un saludote compi ;-))
    DIEGO

    • Pau febrero 23, 2012 en 9:20 am #

      Y que lo digas Diego, espero que te haya ido muy bien por República Dominicana 😉

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