La primera estampa de Ars en Ré tiene que ser inevitablemente la iglesia, con su pintoresco campanario negro y blanco que pincha el cielo como si fuera una aguja. Quién nos iba a decir a nosotros que en medio de la diminuta Isla de Ré íbamos a encontrar esa extraña armonía entre el arte románico del siglo XII y el gótico del siglo XV. Sin duda, una de las gratas sorpresas que nos llevaríamos en nuestro viaje a La Rochelle.

Desde Saint-Étienne, que es como se llama la iglesia, se van dibujando el resto de estampas de este pequeño pueblo de la región de Poitou-Charentes en Francia. Por ejemplo, apetece perderse por sus callejuelas pintadas de blanco, manchadas con puertas y ventanas de colores. Todo es tranquilo, la gente no tiene prisa ninguna en este rincón del mundo.

Los coches son minoría ante las bicicletas que reposan apoyadas en cualquier valla, en las paredes o que discurren por las calles empedradas y coloridas por las malvarrosas.

Y no podemos obviar que estamos en la Isla de Ré, donde todo huele a sal y a mar. Si se quiere pedalear un rato no quedan lejos las playas de La Grange, Chanchardon, o la Punta del Grignon.

También se percibe el aroma de las deliciosas ostras que esperan al viajero en las terrazas de los restaurantes. Ya tenemos varias estampas marineras que se completan con el coqueto puerto de Ars en Ré.

Pero en los viajes nunca puedes dar las cosas por sentadas y rendirte a la obviedad. A veces hasta los pueblos más tranquilos ven agitado su sosiego por algún acontecimiento. En Ars en Ré es su mercadillo.

Utensilios y cachivaches de otra época intentan asomar la cabeza entre el murmullo de la gente y las voces de los vendedores. Quesos potentes que emanan una fragancia que aturde tanto como atrae. Embutidos de vivos colores, frutas y verduras recién venidas del campo o sal extraída de las cercanas salinas, legumbres y especias de primera. Todo apunta a un festín de fin de semana que acabará nuevamente con las célebres ostras. ¡Qué estampa más deliciosa!

Quizás no tan curiosa como los caballos con pantalones que habitan en la Isla de Ré. Nosotros no tuvimos la suerte de verlos vestidos, quizás el fin de semana abandonan sus culotes.

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Y ya os he comentado alguna vez que La Rochelle y sus encantadoras islas son un gran destino de Francia para viajar con niños. Así que la última estampa de Ars en Ré no podía ser otra que la de la sonrisa de los más pequeños.

Junto al mercadillo rueda y rueda sin descanso un carrusel con cochecitos y pequeños aviones donde los niños sueñan que serán pilotos, astronautas o veloces jinetes. La música no es estruendosa, la pone un artista que recita chansón. C’est la France!

¿No está mal el cuadro, verdad?

10 COMENTARIOS

  1. Información Bitacoras.com…

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