La ciudad de Hiroshima en Japón es tristemente conocida por el desgraciado incidente del 6 de agosto de 1945. Justo a las 8:15 el célebre avión Enola Gay dejó caer la primera bomba atómica de la historia sobre población civil. Los estadounidenses la hicieron explotar justo sobre el puente Aioi, el centro geográfico de la ciudad.

Las consecuencias como bien sabéis fueron terribles, ya que aquella gigantesca explosión arrasó Hiroshima en pocos segundos. Los efectos devastadores de la bomba atómica se notaron en un radio de tres kilómetros. Murieron cerca de 120.000 personas y dejaron más de 300.000 heridos. No obstante, la lista de fallecidos a causa de la radiación de la bomba es muy superior y actualmente todavía muere gente por problemas relacionados con la bomba atómica.

Aunque esta terrible historia forma parte del pasado, Hiroshima y sus gentes han sabido resurgir de sus cenizas como el ave fénix. La ciudad ha sido completamente reconstruida y ahora viven en ella cerca de 1.200.000 personas.

Hiroshima se ha convertido en un símbolo de paz y sus calles estaban repletas de manifestaciones antinucleares y pacifistas. No es para menos. Por eso una de las primeras visitas que hicimos fue la Cúpula Genbaku, el único edificio que han dejado en pie para que todo el mundo recuerde el horror de la bomba atómica.

Otros de los puntos más visitados de la ciudad es el Hiroshima Peace Memorial Museum y la Campana de la Paz. El museo es un auténtico compendio de lo que fue el horror tras la caída de la bomba. En pocos sitios me he sobrecogido tanto como en este museo.

Se conservan todo tipo de objetos y restos del fatídico 6 de agosto de 1945. Y cuando digo todo tipo, incluyo pelos, uñas y otras monstruosidades relacionadas con la radiación. Cada objeto estaba relacionado con la historia de una persona. La verdad es que salimos de allí con una sensación de angustia muy difícil de describir.

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En cuanto la Campana de la Paz, está inspirada en la vida de Sadako Sasaki, una pequeña niña japonesa que enfermó de leucemia a causa de la bomba atómica. Una leyenda nipona cuenta que si eres capaz de crear mil grullas de papel se cumplirá el deseo que pidas. Evidentemente la niña falleció, pero se ha convertido en un símbolo en Japón.

Pero no todo es bomba atómica en Hiroshima. La ciudad tiene un bonito castillo y recuerdo que disfrutamos de lo lindo con la comida. Además, por la calle nos encontramos la antorcha de los Juegos Asiáticos. La visita fue breve pero mereció la pena haber conocido de primera mano una de las horrores más grandes de la historia de la humanidad. Luego nos relajamos en Miyajima, aunque eso será otra historia.

15 COMENTARIOS

  1. Ya te digo, es una historia triste, pero muy esperanzadora a la vez. La pena es que el ser humano no suele aprender de sus errores: Guantánamo, Somalia, Irak… la historia se repite.

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