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Conociendo la cultura sami en Nikkaluokta

Cerca de la iglesia de Nikkaluokta

Ya os comenté brevemente que Nikkaluokta era un pueblo muy parecido al de Doctor en Alaska, aunque mucho más auténtico y pequeño. Lo más especial de este curioso asentamiento es que está muy vinculado a la cultura sami, como pudimos comprobar en sus construcciones, banderas y en los rasgos de las caras de sus gentes.

Restaurante de Nikkaluokta

El pueblo sami es conocido en el resto del mundo como lapón, aunque también se les puede llamar saami. En la actualidad perduran unas 80.000 personas sami, pero no existen estadísticas oficiales de su población. Se estima que viven unos 50.000 en Noruega, 20.000 en Suecia, 10.000 en Finlandia y 2.000 en Rusia. Actualmente se considera a los lapones como la población aborigen de Escandinavia y reivindican sus derechos como pueblo indígena. Estos datos los he obtenido del documento pre-viaje que nos facilitó Jorge de YokmoK, que también fue nuestro guía en Nikkaluokta y en el resto del viaje a Laponia Sueca.

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Risas en la moto-taxi de nieve en Laponia Sueca

Moto-taxis de nieve en Laponia Sueca

Uno de los momentos más divertidos  del viaje a Laponia Sueca, que hicimos con YokmoK la pasada primavera, fue el trayecto en moto-taxi de nieve que nos llevó desde Kebnekaise hasta Nikkaluokta. Como os conté en el pasado episodio, JL y yo estábamos un poco mermados físicamente y decidimos tomarnos la última etapa con una actitud más relajada.

El trayecto duraba unos 40 minutos, así que ya nos ves en el remolque de una moto de nieve sentados con las piernas estiradas y con unas mantitas para no pasar frío sobre las mismas.

Moto-taxi de nieve de Kebnekaise hasta Nikkaluokta

Durante el viaje no paramos de reírnos, éramos como dos niños en una atracción de feria que querían pasarlo bien para olvidar el cansancio de las etapas con las raquetas de nieve. Como sucedió a lo largo de todo el viaje, disfrutamos de unos paisajes preciosos y casi desérticos de aquella zona de Suecia, ubicada en el Círculo Polar Ártico.

Entre risas y algún susto que otro, nos dio tiempo para hacer unas cuantas fotos, e incluso grabar este pequeño vídeo. Se ve un poco mal y se escucha peor, pero sirve para que os hagáis una idea de lo relajados y risueños que estábamos en aquel momento. A la noche, nos esperaba Nikkaluokta, un pueblo muy parecido al de Doctor en Alaska. Aunque eso es otra historia.

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Kebnekaise, una estación de montaña en Laponia Sueca

Estación de Montaña de Kebnekaise

Me encanta recordar en pleno verano el viaje a Laponia Sueca. Sólo de ver las fotos de la nieve me entra un fresquito muy agradable, ya que vienen acompañadas de muy buenos recuerdos. Como ejemplo el día de relax que pasamos Jose Luis y yo en la Estación de Montaña de Kebnekaise. Sí, sí, esa a la que tuvimos que acceder en la mitad de una ventisca y en la que hicimos el primer intento para fotografiar la aurora boreal.

En teoría, ese día debíamos afrontar la última etapa de caminata con raquetas de nieve hasta Nikkaluokta. Eran cerca de 20 kilómetros, una de las más largas de todo el viaje. Sin embargo, JL arrastraba unos problemas estomacales que le dejaron bastante débil y yo tenía un dolor en la pierna que me impedía caminar al ritmo que exigía la etapa. Por ese motivo, decidimos que iríamos hasta Nikkaluokta en moto-taxi de nieve y aprovecharíamos la mañana para dar un paseo tranquilo y disfrutar de aquel oasis en medio de Laponia Sueca.

Alejándonos de la Estación de Kebnekaise

El resto del equipo sí que afrontó la etapa a tope, de hecho, salieron cuatro horas antes que nosotros y llegaron a Nikkaluokta unos minutos antes que JL y yo. Y eso que las motos de nieve no tardan más de 40 minutos en hacer el trayecto. Pero no adelantemos acontecimientos y volvamos a Kebnekaise.

La zona está preparada para todo tipo de deportes de invierno, sobre todo el esquí de fondo. También tiene como gran atractivo la ascensión a la montaña más alta de Suecia, el célebre Kebnekaise, aunque a nosotros ni se nos pasó por la cabeza.

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Viaje a Laponia – Aurora Boreal, primer intento

Foto de larga exposición desde Kebnekaise

Mientras ordeno un poco mis ideas y subo a Flickr las fotos de Copenhague, vamos a empezar la semana con los refrescantes recuerdos de mi viaje a Laponia Sueca que hice con YokmoK. Creo que con esta calor se agradece y mucho.

Uno de nuestros principales objetivos del viaje era ver la aurora boreal. No es nada sencillo, ya que se tienen que dar una serie de circunstancias que no siempre se cumplen. En primer lugar, que haya una elevada actividad solar. Segundo, estar a ciertas latitudes, o bien muy al norte, o bien muy al sur. Tercero, que no haya mucha contaminación lumínica, y cuarto, que el cielo esté despejado, sin nubes.

Pese a que nosotros estábamos situados en el Círculo Polar Ártico y sin contaminación lumínica de ningún tipo, las nubes nos habían jugado una mala pasada todo el recorrido. Sólo nos quedaban dos noches en Laponia Sueca y todavía no habíamos visto la aurora boreal. En teoría era los dos peores lugares del viaje para verla, pero nuestra suerte empezó a cambiar en Kebnekaise.

Esa noche, montamos guardia frente a la ventana con la cámara lista y empecé a hacer fotos de larga exposición. Este fue el resultado:

Primeras estelas de aurora boreal

100405 Fotos Laponia Sueca 411

100405 Fotos Laponia Sueca 412

Mis compañeros de habitación me tacharon de loco, aunque al día siguiente los incrédulos se tornarían en conversos.

Viaje a Laponia – Ventisca hacia Kebnekaise

Caminando hacia la ventisca

Antes de empezar el viaje a Laponia Sueca le había estado dando la brasa a Jorge, co-fundador de YokmoK y guía en esta expedición, con el tema del equipamiento. Uno de los puntos de debate fueron las gafas de ventisca. Jorge siempre me decía que lo más normal es que no las utilizáramos, pero como un día le diera al viento por soplar y no lleváramos las gafas de ventisca, lo pasaríamos mal. Menos mal que le hice caso.

El sexto día de caminata, séptimo de viaje y octavo fuera de casa, apareció la ventisca. La etapa era de unos 14 kilómetros, y unía el refugio de Singi con la estación de montaña de Kebnekaise. La jornada se presentaba dura, pero la recompensa era grande, ya que en Kebnekaise había duchas con agua caliente, restaurantes, internet… es decir, civilización. Sería mi último día de caminata, aunque eso yo todavía no lo sabía.

El equipo con las gafas de ventisca

Antes de salir nos ataviamos con las gafas de ventisca y a tirar, el objetivo era llegar cuanto antes por si el clima se ponía cada vez más feo. El principio de la etapa fue lo más complicado, ya que además de la falta de visibilidad, el terreno tiraba hacia arriba. Quizás eso al principio de la travesía me hubiera hundido, pero en esos momentos me sentía fuerte física y mentalmente y no supuso ningún problema. Paso a paso alcanzaría mi meta.

Otro handicap de aquel día fue el estado de salud de José Luis. Al parecer un virus se instaló en su estómago y ese día no se encontraba bien. Lo pasó mal, pero se portó como un jabato y lo consiguió. Al día siguiente los dos cambiaríamos las raquetas por las motos de nieve.

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