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Viaje a India – Palacio de Jaipur

Edificio del Palacio de Jaipur

El Palacio de Jaipur es una de las visitas más recomendables si estáis por esta ciudad rosada del Rajhastan. Está emplazado en la parte antigua de Jaipur, muy cerca del Hawa Mahal, o Palacio de los Vientos, y del Jantar Mantar. En el meollo, vaya.

Entrar al Palacio de Jaipur cuesta 180 INR (2,9 euros), aunque si queréis hacer fotos tendréis que pagar otras 100 INR (1,6 euros) y si grabáis vídeos 200 INR (3,2 euros). Ya os he explicado en alguna ocasión, que los precios de las entradas en la India son mucho más baratos para los locales, que para los extranjeros.

Balconada del Palacio de Jaipur

Antes de entrar al Palacio de Jaipur, vivimos una de esas típicas descargas de agua propias de los monzones que nos dejaron calados en cuestión de segundos. El agua lo arrastró todo y os puedo asegurar que los sistemas de alcantarillado no son tan eficientes en la India, así que imaginaos todo lo que vimos en esas aguas.

Pero dejemos nuestras batallitas y centrémonos en este complejo imponente. Cuenta con edificios, jardines, patios y murallas. En la actualidad tiene una parte bastante amplia que es visitable, y otra que está cerrada al público. Un ejemplo de esto es el Chandra Mahal que todavía hace las veces de residencia del actual maharaja de Jaipur.

Torre del Palacio de Jaipur

Lo que recuerdo con bastante nitidez del Palacio de Jaipur es la mezcla de estilos que se podían ver por todo el complejo. Digamos que era una fusión entre la arquitectura de la zona del Rajhastan y la influencia de los poderosos mogoles, cuyos edificios pudimos contemplar durante todo el viaje a India. Los edificios son la leche, y el colorido mezcla entre rosa y marfil es muy vistoso.

En una de las zonas visitables, recuerdo que había una especie de museo de vestimentas de los maharajas. Es algo parecido a cuando estamos en una catedral y empiezas a ver ropajes de antiguos obispos y cardenales, pero en su versión hindú.

"One tip please" en Jaipur

Lo que más nos chocó de este museo fue la imagen de un tal Sawai Masho Singh I que hubiera dejado a cualquier luchador de sumo a la altura del betún. El tipo medía 2 metros de alto, tenía una envergadura de 1,2 metros de ancho y pesaba 250 kilos. Lo mejor de todo es que el crack era un conquistador, pues llegó a tener 108 esposas.

Otra zona interesante del palacio es el arsenal donde había un montón de dagas y espadas chulísimas, además de muchísimos espejos y techos con incrustaciones de oro. Las salas de audiencias también son una pasada y se pueden visitar.

Puerta con pavos reales en el Palacio de Jaipur

No obstante, más que el interior y las colecciones de riquezas de los maharajas, a mí lo que me dejó más boquiabierto, son las puertas del patio, los edificios y algunos bajorrelieves con motivos de pavos reales que son una auténtica obra de arte. Se nota que el dinero de los maharajas podría contratar a los mejores artesanos.

Resulta cuanto menos curioso, ver los opulentos lugares en los que viven y vivían los maharajas y compararlos con sitios similares de otras culturas y países. Lo cierto es que tanta riqueza y ostentación choca mucho más en lugares como la India donde las desigualdades sociales están mucho más marcadas que en los países occidentales.

Viaje a India – Amber Fort

Los elefantes del Amber Fort

La participación en el concurso de ayer fue escasa pero muy selecta. Al final Aritz se llevó el gato al agua. Menudo debut. No me dejó ninguna dirección web, así que cuando me la diga, le otorgaré su enlace de premio.

La respuesta correcta era el Amber Fort, uno de los lugares más turísticos de Jaipur y de toda la India. No entiendo cómo este lugar no tenía su post propio. Me acordé de esta visita redactando la entrada de los 500 posts y 50 lugares increíbles.

Trabajadoras hindúes en el Amber Fort

La visita al Amber Fort de Jaipur fue una de las más intensas y pasadas por agua de nuestro viaje a India y Nepal. Nosotros sabíamos que el mes de agosto en India es temporada de monzones. Hasta el momento, las lluvias no habían dado señales de vida. Pero el agua apareció, vaya que sí apareció.

La mañana ya se levantó con el cielo encapotado. Estaba prevista la visita al Amber Fort, un lugar imponente construido sobre un antiguo fuerte del siglo XI. Para llegar hasta el complejo, precedido de un estrecho camino adoquinado, los turistas emplean elefantes.

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Viaje a la India – Jal Mahal

Jal Mahal

La violencia en India y Tailandia ha provocado que durante las últimas semanas el valor turístico de estos dos países asiáticos se haya visto seriamente perjudicado. Es una pena, ya que los dos destinos tienen atractivos muy recomendables y dignos de visitar. Sin embargo, la seguridad de los turistas siempre debe ser lo primero.

Aprovechando que hace un año hicimos un viaje a India y Nepal, me gustaría recuperar una serie de posts sobre monumentos extraordinarios por si durante estos próximos meses la cosa sigue tan complicada para los turistas.

Pau i Vero delante del Jal Mahal

El monumento escogido hoy es el Jal Mahal, ubicado a tan sólo 8 kilómetros al norte de Jaipur, la ciudad rosada del Rajasthan. Este palacio es una de las pocas ventajas que tiene visitar la India durante la época de monzones. ¿Por qué? os preguntaréis. Pues porque sólo cuando llueve abundantemente se llena el lago Man Sagar y parece que el Jal Mahal flote sobre las aguas.

Este hermoso palacio fue construido en el siglo XVIII por odren de Madho Singh I. Los arquitectos y constructores del monumento tomaron como referencia el espectacular Lake Palace de Udaipur. El resultado fue más que satisfactorio. ¿Qué os parece este monumento «flotante»?

Viaje a la India, Fatehpur Sikri y Agra

El Taj Mahal en Agra

Como lo prometido es deuda, vamos a continuar con el relato del viaje a la India. Después de abandonar Jaipur, hoy toca una de las etapas más interesantes y esperadas por todos los turistas, concretamente la que comprende las visitas a Fatehpur Sikri y Agra.

Fatehpur Sikri

Tras abandonar el mágico Rajasthan, nos adentramos en el místico estado de Uttar Pradesh. La primera parada de este relato tiene lugar es Fatehpur Sikri, una ciudad fantasma, que muestra los vestigios de la grandeza mogol. Esta ciudad fue levantada sólo 14 años por el emperador Akbar. Sin embargo, tuvo que ser abandonada a su suerte tras 14 años por falta de agua. En este punto del viaje fue cuando notamos el calor sofocante que hacía en la India. Es una visita un tanto turística.

Trabajador en Fatehpur Sikri

Tras varias horas en la ciudad fantasma nos dirigimos a Agra. Llegamos casi de noche y nos alojamos en el hotel Taj View. A pesar del nombre, no se ve el Taj Mahal, de hecho el mausoleo no se puede contemplar desde ningún hotel de la ciudad, aunque las agencias de viaje insistan en ello. Después de alojarnos, era tarde y decidimos pasar unas horas en un centro comercial al que fuimos en tuk-tuk. El trayecto nos costó 100 rupias ida y vuelta, teniendo en cuenta que el taxista nos esperó toda la tarde en la puerta. En ese centro comercial descubrimos que existen las monedas de rupia y que los precios eran justos. No teníamos que regatear y pudimos comprar ropa de marca a muy buen precio. También sufrimos un incidente desagradable en el que un hindú chocó a propósito con Vero para rozarle el pecho, bochornoso. Al volver al hotel, el conductor del tuk-tuk, no nos dejó en la puerta, sino en la tienda de un familiar suyo que estaba ubicado justo en frente. El sólo hecho de cruzar la calle fue una aventura 😉

Musicos a la puerta del Taj Mahal en Agra

A la mañana siguiente estaba programada la visita al célebre Taj Mahal, una de las siete maravillas del mundo y también una de los más visitadas. Para acercarte hasta él, debes pillar un autobús eléctrico. En este sentido, las autoridades hindúes están intentando conservar a la perfección el mausoleo, y por ello evitan cualquier elemento contaminante que dañe el mármol. Se nota en el ambiente que es una de las joyas de la corona hindú, porque todo el mundo le tiene una devoción muy grande. Y no es para menos.

Pau, Vero i el Taj Mahal

El monumento está rodeado por una alta muralla y cuatro puertas majestuosas que impiden que se vea desde fuera. Es un edificio geometricamente perfecto y tiene la curiosidad de que sólo se puede apreciar su estructura perfecta desde lejos. La primera mirada al edificio es de esas que recuerdas toda la vida. Los pelos de punta. De cerca también es de una belleza indescriptible. Está hecho con mármol blanco engarzado con piedras preciosas y relieves en pietradura. De verdad que quita el hipo. También paseamos por sus jardines y su interior, en el que están los restos Mumtaz Mahal y del emperador Shah Jahan. Es muy agobiante por la cantidad de fieles musulmanes que se agolpan para tocar las tumbas de mármol, pero puedes captar la esencia de un lugar mágico y de un edificio único en el mundo.

Detalle de los grabados del Taj Mahal

Tras la visita al Taj Mahal, nos acercamos hasta otro de los puntos más turísticos de la ciudad, el Agra Fort, también impresionante, aunque sólo se puede pasear por la mitad del recinto, ya que la otra parte sirve de base militar al ejército hindú.

Mujer a las puertas del Agra Fort

Por la tarde, vivimos otro de los momentos más agradables de todo el viaje. Conocimos a dos parejas de recién casados españoles con los que fuimos a pegar una vuelta por las zonas menos turísticas de la ciudad. Callejuelas empedradas, mercados coloridos y bazares embriagadores desde un triciclo. Toda una experiencia para los sentidos, ya que te da la sensación de que eres como una mota de polvo en un desierto de ruidos, coches, bicicletas y motos muchas motos. Para redondear el gran día, la velada concluyó en un restaurante local en el que disfrutamos de una de las mejores cenas de todo el viaje a la India. Lástima que el estómago dijo basta en las horas siguientes.

Viaje a la India, visita a Samode y estancia en Jaipur

Restauración del Hawa Mahal o Palacio de los Vientos en Jaipur

Mientras mis paisanos alcoyanos comienzan a celebrar las fiestas de Moros y Cristianos, yo sigo con los relatos de nuestro viaje del pasado agosto. Los habituales, ya sabéis que he narrado las primeras impresiones del viaje a la India, las vacunas necesarias para India y Nepal y mis sensaciones en Nueva Delhi.

Niño en la India sacando agua del pozo

Esta historia trascurre por carretera. En la India no se miden las distancias en kilómetros, sino en horas de carretera. Nosotros tomamos la «autopista nacional» que une Nueva Delhi y Jaipur, la capital del Rajasthan. Entrecomillo lo de autopista, porque tardamos en recorrer ambos puntos casi un día en autobús. Y aunque fuera «autopista» te podías encontrar perfectamente camiones de cara y otros peligros que aquí ni nos imaginamos como vacas y animales, obras sin señalizar, carriles sin delimitar…

Barbero en la India en plena faena

En fin, que carretera y manta con parada incluida en Samode. Esta pequeña localidad no aparece en las guías, o si aparece lo hace con letras pequeñas. El objetivo de este alto en el camino fue contemplar el majestuoso Samode Palace. Un hotel que antiguamente era un palacio muy opulento. No estaba previsto parar en el pueblecito. Sin embargo, fuimos muy insistentes con el guía y detuvimos en una localidad donde los niños sacaban el agua de los pozos y se podían contemplar restos del antiguo esplendor de los maharajas del Rajasthan. Y digo restos porque en las casas tradicioneles o havelis se podía apreciar algo de pintura como si de una pintura rupestre se tratara.

Vendedora en los bazares de Jaipur

Unas horas más de infierno de baches y amortiguadores en pésimo estado llegamos a Jaipur, también conocida como la Ciudad Rosa. Toda esta mega-urbe está rodeada por una muralla rosada que da a la ciudad un aspecto señorial y muy majestuoso. Otro de los puntos fuertes de Jaipur son sus bazares. El guía nos dijo que todo lo que se podía comprar se vendía en Jaipur.

Jal Mahal en Jaipur

La primera imagen de la ciudad fue el impresionante Jal Mahal, un palacio que parece postrarse sobre las aguas del lago Man Sagar. Tras a tranquilidad de Samode, volvimos a la realidad. La India tiene casi 1.100 millones de habitantes y eso son mucho hindúes. Nos llevamos un chasco al ver que estaban restaurando el fantástico Hawa Mahal o Palacio de los Vientos. A cambio, el guía nos dejó un rato por los bazares y por supuesto, visita obligada a tiendas de alfombras.

Subida al Fuerte Amber con elefantes

Al día siguiente descubrimos el monzón. Agua, agua, agua… calor. Agua, agua, agua… calor. Lo peor es que el monzón nos cayó justo cuando ascendíamos al Fuerte Amber a lomos de elefante. No nos hizo ninguna gracia, ya que el camino estaba adoquinado y el animal se tambaleaba de lado a lado. Fue justo llegar a nuestra meta y el agua monzónica cesó. El Fuerte Amber es una auténtica pasada, vale la pena descubrir la antigua capital del estado.

Mujer hindú en el Jantar Mantar de Jaipur

Otras visitas ineludibles de Jaipur son el City Palace Museum, los bazares y el impresionante observatorio Jantar Majar. Los hindúes hacen mucho caso de lo que diga el astrólogo y esta explanada llena de artilugios extraños es un auténtico estandarte de la astrología. Conclusión: Jaipur es una cita imprescindible para todo aquel que vaya a la India. Una ciudad que no está exenta del caos y de momentos de tensión, pero que perdura en el recuerdo por su colorido, sus aromas, sus vestigios y el maravilloso arte nacido a la sombra del mecenazgo de los maharajas. Mención especial el hotel donde nos alojamos. Un antiguo palacio restaurado llamado Jai Mahal Palace.