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Milán, la calma después de la tempestad

Il Duomo de Milán

Lo primero es lo primero. Felicitar a todos los que comentasteis en el post de ayer, sobre todo a Enric, que una vez más, se ha llevado el gato al agua. Es increíble lo espabilados que habéis estado para descubrir que la foto fue tomada en la Galleria Vittorio Emanuele II de Milán. Por primera he sacado la foto de su álbum correspondiente de Flickr y aún así habéis logrado descubrirlo.

Pues sí, aunque todavía no lo había mencionado en el pachinko, también hemos estado en Milán. Fue un paso breve, pero intenso. La capital lombarda fue la última escala de un periodo de 48 horas que nos llevaría de Kathmandú a casa. Una serie de catastróficas escalas y esperas en aeropuertos lograron que el final del viaje a India y Nepal se convirtiera en una pesadilla.

Haciendo el freak en Milán

Llegar a Milán fue como disfrutar de la calma después de una tempestad, cuando pisamos sus calles se nos abrió el cielo. El viaje a India y Nepal fue una pasada, pero llega un momento en el que el cuerpo te pide un poco de dieta mediterránea, calles limpias y aire respirable. Todo eso lo hallamos en Milán.

Tuvimos muy pocas horas para conocer la ciudad, De hecho, fuimos directamente al centro y paseamos por delante de Il Duomo, la Scala de Milán o la Galleria Vittorio Emanuele II. A pesar de estar rodeados de una de las zonas más glamourosas del mundo, lo que recuerdo con más cariño es comerme una focaccia de proscciutto y un gelato de chocolate. Después de tanto curry y comida picante, aquellos bocados me supieron a gloria.

Comiendo un gelato de chocolate en Milán

Los vuelos más largos que hemos hecho

Vero jugando en el aeropuerto de París

Estábamos el otro día en la agencia de viajes ultimando los detalles de las vacaciones a Vietnam y Camboya, cuando a Vero se le ocurrió preguntar la duración de los vuelos. A raíz de esta cuestión, se me ha ocurrido hacer nuestro particular ránking de vuelos más largos.

  1. París-Tokyo: Nuestro primer vuelo largo y el segundo de nuestra corta vida de viajeros (octubre de 2006). Comprobamos las estrecheces de Air France. Salimos a las 22:25 horas de la noche parisina y llegamos a la capital nipona a las 18:00 horas (11:00 am en España). Nada más y nada menos que 12 horas y 35 minutos.
  2. Osaka-París: Dos ciudades magníficas, pero que desgraciadamente están muy lejos una de la otra. Salimos a las 12:00 del mediodía (5:00 am en España) y llegamos a París a las 17:25 horas. Este vuelo de Air France se coloca segundo del ránking con 12 horas y 25 minutos.
  3. Nueva Delhi-Milán. Completa este top el vuelo entre la capital de la India y Milán. Muy lejos de los otros dos. Salimos de Nueva Delhi a las 02:35 de la madrugada (23:05 en España) y llegamos a Milán a las 07:50. Suma un total de 8 horas y 45 minutos.

Este es el ránking de vuelos, aunque el de vueltas infernales con escalas y todos los vuelos, lo sumaré otro día.

Por cierto, respondiendo a la pregunta de Vero, nos dimos cuenta de que el primer puesto del ránking será ocupado en breve por un simpático Bangkok-Madrid que durará unas 12 horitas y 55 minutos.

Viaje a la India, las primeras impresiones

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El pasado verano estuvimos de viaje por India y Nepal. Fueron muchos meses de preparativos, sobre todo para mentalizarse.

Nosotros volamos con Alitalia haciendo el recorrido Valencia -Milán-Nueva Delhi, saliendo del destino a las 06:30 horas y llegando a las 22:00 horas de la India (tres horas y media menos en España).

A pesar de que cuando llegamos ya era de noche, el impacto térmico fue espeluznante. Nada más salir del avión notamos un golpe de calor brutal. Sabíamos que hacía calor ¿pero tanto? Cierto es que a los poco días de estar en India te acostumbras. Para que os hagáis una idea, a las diez de la noche estábamos a 33 grados a la sombra y con el 100% de humedad relativa.

La entrada al aeropuerto de Nueva Delhi nos pareció muy tranquila. Los funcionarios te miraban con muy mala cara, cosa que no entendíamos. Nada más llegar cambiamos 200 euros en rupias en el mismo aeropuerto. Luego descubrimos que habíamos hecho bien porque había mejor cambio que en los hoteles.

Tras salir a la zona de llegadas, comienzas a vislumbrar dónde estás. Decenas y decenas de personas con cartelitos esperan impacientes a que les digas que eres tú al que buscan, no obstante en la India son 1.100 millones de personas.

Una vez localizamos nuestro nombre, el chico nos subió hasta un coche que nos llevó al hotel. El mozo que aguantaba el cartelito trabajaba a su vez para el hombre que nos llevó al hotel, que su vez trabajaba para nuestro guía. Así funciona en la India ¿castas? No exactamente, pero la jerarquización en el trabajo es espectacular.

El hombre que nos acompañó en el coche hablaba muy bien el castellano y nos hizo las típicas preguntas que se pueden hacer a una persona que acabas de conocer. Se interesó por nuestra zona de España y nuestras costumbres. Nosotros le devolvimos las preguntas cortésmente.

Las dos cosas que más me llamaron la atención de nuestras primeras horas en la India fueron el tráfico caótico y lo verde que es Nueva Delhi. El tráfico merece una mención a parte, ya que hay miles y miles de coches, motos, rickshaws, triciclos circulando en todas direcciones, sin carriles delimitados, sin señales de tráfico, sin policía… el caos total. No entendíamos como no había accidentes, ya que en la India lo normal es pitar cuando quieres pasar. Luego nos enteramos que obtienes la licencia de conducir pagando, no pasas ningún examen, simplemente pagas, y cuanto más pagas más pronto obtienes el permiso de conducir.

Una vez llegamos al hotel gastamos nuestras primeras rupias en propinas (al chófer, a los maleteros…) una acción que no pararíamos de repetir a lo largo de todo el viaje.

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