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Sadhus, los ascetas de India y Nepal

Sadhu en un ghat de Varanasi

Una de las imágenes que más suele impactar en los viajes a India y Nepal son los sadhus. Los viajeros se quedan muy sorprendidos de ver a estos hombres sin ropajes, con el pelo muy, muy largo y la cara o el cuerpo ataviado con pinturas de colores. Sin duda, dan una sensación de exotismo única.

¿Pero qué son realmente los sadhus? Pues depende un poco de a quien escuches. Nuestro guía de la India decía que eran unos vagos y sinvergüenzas que se dedicaban a sacarle la pasta a los turistas. ¿Quién fue a hablar? Él sí que era un sacarupias. La verdad es que algunos sadhus te piden un donativo tras hacerles una foto, aunque esto es una práctica bastante generalizada entre los hindúes. En el momento te pida dinero sabes que ese no es un verdadero sadhu.

Sadhu en Varanasi

En realidad, los sadhus están muy relacionados con el Hinduismo. En principio son ascetas, gente que renuncia a ciertos hábitos de la vida en sociedad  y a la mayoría de placeres mundanos. Sobre todo los fisiológicos. Muchos de ellos son practicantes de yoga o simplemente monjes errantes que han abandonado las enseñanzas de su gurú o maestro. La meditación y la vida contemplativa es lo que les va.

Pero no os penséis que esto de ser sadhu es una cosa de cuatro chalados. Sólo en la India se estima que hay unos cinco millones. Nosotros vimos sadhus en casi todas las ciudades de India y Nepal que visitamos, sobre todo en lugares cercanos a los templos y a los crematorios. ¿A qué se debe esto? Pues a que muchos sadhus se dedican a observar a los brahmanes, que es la casta superior y la que oficia las ceremonias y ritos. Varanasi y Kathmandú es donde más sadhus vimos durante nuestro recorrido.

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Mujeres desnudas del siglo IX

Apsaras en Khajuraho

Apsaras en Angkor

Si es que Javier ya me lo había advertido muchas veces. «El 95% de Internet es porno, seguro que acabas poniendo mujeres desnudas en tu blog». Yo voy a contribuir a mi manera con esta imagen tan frívola que tiene la red de redes.

Estas dos mujeres desnudas que veis, fueron esculpidas aproximadamente en el mismo periodo, concretamente en el siglo IX d.C. La diferencia entre ambas la encontramos en los miles de kilómetros que las separan geográficamente.

La imagen de arriba está tomada en los famosos templos eróticos de Khajurajo de India. Su vecinita de abajo es una estatua fotografiada en los templos de Angkor en Camboya. ¿Se parecen verdad?

Tienen en común su procedencia, ya que por el siglo IX, tanto en la zona de la India como en Camboya, profesaban el Hinduismo. Estas estatuas son conocidas como Apsaras, una especie de ninfas celestiales que actuaban de bailarinas de los dioses.

Mira que sacar mujeres desnudas en el blog para buscar lectores de forma fácil. Si es que soy un depravado.

Viaje a Nepal – Ritos funerarios en Pashupatinath

Preparando la cremación en los ghats

Una de las visitas imprescindibles cuando vas a Kathmandú es la zona del templo de Pashupatinath, y digo la zona porque si no eres hinduista no puedes entrar dentro del recinto sagrado. Este lugar es ideal para comprender y observar los ritos de las cremaciones del Hinduismo.

Para un hinduista lo más sagrado del mundo es morir en Varanasi y que arrojen tus cenizas al Ganges. Muchos hinduistas van a pasar sus últimos momentos a Varanasi para completar el ciclo de las reencarnaciones. Sin embargo, no todo el mundo puede escoger el lugar de su muerte o tiene unos familiares que puedan costear un funeral hasta la ciudad sagrada. Por este motivo, cerca de los ríos también se construyen ghats como en Varanasi.

Funeral en Pashupatinath

Nepal es un país mayoritariamente hinduista, a pesar de que la gente lo suele relacionar con el budismo. Pashupatinath en Kathmandú y el río Bagmati podrían ser los equivalentes nepalíes de Varanasi y el Ganges. Allí fue donde realmente apreciamos las cremaciones y los ritos funerarios hinduistas. Es un poco morboso y en occidente estaría muy mal visto, pero los turistas se colocan a la otra parte del Bagmati para observar los ghats y las cremaciones.

Cremaciones hinduistas en el rió Bagmati

Como todos los funerales, el hinduista es un rito muy solemne y cargado de misticismo. Los encargados de realizar la ceremonia son los Brahmanes que acompañan a toda la familia reunida alrededor del difunto. El fallecido está envuelto en un sudario y tiene la cara pintada de colores y símbolos. La ceremonia tiene muchos detalles y supersticiones que concluyen con la cremación del muerto en los ghats. Desde luego que para un occidental es algo impresionante y digno de ver. Allí se toman la muerte como una parte más de la vida y un paso previo a la siguiente. Aquí sería impensable ver turistas en los cementerios durante un entierro. Menudo post más macabro me está quedando…

Vero con saddus en Kathmandu (Nepal)

La zona  de Pashupatinath en Kathmandú, está repleta de monos, y también es un buen lugar para contemplar y hacerte fotos con los saddús. Son una especie de santones que se dedican a la vida contemplativa. Se supone que son célibes y que renuncian a los placeres terrenales. Según nuestro guía, vagos que se dedican a ganar dinero a costa de las fotos de los turistas. En fin, que si alguna vez vais por Kathmandú, este es un buen lugar para llevarte una experiencia dura, pero irrepetible.

Viaje a Nepal, las primeras impresiones

Monje budista en Kathmandú

Hoy tenemos un ganador ilustre en el concurso de la foto. Se trata de Quique de Viaja Blog, que acertó rápidamente el origen de los ojos de Buddha. Habían sido captados en Kathmandú, la capital de Nepal. Os recomiendo seguir esta bitácora, una de las mejores sobre viajes.

Después de los sobornos y chantajes en el Aeropuerto de Varanasi, nuestra llegada a Nepal no podía ser tranquila. Yo soy como una marmota y nada más subir al avión me quedé frito. Sin embargo, Vero y el resto de pasajeros gritaron y se asustaron tras un aterrizaje un tanto precipitado. Yo seguía en los brazos de Morfeo y no me enteré de nada.

Swayambhunath

La llegada a Kathmandú fue el mejor antídoto para el estrés que traíamos de la India. Nepal es un país muy pobre, mucho más que sus vecinos hindúes. Comparten muchas tradiciones y la mayoría de sus habitantes son hinduistas. A pesar de estas semejanzas, las sensaciones fueron totalmente distintas, empezando por la gente. No sé si es porque veníamos muy quemados de India, pero los nepalíes nos parecieron mucho más amables y hospitalarios.

En la India nos sentimos muchas veces como los Beckham ante una jauría de paparazzis. En Nepal el trato con el turistas es más cordial y los comerciantes no son tan agresivos. Sin duda, fue una bocanada de aire fresco que consiguió el propósito de cualquier viaje de placer.

Velas en Swayambhunath

El clima también era más benigno que en la India. En agosto es época de lluvias y monzones. Más de un día agradecimos el agua caída del cielo, que en ningún momento se mostró feroz con nosotros.

Paisajísticamente, Nepal estaría en el top 5 de cualquier viajero. Los Himalayas se muestran imponentes y son muy importantes en la vida de los nepalíes. Los monumentos que visitamos nos encantaron y pudimos apreciar mucho mejor el rito de las cremaciones que en el Ganges. Tradiciones ancestrales y muy curiosas completan los atractivos de este país que recomendaría a cualquiera y sobre el que seguiré contando más aventuras.

Viaje a la India, Varanasi cuna del Ganges

Saddú en Varanasi

Esta vez, el que se llevó el gato al agua fue josecrem. Como bien apuntó, la imagen del último acertijo correspondía a una cúpula del mítico Kashi Vishwanath de Varanasi. Nuestro viaje a la India llegaba a su fin y nos tocaba despedirlo en la mística Benarés. Esta ciudad fue fundada en el siglo VII a.C. y es contemporánea a ciudades mitológicas como Babilonia o Nínive. Por si esto no fuera suficiente reclamo,  es la ciudad sagrada del Hinduismo y está situada en la orilla oeste del Ganges.

Hindus agolpados en el Ganges

Con todos estos ingredientes, sólo nos podían esperar sorpresas y más sorpresas. La llegada a la ciudad la hicimos en avión. Volamos desde el aeropuerto de Khajuraho hasta el de Varanasi, de infausto recuerdo para nosotros (aunque esta historia tendrá su propio post). Lo primero fue llegar al Hotel Taj Ganges. Un alojamiento en la línea de lujo de los anteriores, aunque apenas pudimos disfrutar de él. Fue salir del hotel, y darnos cuenta de que Benarés era distinta a todo lo que habíamos visto hasta ahora, un mundo diferente en todos los sentidos.

Ofrenda en el Ganges

Al salir del hotel nos montamos en un autobús que nos llevó hasta el Templo de la Madre India, una visita muy poco recomendable. Lo bueno estaba por llegar. Pillamos un tuk-tuk y de cabeza a conocer los míticos ghats ubicados a orillas del río Ganges. Alquilamos una barca y bajamos río abajo para contemplar de cerca los crematorios y el ocaso del sol. Una imagen preciosa, que gracias a las supersticiones, se completaba con velas encendidas y flores, que asomaban en el Ganges. Tras remontar el río sagrado, nos paramos delante de un ghat donde se iba a celebrar una ceremonia hinduista. Fue una imagen conmovedora. Miles y miles de personas reunidos alrededor de decenas de brahmanes que oficiaban una liturgia tan antigua como el hombre. El Aarti vespertino, cantos, luces, rezos… devoción a raudales que hacían que los pelos se pusieran de punta. Tras esta primera toma de contacto con la ciudad sagrada del Hinduismo, fuimos a dormir. Tocaba madrugar para ver como el Ganges recibía el nuevo día.

Devotos de Shiva en el Ganges

Al amanecer, quisimos repetir la experiencia. Paseo en barco por el río Ganges con las primeras luces del día como testigos. Una barcaza, impulsada por escuálidos remeros,  nos llevó de nuevo hacía distintos y preciosos ghats. Al alba tuvimos una mejor visión de estos extraños escalones decorados con imágenes de Shiva y otros dioses del Hinduismo. Pese al madrugón, muchos peregrinos ya estaban purificándose en sus aguas. La purificación es espiritual, pues el río es uno de los lugares más sucios y contaminados de la tierra. Antes de irnos compré una pequeña vasija con agua sagrada que todavía conservo. De los crematorios poca cosa, vimos algunos entierros y piras de madera preparada para las cremaciones, posteriormente en Nepal contemplamos mejor estos ritos. El ciclo de la reencarnación hinduista concluye si esparcen tus cenizas en el Ganges, por eso la gente va a morir a Benarés. Para buscar el descanso eterno.

Paseo por el Ganges

Tras llegar de nuevo a la orilla, serpenteamos por las callejuelas ancestrales. Varanasi es como un gran laberinto en el que puedes ver de todo. Vacas dentro de tiendas, miseria, saddús, olores nauseabundos, gente por doquier, peregrinos de todo el mundo, porquería, animales comiendo su propia mierda… Todo lo que te puedas imaginar y mucho más, un choque cultural aterrador para el occidental y a la vez apasionante y enriquecedor. Ahí debía terminar nuestro viaje en tierra santa, pero insistimos en visitar el Kashi Vishwanath. Sin duda, uno de los templos más sagrados del Hinduismo cuyas cúpulas están recubiertas con 750 kilos de oro. Nuestro guía no quería que lo viéramos, pues además de sagrado, comparte terrenos con una mezquita y es un lugar de disputa entre hinduistas y musulmanes. Entramos, pero sin cámaras ni mochilas ni nada. Repleto de fieles y de militares con armamento pesado. Impresionante.

En barcaza por el Ganges

Mi consejo para todo aquel que visite la India es que dedique al menos un par de días a Varanasi. Puede llega a ser impactante y muy desagradable para la vista y el olfato, pero es imprescindible. El legado espiritual y religioso de esta caótica ciudad se remonta a más de 3.000 años y eso son palabras mayores. Más de 90 ghats son el epicentro de esta urbe mágica que explica y reescribe día a día el ciclo de la vida y de la muerte.

Saddú en Varanasi