Teo se quedó en casa durante nuestro reciente viaje a París. A posteriori nos alegramos porque hizo mucho frío y pasamos bastante tiempo en la calle, pero hubo momentos en los que nos arrepentimos profundamente. Por ejemplo, cuando entramos a Pain D’épices, una maravilla de juguetería, donde nuestro peque hubiera disfrutado de lo lindo.
A Vero le encantan los blogs de decoración y moda infantil. Había visto alguna reseña de la tienda por la red, pero no se acordaba ni del nombre ni de la ubicación. Pero a veces el azar es caprichoso y la casualidad quiso que acabáramos entrando en este reino de los juguetes.
Mira que París es enorme, pero íbamos paseando por el Passage Jouffroy cuando por arte de magia nos vimos ante sus delicados escaparates. Como si de un elixir milagroso se tratara, al atravesar la puerta rejuvenecimos 20 años y contemplamos los juguetes con la mirada inocente de un niño, como si fueran tesoros de un valor incalculable.
Al igual que el pasaje donde está ubicada, Pain D’épices parece sacada de una novela parisina del siglo XIX. Y eso que la tienda “sólo” tiene tres décadas.























