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Los 10 mejores hoteles en los que nos hemos alojado

Vero en el jacuzzi del Iberostar Grand Hotel El Mirador

De vez en cuando a Vero y a mí nos entra la morriña viajera y nos ponemos a hablar de algunos de los lugares recorridos estos últimos años. A veces esos lugares son hoteles o alojamientos que nos han dejado huella, así que creo que es de recibo que los compartamos con todos vosotros.

Nuestro top 10 de los mejores hoteles en los que hemos estado no está basado en el precio, ni en las estrellas, aunque en algunos casos si coinciden. Se trata de alojamientos que nos han proporcionado una experiencia especial, en los que nos hemos sentido muy a gusto, o que estaban ubicados en lugares increíbles. De hecho, ya veréis que alguno de ellos no es ni hotel, pero merecía estar en esta lista.

Vero en la playa de Nha Trang

Evason Ana Mandara (Nha Trang)

El Evason Ana Mandara está compuesto por pequeñas villas ubicadas pocos pasos del mar. Las habitaciones de este hotel en Nha Trang tienen de todo, incluido un jacuzzi exterior, aunque resguardado de la mirada de los curiosos. La cama es, sin duda, la más grande en la que hemos dormido jamás. Lo que se dice verdadero lujo asiático.

Es el primer hotel en el que pudimos disfrutar de un mayordomo personal, aunque como no sabíamos qué hacer con la pobre chica, a penas la molestamos. El momentazo de nuestra estancia fue una cena donde estábamos los dos solos en un embarcadero sobre las olas del Pacífico. Muy romántico.

Piscina del Iberostar Grand Hotel El Mirador

Iberostar Grand Hotel El Mirador (Tenerife)

¿Alguna vez os habéis sentido como la princesa del cuento? Esa fue la sensación que experimentamos en el Iberostar Grand Hotel El Mirador de Tenerife.

Tuvimos la gran suerte de alojarnos en la suite presidencial, una habitación más grande que nuestro piso y con todas las comodidades que os podáis imaginar. La terraza con jacuzzi privado nos conquistó. Además nuestra estancia coincidió con un evento gastronómico en el que maridaban cocina canaria con cócteles.

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Viaje a India – ¿Se puede evitar el Delhi Belly?

Niño en la India sacando agua del pozo

El Delhi Belly o diarrea del viajero es uno de los mayores temores de los osados que emprenden un viaje a la India. Si habéis estado en el subcontienente indio y lo habéis sufrido en vuestras propias carnes sabréis porqué lo digo.

Este asunto es de los que más quebraderos de cabeza suele provocar en el viajero, de hecho, muchos de vosotros me habéis preguntado por la comida en India y por el Delhi Belly, así que vamos a ver si se pueden evitar o no.

Empezaré diciendo que en nuestro viaje a India estuvimos un par de días con síntomas de Delhi Belly, a pesar de que viajamos en grupo, nos alojamos en buenos hoteles y llevamos mucho cuidado con la comida. Incluso extremando las precauciones es difícil evitar las horribles diarreas del viajero, así que no soy muy optimista respecto a este tema.

¿Por qué se produce el Delhi Belly?

Por decirlo de forma suave y sin querer herir a nadie, diré que las condiciones higiénicas en países como India son muy diferentes a las nuestras. Los alimentos y el agua se manipulan de forma distinta, y es ahí donde se encuentra el mayor riesgo para el viajero. En la comida y el agua habitan las bacterias causantes de las temidas diarreas.

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Viaje a India – Palacio de Jaipur

Edificio del Palacio de Jaipur

El Palacio de Jaipur es una de las visitas más recomendables si estáis por esta ciudad rosada del Rajhastan. Está emplazado en la parte antigua de Jaipur, muy cerca del Hawa Mahal, o Palacio de los Vientos, y del Jantar Mantar. En el meollo, vaya.

Entrar al Palacio de Jaipur cuesta 180 INR (2,9 euros), aunque si queréis hacer fotos tendréis que pagar otras 100 INR (1,6 euros) y si grabáis vídeos 200 INR (3,2 euros). Ya os he explicado en alguna ocasión, que los precios de las entradas en la India son mucho más baratos para los locales, que para los extranjeros.

Balconada del Palacio de Jaipur

Antes de entrar al Palacio de Jaipur, vivimos una de esas típicas descargas de agua propias de los monzones que nos dejaron calados en cuestión de segundos. El agua lo arrastró todo y os puedo asegurar que los sistemas de alcantarillado no son tan eficientes en la India, así que imaginaos todo lo que vimos en esas aguas.

Pero dejemos nuestras batallitas y centrémonos en este complejo imponente. Cuenta con edificios, jardines, patios y murallas. En la actualidad tiene una parte bastante amplia que es visitable, y otra que está cerrada al público. Un ejemplo de esto es el Chandra Mahal que todavía hace las veces de residencia del actual maharaja de Jaipur.

Torre del Palacio de Jaipur

Lo que recuerdo con bastante nitidez del Palacio de Jaipur es la mezcla de estilos que se podían ver por todo el complejo. Digamos que era una fusión entre la arquitectura de la zona del Rajhastan y la influencia de los poderosos mogoles, cuyos edificios pudimos contemplar durante todo el Viaje a India. Los edificios son la leche, y el colorido mezcla entre rosa y marfil es muy vistoso.

En una de las zonas visitables, recuerdo que había una especie de museo de vestimentas de los maharajas. Es algo parecido a cuando estamos en una catedral y empiezas a ver ropajes de antiguos obispos y cardenales, pero en su versión hindú.

"One tip please" en Jaipur

Lo que más nos chocó de este museo fue la imagen de un tal Sawai Masho Singh I que hubiera dejado a cualquier luchador de sumo a la altura del betún. El tipo medía 2 metros de alto, tenía una envergadura de 1,2 metros de ancho y pesaba 250 kilos. Lo mejor de todo es que el crack era un conquistador, pues llegó a tener 108 esposas.

Otra zona interesante del palacio es el arsenal donde había un montón de dagas y espadas chulísimas, además de muchísimos espejos y techos con incrustaciones de oro. Las salas de audiencias también son una pasada y se pueden visitar.

Puerta con pavos reales en el Palacio de Jaipur

No obstante, más que el interior y las colecciones de riquezas de los maharajas, a mí lo que me dejó más boquiabierto, son las puertas del patio, los edificios y algunos bajorrelieves con motivos de pavos reales que son una auténtica obra de arte. Se nota que el dinero de los maharajas podría contratar a los mejores artesanos.

Resulta cuanto menos curioso, ver los opulentos lugares en los que viven y vivían los maharajas y compararlos con sitios similares de otras culturas y países. Lo cierto es que tanta riqueza y ostentación choca mucho más en lugares como la India donde las desigualdades sociales están mucho más marcadas que en los países occidentales.

Viaje a India – Tipos de visados y cómo obtenerlos

Visado de la India

Hay que ver cómo se complican algunos países con el tema de los visados. Realmente ha sido así toda la vida, pero desde que viajamos libremente por la UE y otros muchos países nos hemos malacostumbrado.

Hoy voy a hablaros de cómo obtener el visado para un viaje a la India y conocer un poco mejor las opciones que tenemos antes de trasladarnos al subcontinente indio. Esto es importante, ya que el visado se debe obtener antes de viajar a la India. Por supuesto, hay que tener el pasaporte en regla junto con el visado de entrada a la India, que dependerá de la naturaleza de vuestro viaje.

¿Cómo obtener el visado?

  • Lo primero es imprimir una copia y rellenar el impreso de solicitud para el visado a la India.
  • Luego debemos dirigirnos a la ventanilla de la oficina de Arke BLS Center, en la calle Cardenal Marcelo Spinola, 4, 1º dcha de Madrid.
  • Allí, debemos aportar el impreso de solicitud, el pasaporte original en vigor, tres fotos de carnet, los documentos requeridos en caso de visados de negocios, trabajo o investigación. En caso de tramitación urgente, también debes aportar una copia de la reserva de vuelo. Las tasas sólo se pueden pagar en efectivo o por ingreso bancario. No se aceptan tarjetas de crédito. Después de la entrada inicial a la India, si tenéis pensado visitar varios países en un itinerario turístico, podréis entrar dos o tres veces como máximo en el país siempre y cuando tengáis un billete de avión indicando los vuelos que vais a realizar.
  • En vez de ir en persona a la oficina, también se puede enviar toda la documentación por Seur. La única variación es que se debe aportar además fotocopia del ingreso bancario y un impreso de devolución del pasaporte debidamente rellenado.

Debéis tener en cuenta que la validez de los visados a la India se inician desde la fecha de su emisión y no desde la fecha de entrada al país. Una vez estéis en la India no se permite el cambio del propósito de la visita.

Tipos de visado para la India

  • Visado de turismo: tiene una vigencia de seis meses (50 euros), un año (80 euros) o cinco años (160 euros).
  • Visado de negocios o de entrada: tiene una vigencia de seis meses (95 euros), un año (145 euros) o cinco años (240 euros).
  • Visado de trabajador: tiene una vigencia de seis meses (95 euros), un año (145 euros).
  • Visado de estudiante: cuesta 95 euros y tienen una vigencia máxima de cinco años.
  • Visado de periodista: cuesta 95 euros y tienen una vigencia máxima de tres meses.
  • Visado de investigador: cuesta 95 euros y dura seis meses.
  • Visado de tránsito: cuesta 25 euros y sólo podéis estar 15 días en el país con una o dos entradas.

Nosotros, por ejemplo, no quisimos complicarnos demasiado la vida y realizamos todos los trámites a través de una agencia de viajes. Eran otros tiempos, pero nos facilitaron muchísimo todo.

No obstante, os recomiendo, que antes de emprender vuestro viaje a la India consultéis los trámites con la embajada en Madrid o los consulados de Barcelona y Tenerife. De hecho, yo he obtenido toda la información en la página web de la Embajada India en España. Espero que este post os ayude con vuestro viaje.

Viaje a India – Artesanías y comisiones

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A veces, el desconocimiento, el respeto, el temor por un destino, o simplemente la comodidad, hacen que consideremos la opción de llevar a cabo un viaje organizado. Fue el caso de nuestro viaje a India y Nepal. El hecho de ir en un grupo organizado tiene sus pros y sus contras. Como todo en esta vida.

No todo son inconvenientes, como se piensan algunos. Por ejemplo, es bastante fácil conocer a gente con tus mismas afinidades, no tienes que preocuparte por buscar transporte o alojamiento, y puedes ver muchas más cosas en menos tiempo. Está todo más organizado, y de ahí viene el nombre, si me perdonáis el chiste.

Por contra, si te toca gente desagradable, tienes que aguantarla todo el viaje, no tienes tanto tiempo libre para explorar cosas por tu cuenta y estás a merced de los caprichos del guía. Viajar con guía no es malo, más bien todo lo contrario. Un buen guía puede hacer que un destino mediocre te parezca el mejor del mundo, o por el contrario, un mal guía puede desgraciarte el país más maravilloso. Por eso, las agencias deberían controlar al máximo a sus guías para evitar prácticas como el tema de las comisiones abusivas.

Es más o menos lo que nos pasó en India. Nuestro guía era el rey del mambo y nos llevó prácticamente cada día del viaje a lo que el llamaba un centro de artesanía. Seguro que a muchos de vosotros os suena la historia ¿verdad?

En cada ciudad nos llevaba a un taller-tienda donde nos enseñaban como se hacían alfombras, joyas, figuritas, textiles… añadid lo que vosotros queráis. Siempre estaba hecho todo de la forma más artesanal, con los materiales más nobles, y se tardaba en hacer no sé cuantos años. El mismo rollo una y otra vez, día, tras día.

Una vez se terminaba la demostración, llegaba el turno del regateo y era allí cuando el guía nos empujaba a comprar. Pese a ser la India, los precios de algunos artículos eran escandalosos, ni en los centros comerciales más lujosos de España. Recuerdo que a Vero le pedían cerca de 60 euros por una simple bata. Muy bonita, sí, pero una bata, sin ningún tipo de marca ni nada por el estilo. Muchas cosas eran artículos que puedes encontrar aquí por pocos euros, en cambio en origen te los vendían por diez veces más.

Había dos factores que hacían que los precios se dispararan. Primero, que el euro por aquella época era mucho más fuerte que el dólar y los comerciantes hindúes, habituados a comerciar en dólares, no lo tenían muy claro. Luego estaba el tema de las comisiones que se llevaba el guía. Rondaban hasta el 40% de lo que comprara su grupo. Normal que fuera donde fuera le trataran con respeto. Ya se encargaba él de traer clientela y de llevarse su tajada. En algunos momentos parecía que nos tomaran por millonarios y por gilipollas. ¡Era tan descarado!

Y yo me pregunto ¿en qué beneficia esto a las agencias? En nada, el cliente acaba agotado de tanto centro de artesanía. Primero porque es aburrido, segundo porque es carísimo, y tercero porque se pierde mucho tiempo que se podría ocupar viendo otras cosas o teniendo más tiempo libre. ¿Por qué no hacen nada para impedir estas prácticas? ¿Qué ganan teniendo clientes insatisfechos y guías mediocres?

Si alguien conoce la respuesta, por favor que me la diga. Y he hablado aquí de la India porque ha sido la vez que más hemos acabado hasta el moño, pero estoy seguro que sucede en muchos lugares del mundo, incluido España. ¿Habéis sufrido en vuestras carnes el “robo” de los centros de artesanía? Me gustaría saber vuestra historia.