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Casa Tiavea

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El otro día, mi amiga menorquina Lau me hablo de un lugar perfecto para desconectar y olvidarnos del mundanal ruido. Se llama Casa Tiavea, y está muy cerquita de Valencia, en la localidad de Zarra. Tiene que venir Lau desde Menorca a enseñarme algo que está la autonomía donde vivo jejeje

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Por lo visto, está ubicado en un emplazamiento ideal. Según Lau, desde lo alto de las cimas que coronan la Muela de Cortes se puede divisar el amplio valle que hay abajo. De hecho, éste fue de los últimos lugares donde resistieron los moriscos antes de ser definitivamente expulsados de España, hace ya varios siglos atrás. Su cultura aún se percibe en las calles laberínticas del valle y en las casas, donde aún persiste la costumbre de bordear las ventanas de color añil.
Remontándonos bastantes siglos atrás, encontramos también que estas tierras fueron pobladas por los íberos, donde aún se pueden visitar yacimientos como el de la cercana Alpera.

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Otra excursión interesante es la Cueva de Don Juan donde se puede disfrutar de las explicaciones que un guía cualificado ofrece sobre los diferentes habitantes que buscaron refugio en ella, sobre las estalagmitas y estalactitas que allí se pueden encontrar, así como la comunidad de murciélagos que habitan en ella. El valle está regado por numerosas fuentes naturales, pozas donde bañarse y varios ríos que delimitan el terreno como son el Júcar y Cabriel.

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En el lugar de confluencia de estos dos ríos se puede disfrutar de un paseo en barco por el Júcar, desde Cofrentes hasta Cortes de Pallás, navegando entre los cañones y el paisaje que ha ido labrando el río con el paso de los milenios. Asimismo el río Cabriel es punto común de encuentro entre los aficionados al piragüismo, ya que tiene varios tramos navegables. Cercano a este río se encuentra también un bonito balneario rodeado de naturaleza.

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Este lugar es conocido como El Valle de Ayora, donde está enclavado la Casa Tiavea. Según me cuenta Lau, es un espacio creado para todo el mundo que busque naturaleza, ya sea en su aspecto más tranquilo como en el salvaje, y especialmente creado para familias que deseen encontrar un lugar con opciones diferentes para niños y adultos, ya que durante el verano se organizan “Encuentros de Familias” para compartir, aprender y crecer juntos.

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En Casa Tiavea, también se organizan talleres de cocina vegetariana para niños y adultos, talleres de yoga, reiki o danza del vientre, por ejemplo. Existe también una opción realmente especial. Son las estancias de larga duración para embarazadas y mamás durante el postparto. Todo ello a precios muy asequibles y sin tener la preocupación de cocinar, ya que las comidas están incluidas y las elaboran chefs profesionales.

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Otros atractivos de la zona son las cerezas que podemos encontrar en plena floración junto a los almendros y otros frutales, la celebración anual cada mes de octubre del “Primer Corte de la Miel” en Ayora, o la recolección de plantas, setas y flores silvestres comestibles en primavera.

Le agradezco a Lau que me haya descubierto este lugar tan magnífico, y por eso lo he querido compartir con todos vosotros. Si os apetece pasar allí unos días de relax, podéis llamar al 96 189 3251 ó 654 578 224.

La Lluerna

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El viernes pasado tuvimos que ir a Valencia por temas de trabajo, así que tuve la oportunidad de regresar, aunque por unas horas, a la ciudad donde pasé siete años de mi vida. Vi una Valencia pre-fallera con todo lo bueno y lo malo que eso implica.

Tras hacer lo que estaba programado en el orden del día, el equipo Noteca, formado por Fernando, Javi y un servidor, nos dirigimos a comer a un restaurante llamado La Lluerna, ubicado en el popular barrio de Ruzafa, concretamente en la calle Sueca.

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Las impresiones que me llevé de La Lluerna son bastante positivas. Es un restaurante con una excelente relación calidad-precio para lo que es Valencia. La carta de platos es muy variada y los menús del día son muy completos y elaborados por unos 13 euros.

No obstante, lo que destaca de verdad en La Lluerna es su completísima carta de vinos. Nosotros regamos nuestra comida con un Estrecho de Bodegas Mendoza (no tenían en la carta Vins del Comtat). Un gran vino alicantino disfrutado en Valencia.

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Además de los menús, compuestos por dos entrantes, plato y postre, nos pedimos un festín de tapas entre las que destacan la tumbet o las hamburguesitas de buey. La ensaladilla rusa también estaba deliciosa. Del menú seleccionado destacaría una excelente fideuà de cigalas elaborada con fideos finos. Riquísima.

Si tengo que poner algún pero a La Lluerna, quizás sea su decoración. Es un tanto espartana y no está a la altura de los platos. No obstante, creo que la intención es reducir costes por ese lado para que la comida no pierda un ápice de calidad.

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Por lo demás, La Lluerna es un excelente lugar para disfrutar de una buena comida a muy buen precio. Muy recomendable.

Con esta pequeña sugerencia gastronómica me despido de vosotros hasta el próximo post, qué paséis un buen fin de semana.

Viaje a Roma – Vuelos, hoteles y transportes

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Parece que el pachinko actúa al contrario que los vampiros. Cuando se pone el sol necesita refugiarse. ¡¡¡Vaya semanita llevamos!!! Entre cuelgue y cuelgue todavía no me ha dado tiempo a escribiros nada de nuestro último viaje a Roma y eso que ya hace cinco días que hemos regresado. Como todavía me encuentro en fase de selección de las fotos, voy a daros unos cuantos consejos para organizar un viaje a Roma.

La capital italiana es una ciudad con muchísimas cosas que ver. Es ideal para un puente de cuatro días, aunque si disponéis de una semana mejor. Roma lo tiene todo, monumentos milenarios, museos, gastronomía, ambiente nocturno… no os defraudará.

Lo primero es escoger el vuelo y el hotel, además por este orden. Como en cualquier viaje, cuanto antes se busquen estas cosas mejor que mejor. Nosotros acabamos de hacer un viaje a Vietnam y Camboya, por lo que no tuvimos tiempo de buscar ofertas y el viaje se nos encareció más de la cuenta.

Roma tiene dos aeropuertos cercanos, el de Fiumicino y el de Campino. Este segundo es el que emplean las compañías de vuelos de bajo coste. Nosotros volamos desde Alicante con Iberia. Aunque parezca mentira, una ciudad tan turística como Alicante no tiene vuelo directo a Roma, así que tuvimos que hacer trasbordo en Madrid. Desde Valencia sí que hay vuelo low cost, pero no quedaban billetes. Los que vivís en Madrid o Barcelona lo tenéis ideal para este tipo de destinos.

Para llegar desde el aeropuerto de Fiumicino a nuestro hotel, tuvimos que pillar el tren Leonardo Express. El billete cuesta 11 euros y tarda media hora hasta la estación de Termini. A la vuelta pillamos un taxi, ya que por 40 euros fuimos cuatro personas. Sólo en ese caso merece la pena. Desde Campino, hay autobuses.

Luego está el tema de los hoteles. Debéis tener muy en cuenta la ubicación y la categoría. Nosotros nos alojamos en el Hotel Gioberti de cuatro estrellas, aunque en España no se hubiera merecido ni dos. En Roma, la mayoría de hoteles son viejos y con muchas operaciones de cirugía estética. Mi consejo es que no os esperéis gran cosa. No obstante, aunque un poco viejo, nuestro hotel estaba muy limpio y el servicio y el desayuno eran bastante aceptables. Lo mejor, sin duda, era la ubicación, justo al lado de la estación de Termini.

Por nuestra experiencia, os aconsejo que os alojéis cerca de la estación de Termini. Es la única zona de la ciudad en la que dispondréis de las dos líneas de metro, todo tipo de autobuses y taxis a cualquier hora del día. Además, hay muchos monumentos que no están muy lejos y los puedes visitar a pie.

El metro en Roma es una maravilla. Con sólo dos líneas, tenéis cubiertos los principales atractivos turísticos. El billete sencillo cuesta un euro, aunque hay pases de varios días. Tanto metro como autobús suelen ir a parir. Sin embargo, la ventaja del bus es que no suele haber revisor y mucha gente se abstiene de pagar.

Por otra parte, los taxis son bastante baratos si los comparamos con otras ciudades europeas. Sin embargo, lo de levantar la mano no sirve en Roma, debéis dirigiros a una parada o llamar por teléfono. El taxi sale muy bien de precio si vais cuatro personas.

Si os surge cualquier pregunta, no dudéis en preguntármela. En próximas entregas empezaré a sacarle el jugo a una fruta tan apetitosa como Roma.

¿Cuál fue la primera vez qué subiste a un avión? En mi viaje a Japón

2330079947 083a902030 ¿Cuál fue la primera vez qué subiste a un avión? En mi viaje a Japón

Mucha gente le tiene auténtico pánico a volar, sino que le pregunten al bueno de M.A. Barracus del Equipo A.

Volar por primera vez es toda una experiencia. En mi caso fue muy heavy, ya que la primera vez que me tocaba subir a un avión era para realizar uno de mis sueños: el viaje a Japón.

La cuestión tiene varios agravantes, ya que debíamos volar el día después de nuestra boda, así que nos acostamos a las 6 de la mañana (borrachos por supuesto) y nos levantamos sobre las 8 y media.

Luego viajamos a Valencia. Ahí fue donde tomamos el primer avión de nuestra vida dirección París y de ahí al aeropuerto de Narita, muy cerca de Tokyo. En total, desde que salimos del hotel de Alcoy hasta que llegamos al hotel de Tokyo pasaron 25 horas.

¿La experiencia? Para mí muy positiva, me encantó. Además soy de esas personas que cuando suben a cualquier objeto con motor me quedo frito. Vero lo pasó un poco peor. Lo malo fueron las estrecheces de los aviones de Air France y que a veces te desesperas cuando no sabes que hacer o tu compañero de asiento duerme y tu quieres ir al baño.

¿Y tú, cuál fue la primera vez que subiste a un avión?

Viaje a la India, las primeras impresiones

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El pasado verano estuvimos de viaje por India y Nepal. Fueron muchos meses de preparativos, sobre todo para mentalizarse.

Nosotros volamos con Alitalia haciendo el recorrido Valencia -Milán-Nueva Delhi, saliendo del destino a las 06:30 horas y llegando a las 22:00 horas de la India (tres horas y media menos en España).

A pesar de que cuando llegamos ya era de noche, el impacto térmico fue espeluznante. Nada más salir del avión notamos un golpe de calor brutal. Sabíamos que hacía calor ¿pero tanto? Cierto es que a los poco días de estar en India te acostumbras. Para que os hagáis una idea, a las diez de la noche estábamos a 33 grados a la sombra y con el 100% de humedad relativa.

La entrada al aeropuerto de Nueva Delhi nos pareció muy tranquila. Los funcionarios te miraban con muy mala cara, cosa que no entendíamos. Nada más llegar cambiamos 200 euros en rupias en el mismo aeropuerto. Luego descubrimos que habíamos hecho bien porque había mejor cambio que en los hoteles.

Tras salir a la zona de llegadas, comienzas a vislumbrar dónde estás. Decenas y decenas de personas con cartelitos esperan impacientes a que les digas que eres tú al que buscan, no obstante en la India son 1.100 millones de personas.

Una vez localizamos nuestro nombre, el chico nos subió hasta un coche que nos llevó al hotel. El mozo que aguantaba el cartelito trabajaba a su vez para el hombre que nos llevó al hotel, que su vez trabajaba para nuestro guía. Así funciona en la India ¿castas? No exactamente, pero la jerarquización en el trabajo es espectacular.

El hombre que nos acompañó en el coche hablaba muy bien el castellano y nos hizo las típicas preguntas que se pueden hacer a una persona que acabas de conocer. Se interesó por nuestra zona de España y nuestras costumbres. Nosotros le devolvimos las preguntas cortésmente.

Las dos cosas que más me llamaron la atención de nuestras primeras horas en la India fueron el tráfico caótico y lo verde que es Nueva Delhi. El tráfico merece una mención a parte, ya que hay miles y miles de coches, motos, rickshaws, triciclos circulando en todas direcciones, sin carriles delimitados, sin señales de tráfico, sin policía… el caos total. No entendíamos como no había accidentes, ya que en la India lo normal es pitar cuando quieres pasar. Luego nos enteramos que obtienes la licencia de conducir pagando, no pasas ningún examen, simplemente pagas, y cuanto más pagas más pronto obtienes el permiso de conducir.

Una vez llegamos al hotel gastamos nuestras primeras rupias en propinas (al chófer, a los maleteros…) una acción que no pararíamos de repetir a lo largo de todo el viaje.

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