Hace un par de semanas os hablé de la excursión al volcán de Nea Kameni, situado justo enfrente de la isla de Santorini. Normalmente tras visitar el volcán, el barco suele parar en Palea Kameni, aunque no llega ni a atracar en la isla, fondea junto a las rojas aguas termales que manan del subsuelo.
Imaginaos la situación. Acabábamos de subir y bajar de un volcán. La temperatura superaba los 30 grados, como en casi todo el viaje a Grecia. Y encima el tipo que iba en el barco empieza a decir que “el que tenga enfermedades respiratorias, coronarias o no esté en buena forma que no se tire a las aguas termales que están hirviendo”. ¿Os hubierais tirado? Pues la mayoría del barco lo hizo, pero yo no, me quedé haciendo algunas fotitos.
La verdad es que el lugar bien vale una parada. El contraste de colores es muy agradable a la vista. Tenemos los tonos negruzcos de las piedras volcánicas, los grises de la arena, el rojo de las aguas termales y el blanco impoluto de una pequeña ermita.
Luego cuando la gente empezó a subir al barco no me arrepentí para nada de mi decisión. Los bañadores y cuerpos estaban completamente rojizos y sucios… y todavía quedaban unas cuantas horitas hasta que finalizara la excursión. Esta vez mi falta de ímpetu no me salió tan mal.






























