
En pocos minutos comienza el cumpleaños de Vero, aunque como ya os anuncié el pasado viernes su regalo consistía en una escapada sorpresa a Tenerife para disfrutar de un fin de semana en el Iberostar Grand Hotel El Mirador emplazado en Costa Adeje.
Lo cierto es que aguanté el misterio hasta que llegamos al aeropuerto y pillamos las tarjetas de embarque. Yo le había dicho que iríamos a un lugar de España, en avión y que Teo debía quedarse en casa. La sorpresa le encantó, aunque su cara no fue nada en comparación a lo que vendría luego.

Ya os conté que había escogido el Iberostar Grand Hotel El Mirador por su condición de “Sólo Adultos”. Queríamos un hotel tranquilo, ideal para desconectar de todo y que tuviera los servicios necesarios para celebrar un momento especial. Yo había preparado un pequeño guión mental, pero la complicidad del personal del hotel lo hizo todo más mágico.
Nos queríamos dar un capricho. Era la primera vez que nos alojábamos en un cinco estrellas gran lujo en España y esperábamos un servicio acorde a su categoría, tal y como habíamos disfrutado en Asia. Nuestras expectativas fueron superadas con creces, tanto es así que necesitaré varios post para explicar todas las experiencias que tuvimos allí. Algunos ya las seguisteis en twitter.

No obstante, si tuviera que destacar algo, antes de ponerme manos a la obra, es el servicio y la atención recibida. Nos quedamos alucinados de la capacidad que tenía el personal para mimar hasta el último detalle. Las palabras amabilidad y hospitalidad se quedan muy pequeñas para calificar el trato que recibimos. En este aspecto, el hotel es de sobresaliente.
Después de darnos la bienvenida de una forma muy acogedora, nos acompañaron a nuestra habitación. Se trataba de la suite presidencial del hotel. Me hubiera encantado que alguien nos hubiera grabado la cara que pusimos, porque los ojos se nos salían de las órbitas. Sólo con deciros que era tres veces más grande que nuestro piso entenderéis nuestra reacción.

La habitación constaba de tres partes. Una era un recibidor enorme que disponía de cocina y de todo lo necesario para parapetarnos allí durante semanas sin necesidad de salir a la calle. Era como un apartamento grande.
La estancia principal tenía una cama enorme. Vero decía que era de 2×2 metros, aunque yo creo que más. Además estaba equipada con mil y un detalles. Nos llamó la atención la forma mecanizada de mover las persianas con apretar un botón. Al abrir otra puerta, Vero se topó con el vestidor. No se si visteis en su día este anuncio de Heineken, pero por lo visto muchas mujeres anhelan tenerlo en su casa, y Vero no es una excepción.

El cuarto de baño era todo de mármol, y su principal característica es que tenía ducha en un lado y al otro una enorme bañera circular. Todos los productos de tocador eran de la marca Bulgari.
Por último, estaba la terraza que era especialmente grande y con unas vistas fascinantes de la playa y de Costa Adeje. Lo mejor es que tenía un jacuzzi enorme desde el que podías ver el mar. Cualquier calificativo que penséis se queda corto.

Cuando se fue el botones, que nos enseño la habitación, nos miramos a los ojos y teníamos la misma expresión de estupefacción mezclada con felicidad. Lo primero que hicimos fue ponernos el bañador y meternos en el jacuzzi. También destapamos una botella de cava que nos habían regalado junto con unas fresas y cerezas con chocolate. Fue un momento muy especial.
¿Si esto es el principio, cómo será el resto? -nos preguntamos-. Pues lo sabremos en los próximos capítulos. De momento os diré que a Vero le gustó mucho su regalo de cumpleaños que empieza a la de ya. Sólo me queda felicitarla, así que…
Feliç aniversari Vero!!!