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Viaje a Suecia – Nuestro Midsommar en Marstrand

Midsommarstång en Marstrand

Nuestra viaje a Suecia coincidió con la celebración del Midsommar. Se trata de una de las fiestas más importantes del país y su objetivo es festejar la llegada del verano.

Lo curioso del tema es que nosotros escogimos esas fechas para huir de las masificaciones de las Hogueras de San Juan de Alicante. No esperábamos llegar a Suecia y toparnos con unas fiestas similares. Y digo similares, porque el Midsommar se celebra durante el solsticio de verano, al igual que las Hogueras.

Viatge a Suècia 500

No obstante, todo parece más civilizado. En vez de quemar enormes muñecos de cartón piedra, los suecos lo celebran en el campo, pues son unos festejos muy vinculados con la naturaleza.

Nosotros ignorábamos por completo este asunto. Fue en el momento que tomamos el autobús de Gotemburgo de Marstrand cuando empezamos a percatarnos de que era un día un tanto especial en Suecia. De repente, empezaron a subir al bus hordas de suecos y suecas vestidos como si fueran a ir a la discoteca. Gente guapa, que parecía que se dirigía inevitablemente a un botellón.

Buzón de Marstrand

Nosotros no entendíamos nada. ¿Nos habrán colado gato por liebre? Nuestra intención era pasar la noche en Marstrand, una preciosa localidad costera de poco más de mil habitantes. Marstrand es célebre por sus paisajes marinos, sus casas de madera y su tranquilidad. De hecho, en esta localidad de la provincia de Gotland no está permitido el tráfico rodado.

Entonces, ¿por qué nos parecía que todos los gambiteros de Suecia se dirigían hacia allí? Al llegar al precioso Marstrands Havshotell descubrimos el pastel. Beatriz, la simpática recepcionista uruguaya, nos explicó que la gente estaba allí por el Midsommar.

Música en directo para celebrar el Midsommar

Luego comprendimos que toda esa gente guapa resultó ser, además, gente rica que iba a celebrar el Midsommar en fiestas privadas, incluso navegando en yates, así que en el fondo no dieron tanto la lata por la zona del hotel.

Nosotros íbamos con Teo, así que no pudimos ver cómo se celebraba el Midsommar por la noche, mejor dicho, con el sol de medianoche. Sólo disfrutamos de una cena con música en el hotel, que para nosotros fue más que suficiente. Íbamos con un bebé de 18 meses, así que no era plan de que nos dieran las mil allí.

Teo en Marstrand

Lo que sí vimos al día siguiente fueron los restos de la batalla, a los que añadimos alguna explicación que nos dio Beatriz. Con las primera luces fuimos a dar un paseo y nos topamos con un Midsommarstång. Se trata de una especie de cruz de madera de la que cuelgan dos anillos cubiertos de flores. Por lo visto, alrededor de este palo la gente baila y canta para festejar la llegada del verano.

Nos hubiera encantado ver algo más que las migajas del Midsommar en Marstrand. El pueblo y la isla son una maravilla, así que prometemos volver cuando Teo se más mayor para conocer mejor esta tradición tan hermosa. We’ll be back!

Viaje a Suecia – Gotemburgo 360º

La noria de Gotemburgo

La semana pasada os hablé del espectacular parque de atracciones Liseberg de Gotemburgo y de lo mucho que había cambiado nuestra forma de viajar desde que lo hacemos con Teo. No obstante, me he dado cuenta de que los que hemos cambiado hemos sido nosotros, o al menos yo. Me explico.

En los últimos años hemos estado en varios parques de atracciones. Se supone que estas cosas le gustan a uno cuando es niño, adolescente o simplemente joven. También se supone que es divertido, porque buscas emociones fuertes y segregas adrenalina por un tubo. En mi caso nunca ha sido así. Jamás me he subido ni a unos malos autos de choque, a una noria ni mucho menos a una montaña rusa.

Espectacular noria en Gotemburgo

No obstante, cuando vi la gigantesca noria que hay en el puerto de Gotemburgo le propuse a Vero que subiéramos. ¿Qué me está pasando doctor? Ya sé lo que estáis pensando. Una noria es una atracción para nenazas y no tienen nada de valentía. Tenéis razón, pero hace cinco años no me hubiera imaginado a mí mismo diciendo eso de “¿por qué no subimos a la noria?”.

En fin que tras esta disertación os diré que nos lo pasamos en grande subiendo a la noria de Gotemburgo y que es algo que recomiendo encarecidamente a todos. Es una forma diferente de ver la ciudad, a vista de pájaro.

Subiendo a la noria de Gotemburgo

No hace falta que os explique como llegar hasta allí, porque podéis dar un paseo tranquilamente, ya que es una ciudad muy cómoda para el viajero. La zona del puerto de Gotemburgo es preciosa y la noria se ve a la legua, así que no tenéis pérdida.

Subir a la noria cuesta 95 coronas suecas (10,6 euros) por persona, lo que te da derecho a dar varias vueltas. En total estás en el aire entre 12 y 15 minutos. Ciertamente se nos pasaron volando.

Vistas de Gotemburgo desde la noria

La noria de Gotemburgo mide 60 metros, pesa 275 toneladas y tiene 42 cabinas con capacidad para 8 personas cada una. En la nuestra sólo íbamos Teo, Vero y yo. Pese a que era en un día festivo no había demasiada gente.

No hace falta que os diga que las vistas de Gotemburgo desde la noria son una auténtica maravilla. Se ve prácticamente toda la ciudad, especialmente la zona de Kanaltorget, la Opera House y el Älvrummet. Disfrutamos de las vistas y pasamos un buen rato en la noria. ¿Me estaré haciendo mayor?

Viaje a Suecia – Liseberg en Gotemburgo

Parque Liseberg en Gotemburgo

El Tivoli en Copenhague, el Ocean Park en Hong Kong y ahora Liseberg en Gotemburgo. De no haber pisado un parque de atracciones en mi vida, he estado en tres gigantescos en menos de un año. El responsable, sin duda, es Teo. Queremos que se sienta a gusto en los viajes e intentamos buscar lugares en los que se divierta tanto o más que nosotros. Eso es ser papás amigos.

Habíamos llegado a Gotemburgo la noche anterior, así que nos fuimos al hotel directamente. Suecia se encontraba celebrando el Midsommar y encima el tiempo les había hecho un guiño, porque el sol lucía radiante tanto de día como de noche.

Vero y Teo en Liseberg

Queríamos que nuestra primera visita en Gotemburgo fuera Liseberg. Estaba un poco más alejado del centro, al sureste, y así tendríamos el resto del tiempo para ver el casco antiguo y el puerto. Al ser festivo no había nadie por la calle y nos llevamos una decepción momentánea. Digamos que el camino de nuestro hotel, cerca de la estación central, hasta Liseberg no es lo más bonito de Gotemburgo. Hay edificios y parques preciosos, ¿pero dónde estaba la gente? Sin personas la ciudad parecía triste y desangelada.

Llegamos allí cerca de las 10:30 de la mañana y estaba cerrado, no abrían hasta las 11. Pronto empezaron a llegar hordas y hordas de suecos, todos en familia y con muchísimos niños rubios y guapos. Ahí estaba la gente, sólo había que buscarla. Pese a la colas, aquello se movió muy rápido y tras pagar 90 coronas suecas (9,85 euros) por barba, estábamos dentro del parque de atracciones más grande de Suecia.

Estrella de los Rolling Stones en Liseberg

Liseberg es gigantesco, pero parece que toda la ciudad esté allí metida. No obstante, recibe tres millones de visitantes al año. Eso sí, el ambiente es fantástico, y si vas con un niño mucho más. Tiene ese toque clásico del Tivoli y muchos jardines, fuentes, restaurantes, escenarios…

Había gente de todas la edades y con ganas de pasarlo bien. Las colas más grandes se centraban en una enorme montaña rusa, una atracción denominada Kanonen y la Torre Liseberg. Como no somos amantes de las esperas y Teo es demasiado pequeño, nos centramos en otras atracciones donde se libera menos adrenalina.

Teo y Pau en Liseberg

Cochecitos antiguos, tiovivos y una especie de tenecito donde había cuentos. Suena mu a nenaza, pero Teo se lo pasó en grande y nosotros viendo como se reía. No obstante, hay atracciones para distintos grados de valentía y para todas la edades. Los precios de las atracciones oscila entre las 20 coronas suecas y las 80, pero los niños como Teo no pagan.

A parte del ambientazo, también me llamó la atención la cantidad de estrellas con nombres de famosos que había por el suelo. Se supone que es gente que ha actuado ahí. Desde los Rolling Stones a Micheal Jackson, la colección de superstars rutilantes era impresionante.

Ruleta de Toblerone en Liseberg

Otra atracción que no paraba de retar a mi adicción al chocolate fue una especie de ruletas donde sorteaban los dulces que más me gustan pero en versión Andre el Gigante. Probé suerte con el Toblerone de dos kilos, pero la diosa fortuna no me sonrió. Cada vez que me cruzaba con gente blandiendo aquellas chocolatinas descomunales me daban ganas de atacarles como un zombie.

Así es Liseberg, el parque de atracciones más grande de Suecia. Pese a que estos lugares no me gustan demasiado, nos lo pasamos muy bien y disfrutamos de lo lindo con Teo y con la algarabía que allí se vive. Nunca encontrarás un lugar con más sonrisas.

Viaje a Suecia – Estocolmo desde el agua

Viatge a Suècia 237

Últimamente hemos tenido la suerte de viajar a varias ciudades con canales, y la verdad es que recorrerlas desde el agua te da otra perspectiva, siempre interesante.

Aunque Venecia es la ciudad de los canales por excelencia, Estocolmo no le va a la zaga en belleza. La capital de Suecia está construida sobre las 14 islas que separan el mar Báltico del lago Mälaren, por lo que dispone de un montón de vías fluviales para recorrerla desde el agua.

Ciclista esperando en Estocolmo

Es una ciudad que vive de cara al mar y su lago. Se nota en la cantidad ingente de embarcaciones que atracan en sus muelles o en los numerosos palistas que ves practicando kayaking desde el agua.

Muchos amigos nos habían recomendado que disfrutáramos de la experiencia de recorrer Estocolmo desde el agua o que navegáramos por el archipiélago. Como disponíamos de la Stockholm Card, escogimos un recorrido panorámico de casi dos horas que partía desde Nybrokajen, muy cerquita de nuestro hotel.

El Ayuntamiento de Estocolmo visto desde el agua

Pese a que el día anterior habíamos tenido un clima un tanto perruno, esa mañana el sol lucía espléndido y decidimos hacernos a la mar. El barco que tomamos era muy alargado y bajo. Disponía de un montón de ventanillas para no perder detalle de los atractivos de Estocolmo.

En cada asiento hay unos auriculares donde te explican minuciosamente la historia y curiosidades de los edificios y lugares de Estocolmo por los que vas pasando. Hasta Teo decidió ponérselos.

Teo con auriculares

El recorrido que escogimos nosotros es muy completo, pues ves zonas de Estocolmo que de otra forma sería muy complicado contemplar. El tamaño del barco permite pasar por debajo de hasta 15 puente y dos compuertas, instante en el que quizás se viven los momentos más emocionantes.

Nuestra carreteras eran el mar Báltico y el lago Mälaren desde donde no perdimos detalle del Palacio Real, el Gamla Stan, las islas Södermalm, Lilla y Stora Essingen, el área nueva de Hammarby Sjöstad y el célebre Djurgården, donde divisamos el Vasa Museet, Skansen o Junibacken.

Grúa con forma de jirafa en Estocolmo

Este paseo en barco recorre Estocolmo de la A a la Z, aunque sea fugazmente. Ideal para gente que dispone de poco tiempo en la ciudad. Además de las estupendas vistas, aprendimos un montón de anécdotas sobre la ciudad, tanto históricas como las más recientes. Eso sí, el embarazo de Victoria de Suecia todavía no se había anunciado.

Quizás haya gente que huya de estos tours guiados, por su falta de autenticidad. No obstante, merece la pena sólo por descubrir ese aroma marinero de Estocolmo, para mi gusto, una de las capitales más hermosas del norte de Europa.

Viaje a Suecia – Tras los pasos de Pippi Långstrump

Teo en Junibacken

Como nos había quedado un regusto agridulce en Skansen por culpa de la lluvia, decidimos que teníamos que buscar otro sitio en el que Teo se lo pudiera pasar en grande en Estocolmo, lo cual no iba a ser demasiado complicado.

No tardamos mucho en deliberar que nuestra siguiente visita sería a Junibacken, un lugar perfecto para niños. Esta mezcla de museo y casa de juegos está dedicada a los personajes literarios creados por la escritora sueca Astrid Lindgren. Quizás su nombre no sea demasiado conocido en España, aunque sobran las presentaciones con Pippi Långstrump, su obra más conocida.

Los cuentos de Junibacken

Como disponíamos de la Stockholm Card, pillamos un tranvía y nos plantamos de nuevo en Djurgården que es donde se encuentra Junibacken. No tiene pérdida, pues está justo al lado del Vasa Museet.

Antes de entrar ya vimos que era un sitio perfecto para los más pequeños por la cantidad de cochecitos de bebé que había “aparcados” en el exterior.

La casa de Pippi Långstrump

Lo primero que te llama la atención cuando entras es una enorme sala de juegos con muchos cachivaches de los cuentos de Astrid Lindgren. Es como una pequeña ciudad con sus casas y caminos donde los niños disfrutan como enanos. El jaleo y la algarabía que armaban los pequeños era casi tan grande como la sonrisa de los padres.

Lo más espectacular de Junibacken, tanto para los niños como para los mayores, es una especie de mini tren que te sumerge en los cuentos más populares de Astrid Lindgren. En esta zona no está permitido hacer fotos, así que no os lo puedo mostrar, pero es un recorrido mágico.

Juegos en Junibacken

La visita está disponible en varios idiomas, incluyendo el castellano, y parte de una réplica de la estación de tren de Vimmerby, ciudad natal de la escritora. Me hubiera encantado que vierais la cara que ponía Teo cuando el tren volaba, aparecía un personaje o sonaba una música. Muy, muy logrado y perfecto para conocer de una forma amena y didáctica la obra de Astrid Lindgren.

El tren te deja justo en otra gran sala de juegos que está ambientada en las historias de Pippi Långstrump. Yo no me acordaba demasiado de la serie, pero enseguida me vinieron algunos flashes al ver la casa y otros juegos. Teo se lo pasó bomba hasta que se tiró por un tobogán demasiado grande para él y se dio un golpe. Como siempre fue más el susto que el daño.

Decorados de Junibacken

Para completar la visita, Junibacken cuenta con un restaurante donde sirven comida típicamente sueca orientada a los niños, y una mezcla entre librería y juguetería con un montón de material didáctico y lúdico muy interesante.

Acudimos a Junibacken guiados por la nostalgia, tras los pasos de Pippi Långstrump. Sin embargo, encontramos un lugar divertido, educativo, lleno de colores y risas. Teo disfrutó de lo lindo y nosotros con él.

Aunque no se escuche en ningún momento, es imposible salir de allí sin tatarear la canción…