La imaginación, esa poderosa fábrica de sueños. Esa que permitió a Rutger Hauer ver rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser o a Julio Verne describir la entrada al centro de la Tierra sin haber estado jamás en Islandia. Esa misma fuerza es la que debemos emplear cada vez que visitamos unas ruinas con casi 2.000 años de antigüedad para intuir la grandeza del lugar.
Y eso es lo que intenté hacer en el paseo que di por las termas de Caracalla en mi reciente viaje a Roma con MyVuelingCity. La fama suele ser un premio exclusivo del Coliseo o del Foro Romano, pero este rincóntempl tiene algo muy especial, una belleza y una sensación de sosiego fuera de lo común.
No dejan de ser ruinas romanas, pero para los amantes del bel canto es un templo que siempre quedará marcado por un aria, el Nessun dorma del Turandot de Puccini interpretado por el gran Luciano Pavarotti.
Y es aquí donde vuelve a entrar en juego la imaginación. Entre paso y paso por los jardines y las ruinas de las termas de Caracalla traté de fantasear, cerrar los ojos y escuchar el torrente de voz del tenor de Módena dejando boquiabiertos a todos con su interpretación del Nessun dorma. Te guste o no la ópera, el vello se pone de punta igualmente.






















