Etiquetas | Qué ver en Varanasi

El Ganges en Benarés

En barcaza por el Ganges

Un río, el Ganges es sólo un río, pero es el equivalente a La Meca para los musulmanes, el Muro de las Lamentaciones para los judíos, o la Iglesia del Santo Sepulcro para el Cristianismo.

Un río, el Ganges es sólo un río, pero durante el Kumbh Mela puede llegar a bañar a más de 70 millones de peregrinos del Hinduismo.

Un río, el Ganges es sólo un río, pero en la ciudad de Benarés disfrutamos de lo lindo viendo las caras de la gente, lo bien que se sentían consigo mismo cuando se sumergían en sus sucias aguas. Yo no lo haría.

Paseo por el Ganges

Un río, el Ganges es sólo un río, pero a su paso por Benarés, le han construido más de 90 ghats de vivos colores, que aunque muchos se usan para el baño, otros se utilizan para poner fin al viaje de la vida y al ciclo de las reencarnaciones.

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El Bharat Mata o templo de la Madre India en Varanasi

Templo de la Madre India en Varanasi

Los blogs de viajes como éste tendemos normalmente a hablaros de lugares fantásticos, a deciros lo bonito que es todo lo que visitamos o recomendaros lugares increíbles. Pues bien, no es oro todo lo que reluce, en los viajes también hay muchos lugares que no cumplen las expectativas, o que simplemente no merecerían ni ser visitados.

Uno de esos casos se dio durante nuestro viaje a la India, concretamente con el Bharat Mata Temple, también conocido como Templo de la Madre India.

Se trata del primer lugar que visitamos en Varanasi. Yo tenía unas ganas enormes de ver los ghats, el Ganges o el Kashi Vishwanath y resulta que el guía decide mostrarnos este templo primero. Resultó bastante atípico y frío, desde luego que no le pega mucho a una ciudad tan caótica y viva como Benarés.

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Sadhus, los ascetas de India y Nepal

Sadhu en un ghat de Varanasi

Una de las imágenes que más suele impactar en los viajes a India y Nepal son los sadhus. Los viajeros se quedan muy sorprendidos de ver a estos hombres sin ropajes, con el pelo muy, muy largo y la cara o el cuerpo ataviado con pinturas de colores. Sin duda, dan una sensación de exotismo única.

¿Pero qué son realmente los sadhus? Pues depende un poco de a quien escuches. Nuestro guía de la India decía que eran unos vagos y sinvergüenzas que se dedicaban a sacarle la pasta a los turistas. ¿Quién fue a hablar? Él sí que era un sacarupias. La verdad es que algunos sadhus te piden un donativo tras hacerles una foto, aunque esto es una práctica bastante generalizada entre los hindúes. En el momento te pida dinero sabes que ese no es un verdadero sadhu.

Sadhu en Varanasi

En realidad, los sadhus están muy relacionados con el Hinduismo. En principio son ascetas, gente que renuncia a ciertos hábitos de la vida en sociedad  y a la mayoría de placeres mundanos. Sobre todo los fisiológicos. Muchos de ellos son practicantes de yoga o simplemente monjes errantes que han abandonado las enseñanzas de su gurú o maestro. La meditación y la vida contemplativa es lo que les va.

Pero no os penséis que esto de ser sadhu es una cosa de cuatro chalados. Sólo en la India se estima que hay unos cinco millones. Nosotros vimos sadhus en casi todas las ciudades de India y Nepal que visitamos, sobre todo en lugares cercanos a los templos y a los crematorios. ¿A qué se debe esto? Pues a que muchos sadhus se dedican a observar a los brahmanes, que es la casta superior y la que oficia las ceremonias y ritos. Varanasi y Kathmandú es donde más sadhus vimos durante nuestro recorrido.

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Slumdog Millionaire y las miserias de la India

Slumdog Millionaire

Hace unas horas Vero y yo hemos ido a ver Slumdog Millionaire. Es una de esas películas sobre las que se crean grandes expectativas, de hecho, la sala de cine estaba bastante llena. Yo esperaba especialmente este estreno para ver lo que trasmitía Danny Boyle sobre la India.

La película está bastante bien narrada, a pesar de sus continuos saltos en el tiempo. La trama es la típica historia de amor y superación personal, aunque ambientada en uno de los barrios más pobres del mundo. Tranquilamente podemos ponerle un notable, pero no esperéis una obra maestra. Para mí las escenas del concurso son las peores, incluso estorban.

Pero no voy a haceros una crítica de Slumdog Millionaire, para eso ya tenéis otros medios y bitácoras especializadas. Este es un blog de viajes, y como tal, me gustaría ver los aspectos en los que coincido, o no, con la visión que Danny Boyle ofrece de la India.

En primer lugar, los niños de la calle. En la película se ve como el hambre agudiza el ingenio y como muchos de estos niños caen en redes de las mafias que los obligan a mendigar. Incluso, les mutilan para que den más lástima. Esto lo vimos tal como se cuenta en la película. En nuestro viaje a India y Nepal nos costaba muchas veces salir a la calle. Era poner un pie en el asfalto y te sentías agobiado por estas muchedumbres de niños. Mucho pillo y algún que otro caradura entrañable.

La religiosidad también está presente en este largometraje. La eterna lucha entre creencias provoca disturbios sin sentido. Nosotros no vimos ninguno, aunque la tensión se palpaba entre los distintos cultos.

Otro aspecto que se ve muy bien en Slumdog Millionaire, es lo que yo denomino la caza del turista. Todo vale para desplumar al hombre blanco. Triquiñuelas, engaños, y tretas. Todo por la pasta. Si no perdéis la sonrisa y las buenas maneras no habrá ningún problema.

También hay momentos de extrema violencia, a veces provocada por la necesidad, y otras consentida por la pasividad de la policía hindú. Sólo tenemos que recordar el incidente en el aeropuerto de Varanasi.

Sin embargo, creo que Danny Boyle lo exagera todo un poco. Si un occidental basara su decisión de ir a la India sólo por lo que ve en Slumdog Millionaire, nunca realizaría ese viaje.

La India es mucho más que miseria, fanatismo religioso, codicia o violencia. Es un país diferente, fantástico, mágico en el que todo es posible. Yo siempre digo que un occidental debe ir al menos una vez en su vida a India para experimentar lo que allí se siente. Difícilmente se puede expresar con palabras, ya que los extremos se tocan constantemente.

Podéis ir a ver Slumdog Millionaire y quedaros con la moraleja de la película. Sacad una conclusión positiva y posteriormente lo contrastáis con un viaje a la India. Luego pasáis por el pachinko y me lo contáis.

Pau con dos niñas hindúes

La fiebre de los souvenirs

Vero comprando souvenirs en Kathmandú

Uno de los mayores “peligros” para acabar sin blanca durante los viajes son los souvenirs. Cuando ejerces de turista te invade una especie de estado mental en el que te piensas que todo lo que ves son gangas, obras de arte y cosas muy necesarias. Nada más lejos de la realidad.

Por eso, los souvenirs se merecen un apartado especial en las estanterías cajones y armarios. Son el recuerdo de tu insensatez y deben estar siempre presentes para que no lo vuelvas a hacer. Va a ser que no. De hecho, hay algunos souvenirs a los que les acabas cogiendo cariño porque significan algo especial y te recuerdan un gran momento del viaje.

Ayer publiqué esta foto dónde aparecen algunos de los más significativos de nuestros viajes. Enhorabuena josecrem, eres una máquina reconociendo souvenirs.

Souvenirs

De izquierda a derecha:

– Lo que habéis calificado como una funda de cuero trenzado, lleva en su interior una flauta. Ni Vero, ni yo sabemos tocarla. Fue adquirida en los templos de Angkor en Camboya por un dólar.

– La muñeca Kokeshi fue comprada durante nuestro viaje a Japón, concretamente en una tienda de souvenirs de Omotesando en Tokyo (東京). No recuerdo el precio, pero es uno de nuestros favoritos.

– La pequeña vasija de latón contiene agua del rio Ganges. La compramos de madrugada mientras contemplábamos los ghats de Varanasi. Nos la vendieron en el mismo río, ya que los comerciantes se acercan a tu barca con otras embarcaciones más pequeñas. Creo que pagué entre 100 y 150 rupias, aunque no me hagáis mucho caso.

– Lo del Zippo estaba claro. Fue adquirido en los túneles de Cu Chi de Vietnam. Te los venden como auténticos, pero evidentemente son reproducciones. Nos costaron a 70.000 Dongs la unidad.

– Por último, tenemos el cuenco de meditación. Nos hicimos con él cerca de la stupa de Bodnath en Kathmandú. No recuerdo el precio. En Nepal creen que al frotar el cuenco con esa especie de mortero se emite un sonido que te ayuda en la meditación budista.

Estos son algunos de nuestros souvenirs más representativos. A mí me da por las camisetas y a Vero por los cuadros, láminas, imanes de nevera y cachibaches. ¿Qué souvenir recordais con cariño y cuáles con desdén?