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El capricho de no hacer nada en Cancún

Playa de Cancún, México

Han pasado más de seis años desde que empezamos la aventura de este blog y en todo este tiempo no habíamos disfrutado de unas vacaciones “de verdad” hasta que llegó el viaje a México de hace tres meses. Nos sentimos muy afortunados porque no hemos parado de viajar, pero hasta ahora no nos habíamos permitido el lujo de hacerlo sin diseñar un itinerario que cumplir a rajatabla, sin cambiar de alojamiento cada pocos días, tratando de aprovechar los días al máximo o estando obsesionados con hacer fotos y encontrar buenas historias para compartir en esta u otras bitácoras.

Cancún fue el destino escogido para este inapelable paréntesis y nuestra única ambición durante los días que pasamos en este paraíso caribeño fue descansar junto al mar. Desconectar de todos y de todo, un capricho que sinceramente nos sentó de maravilla pese a tener un mundo de posibilidades y atractivos mexicanos a nuestro alcance.

Teo en Cancún

A priori, cruzar el charco con dos niños de cuatro y un año no parecía la mejor forma de empezar unas vacaciones de relax en México. Al ser Semana Santa los vuelos directos entre España y Cancún estaban por las nubes, así que para abaratar costes volamos vía Estados Unidos. Los tediosos trámites aduaneros en Chicago y las distintas escalas alargaron más de la cuenta el viaje, pero el esfuerzo mereció mucho la pena.

Llegamos a Cancún exhaustos y de noche. El mercurio superaba los 30 grados a esas horas, a pesar de que nos encontrábamos en abril. El transporte que habíamos contratado previamente desde España no nos estaba esperando al salir del aeropuerto así que la fatiga hizo que nos temiéramos lo peor. Nuestros miedos infundados se desvanecieron cuando apareció un señor con un cartelito en el que se podía leer nuestro nombre y encendió el aire acondicionado de su furgoneta. La entretenida conversación que tuvimos con aquel hombre nos vino bien para combatir la somnolencia y en un visto y no visto llegamos a nuestro hotel. El feroz tráfico de la ciudad nos dio una tregua aquella noche.

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Cerrado por vacaciones (muy necesarias) nos vamos a México

Amanecer en Cancún

Una imagen como ésta es la que esperamos encontrarnos cada mañana cuando despertemos los próximos días. Creo que nunca habíamos necesitado unas buenas vacaciones tanto como esta temporada de nuestras vidas, así que nos vamos de viaje a México con el objetivo de no hacer nada de nada.

Seguro que últimamente habéis notado una producción menor de post, y es que estamos al límite de nuestras fuerzas. Desde que ha nacido Oriol las satisfacciones se han multiplicado por dos, pero también las atenciones que necesitan nuestros hijos. Han sido unos meses frenéticos, llenos de vivencias y proyectos interesantes, pero toca decir basta.

A estas circunstancias debemos añadir que todos los viajes que hemos hecho en los últimos meses tenían objetivos muy distintos a los de unas vacaciones de relax. Hemos disfrutado de los destinos y experiencias, pero no hemos descansado. Por estos motivos, hemos decidido parar la maquinaria, recargar las pilas y desconectar de todo y de todos durante unos días. ¿Lo conseguiremos?

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