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Viaje a Vietnam – Veleros de Juncos

La Bahía de Ha Long desde lo alto

Una de las experiencias más increíbles de nuestro viaje a Vietnam fue la visita a la Bahía de Ha Long. Ya os hablé largo y tendido sobre ella, por eso aquí va mi recomendación de hoy. Si os lo podéis permitir, pasad al menos una noche en uno de los veleros de juncos.

Mascarón de proa de un junco en la Bahía de Ha Long

Los veleros de juncos, que también se conocen como juncos a secas o barcos dragón, son preciosos barcos de fabricación tradicional, cuya principal característica son sus velas en forma de abanico fabricadas con algodón rugoso y cosidas a mano. Normalmente como mascarón de proa tienen la cabeza de un dragón.

Replegando las velas de un velero de juncos

Aunque tengan velas, los juncos tienen motor y es realmente lo que funciona para navegar. Por dentro, están equipados mejor que algunos hoteles, al menos en el que estuvimos nosotros. Nuestro camarote tenía de todo y pasamos allí una noche muy agradable.

Vero i Pau en la Bahia de Ha Long

Los juncos están equipados también con salones restaurantes. Todas las comidas y cenas a bordo fueron deliciosas y muy divertidas, sobre todo una comida en la que nos pasamos un poquito con la bebida y estuvimos más contentos de lo habitual.

Veleros de juncos atracados sobre la Bahía de Ha Long

Los veleros de juncos también disponen de pequeñas lanchas motoras para disfrutar de alguna que otra excursión por las cuevas de la Bahía de Ha Long. Lo malo es que a ciertas horas del día hay muchísimos juncos en la zona, pero su visión no estropea para nada el paisaje.

Amanecer en la Bahía de Ha Long

Sin embargo, lo mejor de disfrutar de los juncos, es la posibilidad de pasar una noche arropados por la tranquilidad de la Bahía de Ha Long y sus increíbles vistas. Los atardeceres y amaneceres que vimos sobre el junco son de los más bonitos que hemos visto en nuestras vidas. Son momentos irrepetibles, así que todos los viajes a Vietnam deberían tener una vivencia como esta.

Viaje a India – Kandariya Mahadev

Kandariya Mahadev

Cuando repaso las fotos de mis primeros viajes me arrepiento muchísimo de no haber tenido más experiencia con la fotografía o una cámara más apropiada. En nuestro viaje a India y Nepal, estuvimos en lugares increíbles, aunque las imágenes que capté entonces no están a la altura. Además de la cámara, me hubiera gustado tener la paciencia y el tesón necesario para documentar gráfica y adecuadamente aquellos rincones.

Uno de los lugares que más me encandiló de India fue el templo Kandariya Mahadev, construido en honor de Shiva entre los años 1025 y 1050 por los Chandelas. El Kandariya Mahadev es la verdadera estrella de los célebres templos eróticos de Khajuraho, de los que ya os he hablado en alguna ocasión.

Pau ante el Kandariya Mahadev

El Kandariya Mahadev está situado en el parque vallado del grupo occidental de los templos. Para acceder, simplemente tenéis que pagar 250 rupias. Si fuerais locales sólo pagaríais 20.  This is India!

Conforme te vas acercando ya te impacta sobremanera. Su torre o sikhara de 31 metros de altura quizás tenga la culpa. Sobre ésta, se agolpan hasta 84 réplicas de menor tamaño, dando la impresión de ser una cordillera más que un templo. No olvidemos que es la morada de Shiva.

Esculturas eróticas del Kandariya Mahadev

Pero el Kandariya Mahadev sorprende tanto por su espectacular tamaño, como por sus elaborados detalles. Hasta 872 estatuas de apsaras, escenas eróticas, dioses, bestias mitológicas y un montón de figuras talladas en piedra de una forma sublime e inesperada.

Estatuas de los templos eróticos de Khajurajo

Me parece fascinante que esta ciudad de menos de 20.000 habitantes tenga un complejo de templos tan espectaculares y célebres. Merece la pena desviarse un poco de los circuitos de viajes tradicionales de India para visitar esta pequeña población del norte de Madhya Pradesh. Seguro que no os arrepentís.

Viaje a Japón – Shirakawa-gō

Casas tradicionales de Shirakawa-gō

Dejamos de momento las aventuras en Takayama y su fallido Sannō Matsuri, aunque no abandonamos todavía la prefectura de Gifu ni la lluvia. Nuestra siguiente etapa del segundo Viaje a Japón tuvo lugar en el idílico pueblo de Shirakawa-gō.

Para llegar a este pueblecito, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pillamos un autobús desde Takayama. Paulatinamente nos fue conduciendo hacia el norte de Gifu bajo una lluvia torrencial. Parecía que el agua estropearía la belleza del lugar, aunque eso se antoja complicado con Shirakawa-gō. Al contrario, la lluvia le confería al pueblo un halo de misterio primitivo muy peculiar.

Vero en Shirakawa-gō

Shirakawa-gō es célebre por sus más de 100 edificios gasshō-zukuri, unas construcciones de madera, especialmente diseñadas para combatir los rigores del duro invierno en la región de Hida. Su principal característica es la forma tan inclinada de sus tejados fabricados con paja, ideales para evitar la acumulación de nieve.

El pueblo de Shirakawa-gō es muy pequeño, de unos 600 habitantes, así que se puede recorrer tranquilamente en un par de horas a pie. Nada más bajar del autobús, tenéis la oficina de turismo y el Gasshō-zukuri Minka-en, un museo donde se conservan edificios de estilo gasshō-zukuri y que puedes visitar por dentro. La entrada cuesta 500 yenes.

Puente colgante de Shirakawa-gō

Pero lo realmente bonito está a la otra parte del río Shō-kawa. Lo primero es cruzar el puente colgante y pararse unos instantes a ver las aguas. Justo al otro lado, está el centro neurálgico de Shirakawa-gō. El asentamiento de Ogimachi.

Pese a la lluvia, nos pareció uno de los lugares más bonitos de Japón. Además de las tradicionales gasshō-zukuri, la zona cuenta con varios templos, restaurantes, cafeterías, tiendecitas de souvenirs y cultivos de arroz tradicionales. Lo curioso es que todos los edificios respetan la estructura de los gasshō-zukuri.

Torii de Shirakawa-gō

Nosotros fuimos haciendo varias paradas para entrar en calor y resguardarnos de la lluvia. La más reconfortante en un puestecito de ramen calentito o una tienda de frutos secos rebozados con sabor wasabi.

También visitamos algunas de las casas más célebres del pueblo, como la Kanda-ke. En su entrada tenían fotos de la visita de miembros de la familia imperial y de la televisión de Japón. Dentro se estaba muy calentito. Las casas son enormes edificaciones de madera con el tradicional hogar encendido en el centro. Era muy curioso ver cómo el humo iba saliendo por los respiraderos naturales sin acumularse.

Babuchas en la Kanda-ke

Si alguna vez tuviera que escoger un pueblo con encanto, ese sería Shirakawa-gō, un lugar completamente distinto a cuantos haya estado jamás. Es otro Japón diferente, un Japón rural, de montaña, tradicional y hermoso, muy hermoso. Tanto, que un día tan horrible no nos pudo estropear.

Viaje a Nepal – Patan Durbar Square

Patan Durbar Square

Siempre que vemos algún documental de viajes, le suelo preguntar a Vero cual es el país del mundo que mejores sensaciones le dejó. Siempre me contesta lo mismo, Nepal. Y la verdad es que no hablo mucho de aquel pequeño país. Así que vamos a remediarlo.

Los días que pasamos en el Valle de Kathmandú me evocan muy gratos recuerdos. Un lugar que recuerdo con especial cariño es Patan, una de las ciudades budistas más antiguas del mundo. También conocida como Lalitpur, esta pequeña joya fue fundada en el siglo III aC.

Krishna Mandir

Cabe decir que uno de los mayores atractivos de esta ciudad es su preciosa Patan Durbar Square, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO gracias a sus preciosos y antiguos edificios de color rojizo.

Hace más de dos años que visitamos la Patan Durbar Square, pero todavía recuerdo el fabuloso Krishna Mandir o el Hiranya Varna Mahavir, más conocido como el templo dorado de Patan.

La sonrisa de Patan

Pero como siempre, lo mejor de Nepal es su gente, las sonrisas que nos dedicaron y los colores tan bonitos que componían aquella estampa. El rojo de los edificios, el verde de las frutas y el blanco de las sonrisas.

Un lugar fantástico en el que podríais pasar una buena tarde visitando puestecitos de artesanías o comiendo en alguna de las terrazas. Nepal es lo que tiene, nunca te deja indiferente.

Viaje a Vietnam – Bahía de Ha Long

A bordo de un junco en la Bahía de Ha Long

Si hay algún rincón de Vietnam que se podría calificar de imprescindible, sería la Bahía de Ha Long. Se trata de una auténtica maravilla para los sentidos, a pesar de que está muy masificada turísticamente hablando. Los vietnamitas se sienten muy orgullosos de este pedazo de paraíso y su orgullo está más que justificado.

La Bahía de Ha Long desde lo alto

En todos los rincones del país encontramos referencias a la Bahía de Ha Long y muchas de las agencias turísticas del país la venden como el gran reclamo que es. Sin duda, su nombramiento como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994, ayudó a popularizar este destino tan idílico.

Vendedora ambulante en la Bahía de Ha Long

Nuestro viaje a Vietnam cerraba la etapa norteña en la Bahía de Ha Long. Fuimos en coche desde Hanoi, un trayecto que duró unas cuatro horas haciendo varias paradas.  Lo único que sabíamos es que pasaríamos la noche en un junco, el barco típico vietnamita, y que aquello nos iba a maravillar.

En las grutas de la Bahía de Ha Long

Cuando llegamos a la zona, comenzamos a ver ríos de gente. Tened en cuenta que en la bahía navegan cerca de 400 embarcaciones. La mitad regresan al anochecer y el resto pasa la noche durmiendo en los juncos. Aquí no busquéis el Vietnam auténtico porque no lo hallaréis. A cambio tenéis una experiencia visual y sensorial muy placentera. En definitiva, un paisaje que jamáis olvidaréis.

Puesta de sol en la Bahía de Ha Long

Para que os hagáis una idea, la bahía está compuesta por más de 3.000 pequeñas islas de origen cárstico. El mar se tiñe de un color esmeralda muy peculiar, que junto con las rocas forman un atolón muy singular en pleno golfo de Tonkín. Conforme vas navegando sales al paso de más y más islas. Un horizonte interminable de pequeños puntos de roca y vegetación.

Casi es de día en la Bahía de Ha Long

Nuestro guía “cubano” nos contó que Ha Long significa donde el dragón se sumerge en el mar. Y es que según la leyenda, una familia de dragones ayudó a los vietnamitas a combatir a los invasores venidos de China. Los dragones llenaron la bahía de joyas y jade, que posteriormente se transformaron en islas. Sin duda, un lugar de leyenda.

Primeros rayos de sol en la Bahía de Ha Long

Nosotros estuvimos un día de crucero a bordo del junco. Allí nos trataron de maravilla en lo que a comida y bebida se refiere. Todos los menús estaban compuestos por pescado fresco y marisco. Además en una de las comidas nos pillamos una buena cogorza gracias a una botella de champagne francés. También visitamos varias cuevas interiores con estalactitas y estalagmitas e islas de extrañas formas. Además, nos bañamos en una playa y disfrutamos de la brisa, un atardecer de cuento y un amanecer increíble.

Amanecer en la Bahía de Ha Long

Creo que con este menú tan irresistible es imposible decir que no a la Bahía de Ha Long, una guinda perfecta para cualquiera que se atreva a emprender un viaje a Vietnam y Camboya. Los amantes del mar, los deportes acuáticos y la naturaleza os sentiréis como en el Jardín del Edén.