Después de una jornada entera entre aviones y aeropuertos, lo primero que hicimos en tierras niponas fue pillar el Narita Express para posteriormente dirigirnos al Park Hotel Tokyo. Inmediatamente después de hacer el check-in, nos dimos una ducha reparadora y nos cambiamos para afrontar la primera tarde de nuestro segundo viaje a Japón (日本). ¿Que sería lo primero que veríamos en Tokyo (東京)? Paradojicamente fue Shinjuku (新宿区).
En nuestro primer viaje a Japón, Shinjuku fue nuestra base de operaciones, aunque quizás por este motivo no visitamos los edificios más turísticos. Había llegado el momento de subirse al edificio de Oficinas del Gobierno Metropolitano de Tokyo y quitarse la espinita con Shinjuku. Como ese día todavía no disponíamos de JR Pass, pillamos la Toei Ōedo Line hasta la parada de Tochōmae. Una vez allí sólo hay dirigirse a la salida A4.
Más conocido como el Tochō, este mastodóntico edificio de 243 metros fue diseñado por Tange Kenzō. Está inspirado en las catedrales europeas y dispone de dos miradores a los que se accede desde la primera planta. A pesar de que era viernes por la tarde y la entrada era gratuita, no tuvimos que hacer mucha cola para subir al ascensor. Eso sí, en el elevador notamos los primeros apretujones del viaje a Japón. Desde arriba se tienen unas vistas fantásticas de Tokyo. Dicen que se ve el Fuji en los días despejados. Desgraciadamente, esa tarde no se dio el caso.
Shinjuku es un barrio enorme, además de ser el centro neurálgico de los negocios de Tokyo. Recorrerlo entero a pie puede ser toda una osadía, aunque un paseo largo por Shinjuku es más que recomendable. Nosotros nos dedicamos a callejear entre los tradicionales puestecitos de comida que compiten en popularidad con los grandes centros comerciales.
Cuando empieza el ocaso del sol y los salaryman desfilan hacia los abarrotados metros, Shinjuku cobra un color especial. Los neones se apoderan del cemento y le trasfieren al barrio un halo de futurismo que enamora con cada destello. Este es el Tokyo de Blade Runner, el Tokyo que encandila con sus luces, el Tokyo que nunca duerme.
El retorno a Shinjuku fue breve pero intenso. Suficiente para evocar recuerdos de días felices y descubrir que Tokyo seguía tan vivo como lo recordaba.
Lo mejor de Shinjuku:
- Las vistas desde el Tochō.
- El mejor lugar para fotografiar el sakura.
- La noche en el Kabuki-chō.
- El Tokyo de Blade Runner.
Lo peor de Shinjuku
- En la estación hay más gente que en la guerra.
- La competencia que me hacen los pachinkos.
















