A Nuria le bastaron sólo 5 minutos, desde que publiqué el post de anoche, para acertar que la cúpula misteriosa pertenece al Panteón de Agripa, emplazado en pleno corazón de Roma. Enhorabuena Nuria, para ti es el premio.
El Panteón fue uno de los monumentos que más me fascinaron de Roma. Nadie diría que tiene más de 2.000 años al verlo. Está perfectamente asimilado por el entorno y siempre lleno de turistas fascinados por su grandeza.
Ya sé que suena a tópico, pero es una de las visitas imprescindibles de cualquier viaje a Roma. Llegar hasta el Panteón es bastante sencillo. Sólo tenéis que pillar un autobús o el tranvía que os deja en Largo di Torre Argentina. Desde allí, el recorrido hasta la Piazza della Rotonda está perfectamente señalizado.
Como bien apuntó Nuria, su nombre es el Panteón de Marco Agripa, aunque durante mucho tiempo fue conocido como el templo de Adriano. Éste mandó construir el actual monumento sobre el templo original. Más de 2.000 años y todavía no se entiende cómo pudieron levantar esa maravilla de cúpula, la mayor bóveda de mampostería jamás construida por el hombre.
Como pasa con las estrellas más centelleantes, el problema del Panteón reside en que es admirado por demasiada gente. La Piazza della Rotonda y sus alrededores son un hervidero de gente, con cámara en mano, dispuesta a todo por una buena foto. Es una plaza muy coqueta y pintoresca donde se respira un ambiente cosmopolita muy embriagador. Merece la pena pasar allí un buen rato contemplando los rostros de los turistas, mezcla de asombro y cansancio.
Nosotros estuvimos reponiendo fuerzas un buen rato cerca del Panteón. Aproveché para hacer fotos y entrar muchas veces a ver la cúpula. La entrada es gratuita. A ras de suelo, el Panteón, otrora dedicado a todos los dioses clásicos, es “sólo” una iglesia más de Roma. Eso sí, actualmente sólo rinden culto a un Dios. Se ha perdido su esencia, pero no su presencia.
























