No me estoy metiendo con el coeficiente intelectual de la gente de Santorini, ni mucho menos. Los burros de Santorini son una de las señas de identidad de esta isla de las Cícladas, de hecho, en todas las tiendecitas te intentan colar alguna postal, camiseta o llaverito con los mencionados pollinos.
En realidad los burros son utilizados todavía como medio de transporte o de carga. La distancia que hay desde los puertos de Oía o Fira hasta sus cascos urbanos se recorre a lomos de estos animales. No es porque esté muy lejos, sino porque está muy empinado y lleno de escalones.
Como os podéis imaginar yo y mis alergias no pudimos subir en los burros que van del puerto de Oia a la ciudad, así que tuve que subir los escalones a patita. Lo mío no tiene mucho mérito, pero lo de Vero embarazada sí. Hicimos el camino estrecho muy poco a poco y evitando las idas y venidas de los burros y sus viajes hacia arriba y hacia abajo.
Una vez que consigues subir por los escalones hasta Oía o Fira, te das cuenta de la burrada que acabas de hacer, aunque si ves las caras de la gente que ha subido a lomos de los animales no te lo parece tanto. Arriba, la estampa de la caldera, las casas blancas y los caminitos estrechos llenos de los burros de Santorini es de lo más auténtico y típico que se puede encontrar en toda Grecia.



























