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El tifón Hagupit causa estragos en Vietnam

A principios de agosto la tormenta tropical Kammuri puso en jaque nuestro viaje a Vietnam y Camboya. Las fuertes lluvias y desprendimientos causaron cientos de muertos en el norte del país. Por desgracia, las catástrofes naturales se ceban otra vez con Asia. El tifón Hagupit ha azotado fuertemente el nordeste de Vietnam y ha dejado hasta el momento 42 víctimas mortales.

Una vez más, las inundaciones y los deslizamientos de tierras han causado estragos entre los más pobres. Estos días en España también ha llovido intensamente, pero es que en Vietnam, se han llegado a superar los 500 milímetros por metro cúbico en cuestión de pocos días.

Entre las provincias más afectadas, se encuentra Quang Ninh, que es donde está ubicada la maravillosa Bahía de Ha Long, que visitamos en agosto. También han sido afectadas Bac Giang, Son La, Lang Son y Vinh Phuc.

El Hagupit llegó a Vietnam tras azotar las Filipinas, donde al menos diez personas resultaron muertas, además de Taiwán y Hong Kong.

Desde el pachinko, me quiero solidarizar con las familias de las víctimas. Desgraciadamente, seguro que la naturaleza sigue sin dar tregua a un continente tan hermoso y tan amado como Asia.

Viaje a Nepal, comiendo búfalo a más de 2.500 metros

Aguilas en el Valle de Kathmandu

Como ya he comentado en otros posts, el viaje a Nepal nos fascinó. Es un país muy conocido por los míticos Himalayas y por el bullicio de Kathmandú. Sin embargo, hoy hablaré de una de las visitas que más nos gustó, la excursión a la zona de Nagarkot.

Está zona está emplazada en el valle de Kathmandú, a una hora en autobús más o menos. La distancia en kilómetros es corta, pero pasas del ajetreo de la ciudad a la paz infinita de las montañas en cuestión de segundos. El viaje es más bien movidito, ya que los caminos son de cabras y los autobuses nepalíes no destacan precisamente por su sistema de tracción. En una de las curvas empinadas decidimos parar y realizar el último trecho del viaje a pie. Casi volcamos.

Ascendiendo a Nagarkot

A pesar de este pequeño incidente, el recorrido es espectacular en todos los sentidos. Curva a curva vas ascendiendo hasta llegar a la zona montañosa. El camino es precioso. Valles verdes plagados de campos de arroz. Sin duda, una imagen onírica que gracias a las nubes nos hicieron sentir muy cerca del cielo. Al bajar del autobús, andamos una senda estrecha hasta llegar a una especie de hotelito. Nada más salir del autobús respiramos un aire muy puro de montaña.

El hotelito estaba situado a más de 2.500 metros de altitud. Los lugareños decían que mucho más. Había un mirador magnífico para contemplar los Himalayas. Lástima que las nubes de los monzones nos privaran de una vista de ensueño.

Aldeas del Valle de Kathmandú

Una vez llegados a la cima, obtuvimos la recompensa de la comida. Aunque en Kathmandú os vendan carne de yak, debéis saber que sólo es posible encontrarla a altitudes muy grandes. En ese caso nos conformamos con un plato de búfalo con patatas y verduras, regado con una rica cerveza nepalí. Delicioso.

Pero lo mejor de comer a más de 2.500 metros de altitud fueron las vistas y la compañía. El hotel está encastrado en el valle que preside un mirador incomparable. De repente, recibimos la visita de decenas de grandes aves rapaces. Yo no soy ningún experto en ornitología, pero ante nosotros teníamos una numerosa bandada de águilas o halcones de gran tamaño. Una sensación indescriptible.

Valle de Kathmandú

La lluvia monzonica nos despidió de Nagarkot. Hicimos una parte de la vuelta a pie. La zona es fantástica para practicar el trekking. Eso sí id con ojo, porque a un chico de nuestro grupo se le engancho una sanguijuela. Todo quedó en una anécdota, ya que con la quemadura de un cigarrillo se soltó fácilmente.

Lo dicho, si vais por Nepal, no dejéis de visitar esta zona. Paisajísticamente merece mucho la pena y os permitirá desconectar del mundanal ruido.

Viaje a Nepal, las primeras impresiones

Monje budista en Kathmandú

Hoy tenemos un ganador ilustre en el concurso de la foto. Se trata de Quique de Viaja Blog, que acertó rápidamente el origen de los ojos de Buddha. Habían sido captados en Kathmandú, la capital de Nepal. Os recomiendo seguir esta bitácora, una de las mejores sobre viajes.

Después de los sobornos y chantajes en el Aeropuerto de Varanasi, nuestra llegada a Nepal no podía ser tranquila. Yo soy como una marmota y nada más subir al avión me quedé frito. Sin embargo, Vero y el resto de pasajeros gritaron y se asustaron tras un aterrizaje un tanto precipitado. Yo seguía en los brazos de Morfeo y no me enteré de nada.

Swayambhunath

La llegada a Kathmandú fue el mejor antídoto para el estrés que traíamos de la India. Nepal es un país muy pobre, mucho más que sus vecinos hindúes. Comparten muchas tradiciones y la mayoría de sus habitantes son hinduistas. A pesar de estas semejanzas, las sensaciones fueron totalmente distintas, empezando por la gente. No sé si es porque veníamos muy quemados de India, pero los nepalíes nos parecieron mucho más amables y hospitalarios.

En la India nos sentimos muchas veces como los Beckham ante una jauría de paparazzis. En Nepal el trato con el turistas es más cordial y los comerciantes no son tan agresivos. Sin duda, fue una bocanada de aire fresco que consiguió el propósito de cualquier viaje de placer.

Velas en Swayambhunath

El clima también era más benigno que en la India. En agosto es época de lluvias y monzones. Más de un día agradecimos el agua caída del cielo, que en ningún momento se mostró feroz con nosotros.

Paisajísticamente, Nepal estaría en el top 5 de cualquier viajero. Los Himalayas se muestran imponentes y son muy importantes en la vida de los nepalíes. Los monumentos que visitamos nos encantaron y pudimos apreciar mucho mejor el rito de las cremaciones que en el Ganges. Tradiciones ancestrales y muy curiosas completan los atractivos de este país que recomendaría a cualquiera y sobre el que seguiré contando más aventuras.