A veces, el desconocimiento, el respeto, el temor por un destino, o simplemente la comodidad, hacen que consideremos la opción de llevar a cabo un viaje organizado. Fue el caso de nuestro viaje a India y Nepal. El hecho de ir en un grupo organizado tiene sus pros y sus contras. Como todo en esta vida.
No todo son inconvenientes, como se piensan algunos. Por ejemplo, es bastante fácil conocer a gente con tus mismas afinidades, no tienes que preocuparte por buscar transporte o alojamiento, y puedes ver muchas más cosas en menos tiempo. Está todo más organizado, y de ahí viene el nombre, si me perdonáis el chiste.
Por contra, si te toca gente desagradable, tienes que aguantarla todo el viaje, no tienes tanto tiempo libre para explorar cosas por tu cuenta y estás a merced de los caprichos del guía. Viajar con guía no es malo, más bien todo lo contrario. Un buen guía puede hacer que un destino mediocre te parezca el mejor del mundo, o por el contrario, un mal guía puede desgraciarte el país más maravilloso. Por eso, las agencias deberían controlar al máximo a sus guías para evitar prácticas como el tema de las comisiones abusivas.
Es más o menos lo que nos pasó en India. Nuestro guía era el rey del mambo y nos llevó prácticamente cada día del viaje a lo que el llamaba un centro de artesanía. Seguro que a muchos de vosotros os suena la historia ¿verdad?
En cada ciudad nos llevaba a un taller-tienda donde nos enseñaban como se hacían alfombras, joyas, figuritas, textiles… añadid lo que vosotros queráis. Siempre estaba hecho todo de la forma más artesanal, con los materiales más nobles, y se tardaba en hacer no sé cuantos años. El mismo rollo una y otra vez, día, tras día.
Una vez se terminaba la demostración, llegaba el turno del regateo y era allí cuando el guía nos empujaba a comprar. Pese a ser la India, los precios de algunos artículos eran escandalosos, ni en los centros comerciales más lujosos de España. Recuerdo que a Vero le pedían cerca de 60 euros por una simple bata. Muy bonita, sí, pero una bata, sin ningún tipo de marca ni nada por el estilo. Muchas cosas eran artículos que puedes encontrar aquí por pocos euros, en cambio en origen te los vendían por diez veces más.
Había dos factores que hacían que los precios se dispararan. Primero, que el euro por aquella época era mucho más fuerte que el dólar y los comerciantes hindúes, habituados a comerciar en dólares, no lo tenían muy claro. Luego estaba el tema de las comisiones que se llevaba el guía. Rondaban hasta el 40% de lo que comprara su grupo. Normal que fuera donde fuera le trataran con respeto. Ya se encargaba él de traer clientela y de llevarse su tajada. En algunos momentos parecía que nos tomaran por millonarios y por gilipollas. ¡Era tan descarado!
Y yo me pregunto ¿en qué beneficia esto a las agencias? En nada, el cliente acaba agotado de tanto centro de artesanía. Primero porque es aburrido, segundo porque es carísimo, y tercero porque se pierde mucho tiempo que se podría ocupar viendo otras cosas o teniendo más tiempo libre. ¿Por qué no hacen nada para impedir estas prácticas? ¿Qué ganan teniendo clientes insatisfechos y guías mediocres?
Si alguien conoce la respuesta, por favor que me la diga. Y he hablado aquí de la India porque ha sido la vez que más hemos acabado hasta el moño, pero estoy seguro que sucede en muchos lugares del mundo, incluido España. ¿Habéis sufrido en vuestras carnes el “robo” de los centros de artesanía? Me gustaría saber vuestra historia.

























