Situado en la calle Nam Ky Khoi Nghia del distrito 1 de Ho Chi Mihn City, se encuentra el Palacio de la Reunificación. Se trata de un edificio imponente a la par que cargado de historia. Quizás sea una visita más emotiva para los vietnamitas que para los extranjeros, aunque merece la pena acercarse a conocer sus secretos. Se trata de uno de los monumentos más visitados de Saigón y que recorrimos durante nuestro viaje a Vietnam y Camboya.
Su arquitectura es uno de los pocos ejemplos de construcción vietnamita de la década de los sesenta, un edificio muy solemne que me recuerda bastante a la escuela soviética. Está rodeado de hermosos jardines llenos de pequeños retales de la historia política de Vietnam.
Su pasado está ligado a nombres infames para los vietnamitas como el gobernador francés o los presidentes survietnamitas Ngo Dinh Diem y Nguyên Van Thieu aliados de los estadounidenses. La huida de este último en helicóptero desde la azotea del edificio o el derribo de la puerta principal por parte de un tanque norvietnamita dieron la vuelta al mundo.
Pero dejemos la historia y centrémonos en la visita al edificio. Es muy raro poder entrar a estancias presidenciales y lugares donde siguen celebrándose actos oficiales. Las estancias y pasillos permanecen prácticamente intactos desde el final de la guerra. En total hay cinco plantas y 95 habitaciones.
Es muy curioso porque te permiten deambular por todo el palacio con total libertad. Se pueden visitar despachos, salas de recepciones, el casino, habitaciones, e incluso la cocina del Palacio de Reunificación. Todo está bien ordenado y es muy setetentero. También es digna de ver la colección de regalos presidenciales en la que puedes comprobar lo excéntricos que son algunos mandatarios.
En mi opinión, la parte más interesante del Palacio de la Reunificación de Saigón es el búnker y el centro de operaciones militares que hay en los sótanos, un paraíso para los amantes de la electrónica, ya que parece que te hayas metido en una cápsula del tiempo. Es una pasada ver los mapas antiguos, las centralitas de la época y los transmisores. Todo recuerda bastante a una película de espías de los setenta.
Sin embargo, no se trata de ficción, sino de salas y aparatos que fueron utilizados de verdad durante la Guerra de Vietnam. El que fuera símbolo de la opresión vietnamita, se ha convertido en un icono de libertad y de la reunificación del país.































