Últimamente, nos están llegando algunas preguntas sobre nuestra estancia en Hiroshima y Miyajima ¿verdad Chiqui? Nos es que seamos expertos ni mucho menos en estas ciudades, aunque todavía nos quedan algunos recuerdos y lugares interesantes de los que hablar.
Si el otro día os narrábamos nuestro paso por la Cúpula Genbaku, hoy es el turno del Heiwa-kōen de Hiroshima, más conocido como el Parque Conmemorativo de la Paz, que visitamos también durante nuestro primer viaje a Japón.
El parque no tiene pérdida, desde la Cúpula Genbaku lo veréis fácilmente y está muy bien indicado por ser uno de los lugares más célebres de Hiroshima. Allí hay un montón de monumentos que recuerdan a las víctimas de la primera bomba atómica de la historia que explotó sobre población civil.
Entre lo monumentos conmemorativos, destaca el cenotafio con los nombres de todas las víctimas de la bomba y la Llama de la Paz. Allí nos contaron que todavía hoy se siguen añadiendo nombres a la lista, ya que además de las muertes directas de la explosión, sus consecuencias fueron devastadoras para las generaciones venideras por culpa de la radiactividad. En cuanto a la Llama de la Paz, decir que es un canto anti-nuclear, pues sólo se apagará cuando no queden bombas atómicas en el mundo. Nos parece que va para largo.
No obstante, el monumento que más nos conmovió fue el de la Paz de los Niños, conocido popularmente como la Campana de la Paz. Seguro que la historia en la que está inspirada este lugar os suena mucho. Se trata de la vida de Sadako Sasaki, una pequeña niña japonesa que enfermó de leucemia a causa de la bomba atómica. Una leyenda nipona cuenta que si eres capaz de crear mil grullas de papel se cumplirá el deseo que pidas. Evidentemente la niña falleció, sin conseguirlo pero se ha convertido en un símbolo en Japón. Además, sus compañeros lo lograron por ella.
En la zona hay un tercer monumento conmemorativo, quizás menos conocido, y que está dedicado a los coreanos que trabajaban de forma forzada en las fábricas japonesas. Se cree que una de cada diez víctimas de la bomba atómica fueron coreanas.
Por lo demás, el parque está lleno de protestas anti-belicistas y anti-nucleares. A diferencia de la Cúpula de Genbaku y del Hiroshima Peace Memorial Museum, el Heiwa-kōen nos trasmitió buenas sensaciones y la esperanza de que un mundo mejor es posible. Todo el mal rollo acumulado en las otras visitas se disipó paseando por este parque y viendo la cantidad de niños y de vida que se genera alrededor de él.
Por cierto, seguramente la hayáis visto, pero os recomiendo la película La tumba de las Luciérnagas de Isao Takahata. Una maravilla del Studio Ghibli en la que los horrores de la guerra quedan plasmados magistralmente a través de la mirada de unos niños.





























