Ya hace tres semanas que no hablo sobre Asia en el pachinko y eso está pero que muy mal. No hay que perder las buenas costumbres. Para remediarlo voy a invitaros a una de las cenas más suculentas que he probado en mi vida. Se trata de un Hot pot y lo degustamos a principios de 2011 en nuestro viaje a Hong Kong.
Era nuestra última noche en la ciudad y nuestros anfitriones Javier y Rena no querían que nos fuéramos de Hong Kong sin probar una de las comidas más típicas de la cultura asiática. Ellos escogieron el restaurante y el resultado no pudo ser mejor.
Se llama Pier 88 y está ubicado en el edificio Grand Tower de Nathan Road, ya en la parte de Mong Kok. Nuestro hotel estaba en la zona de Tsim Sha Tsui, no demasiado lejos, aunque como Nathan Road es una avenida enorme pillamos el MTR y nos apeamos en Mong Kok. Al final Javier tuvo que venir a por nosotros por que nos equivocamos de puerta.
En el Pier 88 nos estaba esperando Rena. Lo primero que me llamó la atención es que el local era enorme, pero estaba completamente lleno. Javier había tenido que reservar porque es un lugar muy popular.
El Hot pot no es otra cosa que un caldero con sopa hirviendo en el que tú mismo vas cocinando todo la comida que te apetezca. Sería la versión china del Nabemono japonés o del Jjigae Chongol coreano.
Este asunto del Hot pot es bien sencillo y el resultado es escandalosamente delicioso. Primero se pide la sopa. En este restaurante la sopera estaba dividida en dos partes, así que degustamos dos caldos distintos. Las mesas tienen hornillos para que vayas regulando la temperatura del brebaje.
Luego pides los ingredientes que quieres cocinarte tú mismo en las sopas ardientes. Verduras de todo tipo, carnes, pescados, mariscos… y por último están las salsas donde mojas lo que te acabas de preparar.
Los modernos llamarían a este tipo de cocina slow food, pues entre plato y plato vas charlando, comiendo, bebiendo y disfrutando de la comida durante un largo periodo de tiempo. Yo no sé las chicas, pero Javier y yo nos pusimos las botas… menudo saque tiene el chicharrero.
Coñas a parte, me encantó el concepto del Hot pot. Una cena larga, sencilla y deliciosa donde pudimos conocer un poco mejor a Javier y Rena, que fueron unos anfitriones increíbles. La verdad es que da gusto quedar con gente así para que te enseñen algún secreto de Hong Kong, y si se trata de cenar pues mucho mejor.


































