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Viaje a Japón – Los huevos negros de Hakone

Huevo negro en Hakone

Un blog que se llama el pachinko no se merece ese nombre cuando hace más de un mes que no habla sobre Japón (日本). Como esta idea me atormentaba por las noches, hoy voy a hablaros sobre los famosos huevos negros de Hakone (箱根町).

No se trata de la nueva maldición de la Bruja Lola, ni mucho menos. Es el resultado de meter huevos en las calderas naturales de agua hirviendo de la zona volcánica de Owakudani (大涌谷). Esta zona tiene muchísimos atractivos y es ideal para tomar fotos porque las vistas son incomparables. Lástima que por aquella época todavía era un neófito en eso de tomar fotografías.

Calderas en Owakudani

Son muchas las joyas naturales que se pueden observar desde Hakone y sus alrededores. Empezando por el Monte Fuji (富士山). Si el día está despejado, podréis ver la cima más emblemática de Japón. Nosotros nos topamos con un día nublado, aunque pudimos fotografiar el Fuji con muchas dificultades.

Otra vista espectacular te la proporciona el bellísimo Lago Ashi (芦ノ湖) rodeado por una olla de montañas. Al igual que sucede con Miyajima (宮島), un enorme Torii rojo sumergido le da ese toque de misticismo que sólo se puede encontrar en Japón.

El Monte Fuji al fondo

Pero aquí hemos venido a hablar de huevos negros. La zona de Soun-zan y Owakudani es popularmente conocida por el valle de la Gran Ebullición. La zona está repleta de calderas de agua natural. El ambiente está cargadísimo y el olor recuerda al de una mala digestión.

Sin embargo las vistas son espectaculares. Imaginaos, vapores surgiendo de la tierra, bosques preciosos, el Monte Fuji, una olla de montañas y el Lago Ashi. Qué mas se puede pedir.

Hakone y el valle Owakudani

La zona está repleta de onsens naturales y de puestecillos donde te venden los famosos huevos negros. Seis huevos por 500 yens. Se trata de huevos cocidos que adquieren esta tonalidad macabra por los minerales de las calderas. Se ve que es un símbolo de la zona, de hecho, vendían como souvenir a la Hello Kitty disfrazada de huevo negro.

Si viajáis a Japón y tenéis un día libre no estaría mal que visitarais la zona, está muy cerca desde Tokyo (東京). Podéis llegar desde Tokyo con el JR Tokaido Shinkansen hasta Odawara (小田原市), después podéis transbordar a la línea Hakone.  Otra forma es pillar la línea Odakyu desdela estación de Shinjuku (新宿区) en Tokyo hasta la estación de Hakone-Yumoto.

Haciendo el freak en Hakone

Viaje a Japón – Miyajima, la isla de los dioses

El célebre torii de Miyajima

Como todos sabéis, Japón es un país muy densamente poblado a pesar de las dificultades orográficas que presenta. Las áreas metropolitanas de Tokyo (東京) y Osaka (大阪市) concentran la gran mayoría de sus habitantes, que se reparten por sus más de 3.000 islas. Eso hace de este país un mosaico de paisajes de todo tipo agrupados en una extensión bastante reducida. El ejemplo más bello de esta diversidad pasisajística y también cultural es Miyajima (宮島).

En la isla de Miyajima

En nuestro viaje a Japón tuvimos la suerte de pasar unas horas en este paraje de ensueño. Conocida también como Itsukushima (厳島), esta isla es uno de los parajes naturales más bellos de todo Japón. Aprovechando nuestra estancia en Hiroshima (広島市), pasamos un día en la isla. Para acceder hay dos maneras. En barco desde el Hiroshima Peace Park. O combinando tren y ferry. Nosotros escogimos la segunda.

El toori de Miyajima con la marea baja

Nada más subir al ferry divisamos el elemento más característico de esta isla sagrada. Se trataba de su mítico Torii semisumergido de 16 metros de altura, que es una de las imágenes más famosas de Japón, junto con el monte Fuji. Si se quiere apreciar la majestuosidad del Torii debéis pasear con la marea alta y baja. La naturaleza ha sido muy generosa con Miyajima. Su condición de isla le aporta unas playas magníficas, en las que pudimos ver a los mariscadores recogiendo ostras. Pero también tiene la belleza del Monte Misen y de sus bosques.

Mariscadores en Miyajima

Como isla sagrada, Miyajima tiene muchos lugares y templos interesantes que visitar. Los más célebres son el parque de Momijadini-Koen, el santuario de Itsukushima-Jinja, la pagoda de Tashoto, el templo de Daigan-ji, el Daishoin, el santuario de Hokoku, o incluso un antiguo escenario especialmente preparado para representaciones de teatro No. Como buenos turistas que somos recorrimos a pie los lugares más interesantes de la isla, tanto de día como de noche.

Atardecer en Miyajima

Miyajima comparte una característica singular con Nara (奈良), y es que los ciervos vagan libremente por la isla. En este caso no están domesticados ni tienen los cuernos rasurados. De hecho son bastante agresivos y vimos como robaban unas galletas infantiles del bolso de una señora. Por supuesto que ella se acojonó y su hijo se puso a llorar como un loco. Digo yo que es así como se crean los traumas.

Habitación del ryokan

Otra sorpresa que nos deparó Miyajima fue que nos alojamos en un hotel tradicional japonés o ryokan. Allí disfrutamos de una excelente cena típica japonesa, a la que acudimos vestidos con yukatas. También nos aplicaron un masaje shiatsu. El masaje nos lo hicieron dos señoras mayores, pero con una gran fuerza en sus manos. En ningún momento nos tocaron, aplicaron su técnica sobre la ropa y con pañuelos para no tocarnos. Nos estiraron poco a poco todos los músculos del cuerpo. Fue muy doloroso, pero al día siguiente nos sentimos muy revitalizados.

Puenta japonés de Miyajima con la marea baja

En fin, que si se os ocurre viajar a Japón, no perdáis la ocasión de visitar esta diminuta pero encantadora isla. Seguro que vuestro cuerpo y vuestra mente se sienten más cerca del sosiego.