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Viaje a India – Amber Fort

Los elefantes del Amber Fort

La participación en el concurso de ayer fue escasa pero muy selecta. Al final Aritz se llevó el gato al agua. Menudo debut. No me dejó ninguna dirección web, así que cuando me la diga, le otorgaré su enlace de premio.

La respuesta correcta era el Amber Fort, uno de los lugares más turísticos de Jaipur y de toda la India. No entiendo cómo este lugar no tenía su post propio. Me acordé de esta visita redactando la entrada de los 500 posts y 50 lugares increíbles.

Trabajadoras hindúes en el Amber Fort

La visita al Amber Fort de Jaipur fue una de las más intensas y pasadas por agua de nuestro Viaje a India y Nepal. Nosotros sabíamos que el mes de agosto en India es temporada de monzones. Hasta el momento, las lluvias no habían dado señales de vida. Pero el agua apareció, vaya que sí apareció.

La mañana ya se levantó con el cielo encapotado. Estaba prevista la visita al Amber Fort, un lugar imponente construido sobre un antiguo fuerte del siglo XI. Para llegar hasta el complejo, precedido de un estrecho camino adoquinado, los turistas emplean elefantes.

Subida al Amber Fort con elefantes

Como todo lugar turístico, estaba plagado de gente y de los insistentes vendedores hindúes. La cola, bajo la lluvia, para subir al elefante fue un tanto desagradable. Gente desesperada, mojada y asediada por los comerciantes de baratijas. El sufrimiento sólo acababa de empezar.

Llegó nuestro turno de subir al paquidermo y parecía que el dios hindú de la lluvia la descargara toda sobre aquel lugar del Rajasthan. El ascenso en elefante al Amber Fort fue movidito. El camino es muy empinado e irregular a causa de los adoquines. Además, la continua subida y bajada de las bestias lo convirtió en una lucha de culos titánicos bajo el monzón.

Pau i Vero empapados en el Amber Fort

Fue llegar a la ciudadela del Amber Fort, descender de los lomos del elefante, y cerrarse el grifo de la lluvia. Una broma con muy poca gracia, acompañada con el tradicional calor hindú.

Pese a todo, la visita al Amber Fort fue una de las que más me impresionó de la India. El lugar es imponente, por su tamaño, el grosor de sus murallas y la belleza de su ornamentación. La Ganesh Pol es maravillosa. Se trata de una puerta de tres alturas que separa el patio de las estancias privadas.

La Ganesh Pol del Amber Fort

Las puertas de plata, los salones y sus ventanas con celosía, o el precioso palacio Sheesh Mahal son cautivadores. Dispusimos de bastante tiempo para explorar el lugar. La belleza de este complejo de Jaipur hizo que olvidáramos, en parte, el sofoco de los monzones y los elefantes. Es lo que tiene India, un país de contrastes en todos los sentidos.

Viaje a la India, visita a Samode y estancia en Jaipur

Restauración del Hawa Mahal o Palacio de los Vientos en Jaipur

Mientras mis paisanos alcoyanos comienzan a celebrar las fiestas de Moros y Cristianos, yo sigo con los relatos de nuestro viaje del pasado agosto. Los habituales, ya sabéis que he narrado las primeras impresiones del viaje a la India, las vacunas necesarias para India y Nepal y mis sensaciones en Nueva Delhi.

Niño en la India sacando agua del pozo

Esta historia trascurre por carretera. En la India no se miden las distancias en kilómetros, sino en horas de carretera. Nosotros tomamos la “autopista nacional” que une Nueva Delhi y Jaipur, la capital del Rajasthan. Entrecomillo lo de autopista, porque tardamos en recorrer ambos puntos casi un día en autobús. Y aunque fuera “autopista” te podías encontrar perfectamente camiones de cara y otros peligros que aquí ni nos imaginamos como vacas y animales, obras sin señalizar, carriles sin delimitar…

Barbero en la India en plena faena

En fin, que carretera y manta con parada incluida en Samode. Esta pequeña localidad no aparece en las guías, o si aparece lo hace con letras pequeñas. El objetivo de este alto en el camino fue contemplar el majestuoso Samode Palace. Un hotel que antiguamente era un palacio muy opulento. No estaba previsto parar en el pueblecito. Sin embargo, fuimos muy insistentes con el guía y detuvimos en una localidad donde los niños sacaban el agua de los pozos y se podían contemplar restos del antiguo esplendor de los maharajas del Rajasthan. Y digo restos porque en las casas tradicioneles o havelis se podía apreciar algo de pintura como si de una pintura rupestre se tratara.

Vendedora en los bazares de Jaipur

Unas horas más de infierno de baches y amortiguadores en pésimo estado llegamos a Jaipur, también conocida como la Ciudad Rosa. Toda esta mega-urbe está rodeada por una muralla rosada que da a la ciudad un aspecto señorial y muy majestuoso. Otro de los puntos fuertes de Jaipur son sus bazares. El guía nos dijo que todo lo que se podía comprar se vendía en Jaipur.

Jal Mahal en Jaipur

La primera imagen de la ciudad fue el impresionante Jal Mahal, un palacio que parece postrarse sobre las aguas del lago Man Sagar. Tras a tranquilidad de Samode, volvimos a la realidad. La India tiene casi 1.100 millones de habitantes y eso son mucho hindúes. Nos llevamos un chasco al ver que estaban restaurando el fantástico Hawa Mahal o Palacio de los Vientos. A cambio, el guía nos dejó un rato por los bazares y por supuesto, visita obligada a tiendas de alfombras.

Subida al Fuerte Amber con elefantes

Al día siguiente descubrimos el monzón. Agua, agua, agua… calor. Agua, agua, agua… calor. Lo peor es que el monzón nos cayó justo cuando ascendíamos al Fuerte Amber a lomos de elefante. No nos hizo ninguna gracia, ya que el camino estaba adoquinado y el animal se tambaleaba de lado a lado. Fue justo llegar a nuestra meta y el agua monzónica cesó. El Fuerte Amber es una auténtica pasada, vale la pena descubrir la antigua capital del estado.

Mujer hindú en el Jantar Mantar de Jaipur

Otras visitas ineludibles de Jaipur son el City Palace Museum, los bazares y el impresionante observatorio Jantar Majar. Los hindúes hacen mucho caso de lo que diga el astrólogo y esta explanada llena de artilugios extraños es un auténtico estandarte de la astrología. Conclusión: Jaipur es una cita imprescindible para todo aquel que vaya a la India. Una ciudad que no está exenta del caos y de momentos de tensión, pero que perdura en el recuerdo por su colorido, sus aromas, sus vestigios y el maravilloso arte nacido a la sombra del mecenazgo de los maharajas. Mención especial el hotel donde nos alojamos. Un antiguo palacio restaurado llamado Jai Mahal Palace.