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Viaje a París – Recomendaciones para la primera vez

Eiffel Tower GigaPixelized!!  (Paris) (Zoom Inside)

Aunque como diría Rajesh Koothrappali en Big Bang, esta vez nos soy el recomendador sino el recomendado, así que necesito vuestra ayuda para completar esta misión con éxito.

La semana que viene emprenderemos nuestro primer viaje a París. Será la tercera vez que estemos en Francia, pero curiosamente nunca habíamos viajado a su capital.

Una ciudad tan conocida y con tantos atractivos para el viajero, a priori, puede resultar abrumadora. Como siempre nos hemos documentado, pero confío ciegamente en vuestras experiencias, así que nos gustaría que nos dierais recomendaciones para la primera vez en París.

Tened en cuenta que estaremos cuatro días en París, de los cuales sólo dos son enteros, que hará frío, y que estamos en plena Navidad. También debéis saber que viajamos sólo Vero y yo. Esta vez Teo se queda en casa, aunque le hemos prometido que volveremos en verano para que conozca Eurodisney.

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El mapa de mi top 10 gastronómico del mundo

Arroz meloso del senyoret de L'Arruzz

La historia de este post viene de lejos, de muy lejos. Lo primero que debo advertir es que aunque hable de un producto comercial no es un artículo patrocinado, lo he escrito porque me apetecía y porque me lo pasé genial trasteando con él. Pero no nos vayamos por las ramas y volvamos al origen. Allá por el mes de febrero mi compañera Flor, me dijo que si quería probar una de las tabletas Bamboo de Wacom.

Lo primero que le dije es que yo era muy torpe con el diseño, pero luego lo pensé mejor y le pedí que me la prestara. Por si no sabéis qué son las Bamboo, son unas tabletas con lápiz inalámbrico que se emplean en diseño gráfico y que permiten personalizar contenido, navegar, escribir, dibujar, pintar o hacer bocetos como si lo hicieras sobre un papel pero aplicado a los programas informáticos. Por ejemplo a un bloguero viajero le pueden servir para diseñar sus propios mapas y rutas.

Bamboo Pen Landmarker

Estuve mucho tiempo dándole vueltas al asunto y divirtiéndome con la tablet. Finalmente pensé cómo podría utilizar la Bamboo en el blog, así que tenía que estar relacionado con algo que me gustara: “Viajar y comer… eureka”. Aunque mis progresos con el diseño no fueron demasiado buenos -milagros a Lourdes-, me inspiraron para elaborar un top 10 con los países del mundo en los que más había disfrutado con la comida.

Vamos a empezar del 10 al 1:

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Viaje a los Alpes Franceses – La fauna alpina e Hilo dental

Para ponernos en situación, antes de empezar a leer este intrigante post es obligatorio que veáis el vídeo que lo encabeza. Seguro que la musiquilla os suena mucho y disfrutáis más de esta lectura en la que vamos a hablar de Hilo dental, una rara avis que habita entre los riscos de los Alpes Franceses. Paraparabara paraparabara tum tum tum, tum tum tum… podéis tararearla que esto empieza.

Siguiendo los pasos del maestro Felix Rodríguez de la Fuente, cuatro intrépidos aventureros habían hecho una incursión vespertina y se disponían a estudiar las costumbres de la fauna alpina. Esos valientes formaban un equipo aguerrido que no temía a nada y a nadie. Jorge de YokmoK, hacía las veces de jefe de expedición, mientras que los camarógrafos Fotomaf e Ignacio Izquierdo estaban allí para fotografiar hasta el último rincón de aquellos parajes. Yo les acompañaba por si las cosas se ponían feas y tenían que sacrificar a alguien en el algún rito de la montaña o como alimento de alguna bestia.

Nuestros pasos certeros nos habían llevado hacia el Lago Blanco, un lugar bendecido con la belleza de los dioses antiguos y hogar de la especie salvaje conocida como Hilo dental. Ingenuos de nosotros plantamos nuestros equipos en la orilla del mencionado lago para poder registrar el Mont Blanc reflejado en las aguas mientras atardecía. La moral del equipo era muy alta pese al largo camino recorrido y las nubes amenazadoras que se cernían sobre nuestras cabezas.

Joviales por alcanzar una de nuestras metas, e ignorando los peligros de la montaña, el grupo se dispersó sin motivo aparente. Cada uno a lo suyo, a intentar tomar las imágenes más espectaculares del lugar y estudiar el comportamiento de algún rebeco o cabra montesa que pululaba entre roca y roca. Todo por la fotografía.

Aves y algún rumiante era todo lo que habíamos hallado, pero nada hacía sospechar que aquellas cumbres hacían las veces de guarida de algún depredador mayor, eso sí disfrazado con piel de cordero.

En la zona casi no había presencia humana. Hay un refugio de montaña, pero a esas horas no hay casi gente, así que nosotros a lo nuestro. Yo me encontraba con el camarógrafo Fotomaf, quien amenizaba el momento con canciones populares extraídas de su teléfono. Ardía en deseos de aprender sus técnicas, así que aposté detrás de él para observar como manejaba su cámara. Creíamos que estábamos solos en el lago, no podíamos estar más equivocados.

Hilo dental y Fotomaf

De repente vimos por primera vez a Hilo dental. Su aproximación fue tan rápida que no nos dio tiempo a reaccionar. Nada nos hacía sospechar su hostilidad. Su primer acercamiento fue amistoso, pese a no mediar ninguna palabra. La bestia se colocó justo al lado del camarógrafo Fotomaf, quien perplejo ante semejante personaje no pudo hacer nada más que intentar inmortalizar el momento. El espacio era como de varios campos de fútbol, pero el sujeto se puso a unos centímetros de nosotros. ¿Cuáles serían sus costumbres? ¿Sería hervíboro o un gran asesino? Estábamos confusos ante su extraña presencia. No sabías como reaccionar ante su errático comportamiento, está claro que nunca había oído hablar de la zona de intimidad. El sujeto tomo sus imágenes y se marchó por el mismo lugar que vino.

Todavía aturdidos por la situación, el camarógrafo Fotomaf y un servidor intentamos explicar lo sucedido al jefe de la expedición Jorge y al camarógrafo Ignacio Izquierdo, quienes no salían de su asombro. ¿Estábamos realmente seguros en aquellos parajes alpinos? ¿Alguien escucharía nuestro grito en aquellas montañas? Todo por la fotografía nos repetíamos.

Todavía no habíamos vivido los peores momentos de aquel encuentro con esa rara especie alpina. Mientras charlábamos de lo sucedido notamos que alguien o algo se nos acercaba por la espalda. ¿Sería él? Desgraciadamente pronto descubrimos que éramos sus presas favoritas y que no nos iba a dejar marchar tan fácilmente.

Me giré esperando la dentellada final, pero nunca imaginé que me encontraría con una imagen tan desagradable. Estupefacto observé como había vuelto con la boca completamente abierta y con un enorme pedazo de Hilo dental moviéndose entre sus fauces. Rasca, rasca. No pude reaccionar y tuve que observar cómo iba expulsando los pedazos que se le habían quedado entre los dientes tras su último ataque. Paluegos in the air, el arma definitiva. El asco que sentimos nos quitó todas las ganas de seguir estudiando el comportamiento de aquella especie alpina y decidimos poner pies en polvorosa.

Desde entonces Hilo dental nos acompaña en nuestras peores pesadillas. A veces sueño que me devora y que luego me reparte por los Alpes con su pestilente hilo. Ya no duermo ni hago fotos tranquilo. Temo que al apretar el botón de la cámara aparezca justo delante y abra su boca. Esta historia es totalmente verídica, así que si estáis por el Lago Blanco mucho ojo con andar a solas. Un Hilo dental puede andar cerca y llenarte de restos de su merienda.

Viaje a los Alpes Franceses – Hacia el Lago Blanco

Hacia el Lago Blanco

Tras nuestro paseo por las Agujas Rojas, nos aguardaba una de las travesías más épicas de todo el viaje a los Alpes Franceses que hicimos con YokmoK. Nuestro objetivo era poder contemplar un atardecer o amanecer desde las cumbres más míticas de Europa, y pondríamos todo nuestro empeño en ello.

Todo sucedió muy deprisa, casi sin pensarlo. Queríamos aprovechar el buen tiempo de ese día y no nos importó el hecho de no haber recuperado fuerzas tras la caminata matutina. Llegamos al chalet, cargamos la mochila con víveres y agua para unas horas y a correr.

Rebeco en los Alpes Franceses

Y digo correr porque los teleféricos no esperan a nadie. Debíamos tomarlos antes de que a las seis de la tarde dejaran de subir y bajar. Ahí empezaba nuestra carrera contra el tiempo. Objetivo: llegar al Lago Blanco antes del atardecer.

El grupo que salió sonriente del chalet, para ver el atardecer desde el Lago Blanco, estaba formado por Jorge de YokmoK, que hacía las veces de guía, Fotomaf, Ignacio Izquierdo y el que escribe estas líneas. La risa fue la tónica durante toda la marcha, y entre carcajada y carcajada logramos nuestra primera meta, tomar los teleféricos que nos acercarían un poco más al Lago Blanco, ubicado a 2396 metros de altitud.

Cabra montesa en el Lago Blanco

En esos momentos ya me había dado cuenta de que estaba acompañado por maestros del chascarrillo, pero también de locos de la fotografía. Gente que lo daría todo por cazar la instantánea perfecta, incluyendo cuádriceps, rodillas y pies. Nada podía pararles.

Chiste, chanza, foto, burla, foto, celebrities, foto, rumor, foto, LOL, foto… todo esto entre paso y paso cumbre arriba.

Fotomaf, Ignacio Izquierdo y Jorge de YokmoK en el Lago Blanco

Hartos de reír no nos habíamos percatado de que teníamos ese precioso balcón de las Agujas Rojas para nosotros solos. Caminar a más de 2.000 metros de altitud en compañía de tan buena gente te hace sentir muy especial. No podíamos pedir más. Por un momento callamos y disfrutamos del silencio, las montañas, la naturaleza, el Mont Blanc… simplemente mágico y esplendoroso.

Tal y como estaban nuestros maltrechas piernas, tras un día entero de caminata, nos tomamos la marcha con calma. Sin prisas y un tanto fatigados llegamos al Lago Blanco, su visión nos haría recobrar los ánimos de golpe.

Caminado por el Lago Blanco

Jorge ya me había advertido que desde allí se han tomado algunas de las mejores fotos de los Alpes Franceses, gracias a que las aguas del Lago Blanco actúan de espejo donde el Mont Blanc se ve reflejado.

No obstante, el Mont Blanc se nos resistió aquella tarde. Apareció de vez en cuando, pero las nubes se empeñaban en estropearnos la foto perfecta. Pero nada ni nadie pudo amargarnos aquel momento. Un mágico atardecer con una luz deliciosa y un paisaje que parecía pintado por algún maestro impresionista.

Atardecer en el Lago Blanco

Yo aproveché para aprender todo lo que pude de estos tres maestros de la fotografía y disfrutar de su compañía. También nos encontramos fauna alpina que entre miedo y estupefacción se dejaban retratar para nuestro deleite.

Estuvimos un buen rato saboreando poco a poco aquel paisaje, las luces rojizas y disfrutando de la grandeza de aquellas cumbres.  Pero pronto nos dimos cuenta de que aquellas nubes habían venido para quedarse y era el momento de la retirada. Nos tocaba pasar la noche en la montaña y quedaba descender hasta el refugio entre la penumbra…

Viaje a los Alpes Franceses – Por las Agujas Rojas

Teleférico de Le Brévent

La jornada por Aiguille du Midi y Courmayeur habían dejado el listón altísimo. ¿Qué nos tendrían preparados los guías de YokmoK para superar lo vivido hasta el momento?

Ignacio Izquierdo frente al Macizo del Mont Blanc

Lo cierto es que el impredecible clima alpino había sido inmejorable y las vistas del Mont Blanc nos habían dejado atónitos. No obstante, todavía no habíamos andado demasiado y Vero y Teo no habían debutado en la montaña, así que las nuevas experiencias estaban aseguradas en esta etapa del viaje a los Alpes Franceses.

En el macizo de las Agujas Rojas

Cuando vas a practicar senderismo las jornadas empiezan temprano. Más vale aprovechar las horas de luz y de calor, así que pronto el grupo se puso en pie. Con alguna legaña en los ojos y el recuerdo de un sueño placentero nos dirigimos a tomar los teleféricos que nos dejaban el la estación de Le Brévent en el macizo de las Agujas Rojas. Aquí los blancos perpetuos se tornaban verdes y marrones.

El macizo del Mont Blanc desde las Agujas Rojas

La senda iba a ser cómoda y además transcurría en paralelo al macizo del Mont Blanc, lo cual nos aseguraba unas panorámicas inmejorables. Es como si hubiéramos alejado unos kilómetros lo más espectacular del día anterior, proporcionándonos una perspectiva más general de la colección de cuatromiles liderada por el rey Mont Blanc.

El grupo por las Agujas Rojas

Con semejante panorama, caminábamos con un ojo puesto en el Mont Blanc y otro en la belleza incisiva de las Agujas Rojas. A la espalda Teo flipaba de ver por donde le estábamos llevando, sobre todo al principio. Luego decidió que era mejor echarse un sueñecito.

El Macizo del Mont Blanc reflejado

El camino era continuo sube-baja, aunque pronto se tornó en sinuoso descenso, el más pronunciado que tendríamos en todo el viaje. La caminata era agradable por las compañías, las vistas y la belleza del entorno. Nadie reparaba que estábamos a más de 2.500 metros de altitud, en unos miradores naturales que quitaban el hipo. El paisaje era de película.

Ignacio Izquierdo saltando en las Agujas Rojas

Y así transcurrió la jornada de Le Brévent hasta el refugio de Bellachant, al menos para nosotros. Tras tomar el pícnic todavía quedaba una bajada de muchos metros de desnivel. Estábamos cerca de una especie de zoológico de animales alpinos, así que los guías nos aconsejaron que nos quedáramos allí con Teo y, cuando el grupo llegara, nos recogerían en coche. Allí vimos pocos animales, pero disfrutamos de muy buenos momentos en familia y de una siesta bajo un árbol con el Mont Blanc como telón de fondo. ¿Se os ocurre un final mejor?