Si es que tiene guasa la cosa. El pasado martes vi en las noticias que el Partenón de Atenas volvía a lucir su mejor cara, ya que tras nueve años de restauración le habían quitado los andamios. ¿Tendrá narices la cosa? Nosotros estuvimos allí en el verano de 2009, hace diez meses y nos tuvimos que tragar los andamios.
No es que me fastidie que quiten los andamios, ni mucho menos, lo que me toca la moral, es que este patrón de monumento importante, andamio grande, se repite allá por donde vamos, da igual el país, siempre nos tragamos la restauración de turno. Lo fuerte es que a los pocos meses, fuera andamio. Qué rabia!
Veamos más ejemplos. Verano de 2007. Unos jovenes Vero y Pau deciden emprender un viaje a la India y Nepal. Están deseosos de ver el Palacio de los Vientos de Jaipur y ¿cual es el resultado? Andamio que te crió, pero de esos de madera de bambú, que no son tan aparatosos, pero que tapar, tapan lo mismo.
Otro más. Verano de 2008. Unos intrépidos Vero y Pau hacen una incursión en la selva camboyana para ver el mítico Angkor Wat. Se trataba del momento álgido de nuestro viaje a Vietnam y Camboya. Llegamos y vemos que la torre principal tiene un apéndice. ¡Malditos andamios!
Primavera de 2009. Japón, barrio de Asakusa. Vero i Pau querían recordar su luna de miel visitando el fantástico Sensō-ji. Todo muy bonito de noche. Pero después de atravesar las puertas, llegamos al templo principal y… ¡tachán! Andamios y lona.
En fin, que vivan las restauraciones y los andamios. No o penséis que la maldición se acaba ahí, no. En menos de un mes nos vamos de viaje a Copenhague… y La Sirenita está en Shanghai. Ver para creer.

















