
El que no se consuela es porque no quiere, ya que el hecho de que durante nuestras primeras hora en Seúl fuéramos atacados por el jet lag también tiene sus ventajas. Por ejemplo, el madrugón indecente hizo que estuviéramos muy temprano a las puertas del Palacio Gyeongbokgung.
Antes de eso iríamos a desayunar y fue entonces cuando nos dimos cuenta que, durante nuestro viaje a Corea del Sur, Teo sería la estrella. Estábamos en una tienda de donuts y de repente entro un chico joven. La señora que estaba tras el mostrador y el muchacho mantuvieron una conversación de la que lógicamente no nos enteramos. Por el tono y las risas parecía que era algo divertido y que se conocían de antes.

De repente el muchacho se acercó a nosotros y nos entregó una bolsita con tres donuts. En un inglés muy básico nos dijo que era un regalo para el niño. ¿Os lo podéis creer? Nos quedamos tan a rombos que no supimos como reaccionar. Gamsa-hamnida le respondí como pude. Esta situación se repitió varias veces durante el viaje a Corea. No sé si se trata de una tradición coreana, pero nos demostraron que son un pueblo muy hospitalario.
Tras el “affaire donuts” nos dirigimos al metro de Seúl por primera vez. Las máquinas para comprar billetes y los carteles están en inglés, así que no tuvimos demasiados problemas para llegar a nuestro primer destino, el Palacio Gyeongbokgung de Seúl. Para orientaros, debéis ir por la salida 5 de la parada Gyeongbokgung de la línea 3.
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