Me he pasado el fin de semana con un trancazo de aúpa. Quietecito, quietecito. Sin embargo, ayer me llevé una pequeña alegría. Era sábado por la mañana y mi madre me llama para decirme que el pachinko había salido en el Ciudad de Alcoy.
No se trata de ninguna gran hazaña, ni mucho menos, aunque para mí tiene un significado muy especial. El Ciudad de Alcoy es uno de los iconos de mi patria chica, y el primer medio de comunicación en el que trabajé. Mejor dicho, en el que fui becario durante los periodos vacacionales de mis primeros años de estudio.
El Ciudad es un pedacito más de la vida de Alcoy y los alcoyanos. A través de sus páginas se han narrado los acontecimientos más importantes y también los más triviales de la historia reciente de la ciudad. Se ha convertido en ese cronista necesario de lo cotidiano, un foro legitimado por todos y donde tienen cabida historias increíbles y a veces un poco bizarras. Un periódico con todo lo bueno y todo lo malo de la prensa local, aunque muy querido por todos mis paisanos.
Seguramente la autora de esta pequeña notita no se acuerde de mí, pero me ha hecho mucha gracia que el pachinko haya aparecido por sorpresa en las páginas del Ciudad. Allí fue donde aprendí mis primeros truquillos y donde pasé muy buenos momentos personales y profesionales.
Todavía recuerdo con cariño las primeras lecciones que me daba su actual director Ramón Climent, por aquel entonces redactor jefe. Luego mi trayectoria profesional me llevó por otros caminos, y dudo que en esa redacción, guarden algún recuerdo de mi paso por allí.
Una precisión, aunque yo soy alcoyano, Vero es natural de Balones, pero eso vosotros ya lo sabíais.














