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Viaje a Hong Kong – Comprando té chino

Tienda de tés en Ngong Ping Village

Una de las experiencias que solemos repetir en casi todos nuestros viajes, sobre todo por Asia, es la de comprar té, así que en Hong Kong no íbamos a hacer ninguna excepción.

Hong Kong tiene la historia del té impregnada en su ADN. Por una parte la tradición cultural del té adoptada de sus raíces chinas, y por otra los años de ocupación británica.

El té en China es algo tan milenario como sus emperadores. Hace más de 2.000 años que la planta del té se recolecta y consume en el gigante asiático, una práctica que se popularizó durante las dinastías Song y Tang. Gran culpa de ello la tiene el mítico Los clásico del té, escrito por Lu Yu durante la dinastía Tang.

Contentos tras comprar té chino

La ceremonia del té ha alcanzado cotas insuperables en países como Japón, aunque los chinos quizás ponen más énfasis en la preparación, el sabor o el modo de tomarlo. Por ejemplo, controlan mucho más la cantidad de té que usan, la temperatura del agua o el tiempo de infusión, factores que afectarán al aroma y al sabor. Os invito que hagáis la prueba en casa.

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Viaje a Hong Kong – Llegar al Po Lin Monastery

Teleférico Ngong Ping 360

Uno de los episodios más desafortunados de nuestro viaje a Hong Kong fue el que protagonizaron los Budas en la niebla. Llegar hasta allí y no ver los 26 metros del Buda de Tian Tau tiene miga.

Sin embargo, nos gusta quedarnos siempre con lo positivo y sacar lo mejor de nuestros viajes. Llegar hasta los Budas fue una experiencia, cuanto menos divertida, así que voy a explicaros cómo podéis llegar hasta el Po Lin Monastery. Por si no lo sabéis, es donde se encuentra la descomunal estatua y uno de los lugares más visitados de Hong Kong.

Nuestros pies en el Teleférico Ngong Ping 360

Nuestro punto de partida fue la estación de metro de East Tsim Sha Tsui, la más cercana a nuestro alojamiento en el Park Hotel. Desde allí pillamos la línea roja de la MTR hasta Lai King. El transporte de Hong Kong es fascinante, nada más bajar del tren y justo enfrente, nos estaba esperando nuestro transbordo de la línea naranja. Nuestra destino era Tung Chung, muy cerquita de donde viven Javier y Rena. Total 32 minutos.

Cuando sales de la estación de Tung Chung veréis que casi todo el mundo va siguiendo unos carteles que indican Ngong Ping 360, el nombre que le han dado al teleférico que te lleva desde Tung Chung hasta el Po Lin Monastery. Donde fueres haz lo que vieres, aunque por la zona también hay autobuses que son más baratos, pero no tan emocionantes como el cable car.

Hong Kong desde el teleférico

Cuando llegas a las taquillas, lo primero es escoger el tipo de viaje que quieres. Existen cabinas normales y con suelos de cristal. En estas no haces cola y te puedes hacer una mejor idea del piñazo que te podrías llegar a pegar.

También hay paquetes que incluyen el transporte hasta Tai O y visita guiada por el Po Lin Monastery. Nosotros escogimos esta última opción con cabina de cristal. Nos costó 300 HKD (28 euros) por barba, pero nos decidimos por esta opción porque la visita a Tai O nos hacía mucha ilusión y era una forma rápida de llegar hasta allí.

Fotografiando el Buda de Tian Tau

Sinceramente un recorrido en teleférico nunca me ha defraudado. El camino desde Tung Chung hasta la Ngong Ping Village es de los que quita el hipo. Es ahí arriba cuando te das cuenta de lo peculiar y heterogéneo que es el paisaje de Hong Kong.

Miras hacia un lado y ves un bosque de rascacielos, giras la cabeza y ves el aeropuerto más flipante del mundo. Sin embargo, conforme la cabina va ascendiendo, empiezas a descubrir otro Hong Kong, repleto de vegetación selvática y de preciosas costas.

El Buda de Tian Tau

El recorrido se hace un poco largo y además fue muy cambiante. Empezamos con un cielo nublado aunque con mucha visibilidad, pero poco a poco la niebla nos fue devorando. Desde el teleférico captamos la mejor imagen del Buda de Tian Tau. Nada nos haría presagiar que esa sería la última vez que lo veríamos.

Viaje a Hong Kong – Hot pot

Caldero del Hot pot

Ya hace tres semanas que no hablo sobre Asia en el pachinko y eso está pero que muy mal. No hay que perder las buenas costumbres. Para remediarlo voy a invitaros a una de las cenas más suculentas que he probado en mi vida. Se trata de un Hot pot y lo degustamos a principios de 2011 en nuestro viaje a Hong Kong.

Era nuestra última noche en la ciudad y nuestros anfitriones Javier y Rena no querían que nos fuéramos de Hong Kong sin probar una de las comidas más típicas de la cultura asiática. Ellos escogieron el restaurante y el resultado no pudo ser mejor.


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Se llama Pier 88 y está ubicado en el edificio Grand Tower de Nathan Road, ya en la parte de Mong Kok. Nuestro hotel estaba en la zona de Tsim Sha Tsui, no demasiado lejos, aunque como Nathan Road es una avenida enorme pillamos el MTR y nos apeamos en Mong Kok. Al final Javier tuvo que venir a por nosotros por que nos equivocamos de puerta.

En el Pier 88 nos estaba esperando Rena. Lo primero que me llamó la atención es que el local era enorme, pero estaba completamente lleno. Javier había tenido que reservar porque es un lugar muy popular.

Las salsas del Hot pot

El Hot pot no es otra cosa que un caldero con sopa hirviendo en el que tú mismo vas cocinando todo la comida que te apetezca. Sería la versión china del Nabemono japonés o del Jjigae Chongol coreano.

Carne para el Hot pot

Este asunto del Hot pot es bien sencillo y el resultado es escandalosamente delicioso. Primero se pide la sopa. En este restaurante la sopera estaba dividida en dos partes, así que degustamos dos caldos distintos. Las mesas tienen hornillos para que vayas regulando la temperatura del brebaje.

Luego pides los ingredientes que quieres cocinarte tú mismo en las sopas ardientes. Verduras de todo tipo, carnes, pescados, mariscos… y por último están las salsas donde mojas lo que te acabas de preparar.

Chicharrero por Hong Kong comiendo Hot pot

Los modernos llamarían a este tipo de cocina slow food, pues entre plato y plato vas charlando, comiendo, bebiendo y disfrutando de la comida durante un largo periodo de tiempo. Yo no sé las chicas, pero Javier y yo nos pusimos las botas… menudo saque tiene el chicharrero.

Coñas a parte, me encantó el concepto del Hot pot. Una cena larga, sencilla y deliciosa donde pudimos conocer un poco mejor a Javier y Rena, que fueron unos anfitriones increíbles. La verdad es que da gusto quedar con gente así para que te enseñen algún secreto de Hong Kong, y si se trata de cenar pues mucho mejor.

Viaje a Hong Kong – El servicio doméstico filipino

El servicio doméstico filipino

Asia es, quizás, uno de los continentes donde mayor se pueden apreciar las desigualdades entre ricos y pobres. Grandes fortunas conviven con gente que apenas tiene qué echarse a la boca.

Ya os he contado muchas veces que una de las caras más conocidas de Hong Kong es la de ciudad que vive por y para el dinero. No es complicado ver algún que otro Ferrari, bolsos de Chanel o zapatos de Prada. Es una urbe donde las apariencias dicen mucho de una persona, por lo que a la gente no le importa trabajar varios meses para tener el último modelito de Louis Vuitton.

Si paseas por las calles más glamurosas de Central durante seis días a la semana te puede parecer que estás en el Brave new world de Aldous Huxley, una distopía donde no hay lugar para la discordancia. Todo parece perfecto y la gente sonríe y consume sin parar.

He dicho seis días a la semana, porque al séptimo esa imagen de perfección se ve turbada por la ingente presencia del servicio doméstico filipino. Miles y miles de mujeres salen a la calle y pasan el día donde buenamente pueden y entreteniéndose con lo que sea.

Las grandes desigualdades de las que hablábamos al principio, hacen que muchas mujeres filipinas emigren a Hong Kong para trabajar en las casas como asistentes del hogar y buscarse un porvenir un poco mejor.

En las casas donde trabajan pasan todo su tiempo. Casi todo el dinero que ganan lo envían a sus familiares en Filipinas. En Hong Kong no tienen vivienda propia, primero porque no se lo pueden permitir, y segundo porque duermen los siete días de la semana en su trabajo.

No obstante, el domingo tienen el día libre, y como no tienen casa, lo pasan en la calle con otras mujeres que están su misma situación.

Nosotros desconocíamos esta realidad hasta que empezamos a ver a decenas y decenas de mujeres en la calle sobre cartones. No os penséis que sus miradas eran de desazón, todo lo contrario. Unas sonrisas de oreja a oreja.

Vimos mujeres arreglándose el pelo y las uñas, jugando a las cartas, charlando con las amigas, viendo la tele en pequeños televisores portátiles… era algo que no entendíamos.

Era el día de Año Nuevo y estábamos un poco desorientados. Resaca dirían algunos. Sin embargo, no acabábamos de entender que hacían todas esas mujeres sobre cartones en la calle, en pleno invierno y con esas sonrisas tan maravillosas. Era algo surrealista.

No nos enteramos de la película hasta que nos encontramos con Javier y Rena y nos lo explicaron todo. Vero y yo nos llegamos a pensar que pasaban la noche en la calle un día a la semana, después de trabajar los otros seis. La realidad no es tan cruel, pero tampoco es mucho más alentadora.

Que esas mujeres que apenas tienen nada sonrían de esa manera es algo que nos debería hacer reflexionar mucho. ¿Qué necesitamos para ser felices? Ellas, algo de dinero para enviar a casa y un día libre a la semana para estar con sus amigas. Da mucho que pensar ¿verdad?

Viaje a Hong Kong – Budas en la niebla

Buda de Tian Tau con niebla

Este post debería haber sido uno de los más espectaculares de nuestro pasado viaje a Hong Kong, al menos a priori. Lo digo por las descomunales dimensiones del Buda de Tian Tau que se encuentra en el Po Lin Monastery de la isla de Lantau.

Otro día os hablaré de la fascinante forma de llegar hasta el Buda o de lo bonito que es el Po Lin Monastery, pero hoy voy a centrarme sólo en el Buda y en nuestro infortunio.

El Buda de Tian Tau tras la niebla

Se trata del buda sedente exterior de bronce más grande del mundo gracias a sus 26 metros de altura. Para darle forma se necesitaron 202 enormes piezas de bronce que se  fundieron en Nanking, tres años de trabajo y cerca de 60 millones de HKD (unos 5,3 millones de euros).

Por si todo esto fuera poco, semejante mastodonte está situado sobre una colina, a la que se accede por unos empinados escalones, y rodeado de seis enormes Bodhisattvas de bronce.

No se ve al Buda de Tian Tau por la niebla

Os doy todos estos datos para que os hagáis una idea de lo enorme que puede ser la estatua. Sólo Rompetechos sería capaz de no ver semejante bicho. Mejor dicho, Rompetechos y nosotros, que tuvimos toda la mala suerte del mundo con la niebla.

Pese a que era enero, habíamos disfrutado de unos días de fábula. La lluvia o las nubes ni en pintura, vaya. Pero esa mañana salió todo al revés. En mi vida nos habíamos topado con una niebla tan espesa, parecía sacada de la película de John Carpenter.

Bodhisattvas del Buda de Tian Tau

Cuando vas a ver una estatua de esas dimensiones lo último que te esperas es no poder verla o no fotografiarla. Así que, ilusos de nosotros, pensábamos que subiendo los escalones acabaríamos encontrándolo y la niebla se disiparía. “De cerca seguro que vemos algo”. Optimistas dirían algunos.

Conforme íbamos subiendo escalones la visibilidad se tornaba prácticamente nula, es una sensación un tanto claustrofóbica. Pese a que estás en un gran espacio, no ves un metro por delante de tus narices. Horroroso.

Budas en la niebla

Tras la paliza de subir a la colina casi nos damos con el Buda en los morros, pero de verlo, menos que un gato de escayola. Ya que habíamos hecho el esfuerzo de subir hasta allí, nos dimos una vuelta alrededor del pedestal con la esperanza de que la niebla se disipara. Nada de nada.

Me hubiera gustado acabar este post diciendo que pudimos ver el Buda, que la niebla se fue o poniendo fotos de una de las mayores estatuas del mundo, pero esta historia acaba mal. ¿Os imagináis lo frustrante que es tener la narices pegadas a una escultura de 26 metros y no verle ni las pestañas? Estas cosas también pasan en los viajes amigos. ¿Os ha sucedido alguna vez a vosotros algo parecido?