Julio 15th, 2008

Monje budista en Kathmandú

Hoy tenemos un ganador ilustre en el concurso de la foto. Se trata de Quique de Viaja Blog, que acertó rápidamente el origen de los ojos de Buddha. Habían sido captados en Kathmandú, la capital de Nepal. Os recomiendo seguir esta bitácora, una de las mejores sobre viajes.

Después de los sobornos y chantajes en el Aeropuerto de Varanasi, nuestra llegada a Nepal no podía ser tranquila. Yo soy como una marmota y nada más subir al avión me quedé frito. Sin embargo, Vero y el resto de pasajeros gritaron y se asustaron tras un aterrizaje un tanto precipitado. Yo seguía en los brazos de Morfeo y no me enteré de nada.

Swayambhunath

La llegada a Kathmandú fue el mejor antídoto para el estrés que traíamos de la India. Nepal es un país muy pobre, mucho más que sus vecinos hindúes. Comparten muchas tradiciones y la mayoría de sus habitantes son hinduistas. A pesar de estas semejanzas, las sensaciones fueron totalmente distintas, empezando por la gente. No sé si es porque veníamos muy quemados de India, pero los nepalíes nos parecieron mucho más amables y hospitalarios.

En la India nos sentimos muchas veces como los Beckham ante una jauría de paparazzis. En Nepal el trato con el turistas es más cordial y los comerciantes no son tan agresivos. Sin duda, fue una bocanada de aire fresco que consiguió el propósito de cualquier viaje de placer.

Velas en Swayambhunath

El clima también era más benigno que en la India. En agosto es época de lluvias y monzones. Más de un día agradecimos el agua caída del cielo, que en ningún momento se mostró feroz con nosotros.

Paisajísticamente, Nepal estaría en el top 5 de cualquier viajero. Los Himalayas se muestran imponentes y son muy importantes en la vida de los nepalíes. Los monumentos que visitamos nos encantaron y pudimos apreciar mucho mejor el rito de las cremaciones que en el Ganges. Tradiciones ancestrales y muy curiosas completan los atractivos de este país que recomendaría a cualquiera y sobre el que seguiré contando más aventuras.

Junio 11th, 2008

Estatua en Nara

La acogida del concurso para adivinar la foto ha sido magnífica. Poco después de publicar la imagen, Nuria de Nihon Mon Amour acertó a la primera y se lleva este bonito enlace. Como bien apuntó Nuria, el relato de hoy transcurre en Nara (奈良), una ciudad que tiene menos de 400.000 habitantes y que fue capital de Japón durante el periodo Nara (710-784). Muchos la consideran el origen del Japón actual y por eso es un lugar muy apreciado y respetado por los japoneses.

Monje pedigüeño en Nara

Como buenos turistas que somos, la primera parada que hicimos en Nara fue para ver el impresionante templo de Tōdai ji (東大寺). Por el camino ya empezamos a ver algunos de los ciervos que campan a sus anchas por la ciudad y que eran la principal pista del post anterior. También a los típicos monjes que piden dinero a cambio de una bendición. Le dimos una limosna claro.

Templo Tōdai ji en Nara

El Tōdai ji es un templo budista de esos que nunca olvidas. Cuando lo visitamos estaba cubierto con unas telas muy coloridas que cubrían el pabellón principal. Creo que se conmemoraba un aniversario de la muerte del fundador o una efeméride de ese estilo que ahora no recuerdo. El templo es tan grande porque en su interior alberga el Daibutsu, un Buda gigantesco de bronce que quita el hipo sólo de verlo. Un templo precioso y una visita ineludible. Lástima que no lleváramos una cámara mejor para hacer la foto del Buda. Como podéis ver muy desenfocada.

Daibutsu desenfocado en Nara

Pero una de las cosas que más me gustó de esta visita fue el ambiente. Había mucha gente joven y niños de colegios de todo el país que visitaban este monumento. Vivimos de primera mano escenas que hemos visto siempre en los mangas. Filas de niños uniformados y que se dividían por colores y nombres dependiendo de la clase. Una pasada. Todo el mundo se quería hacer fotos con nosotros. Entrañable y divertido.

Niñas japonesas en Nara

Luego visitamos algún que otro santuario sintoísta como los Templos Kasuga (春日神社) y convivimos con los míticos y hambrientos ciervos. Nara tiene un parque enorme donde estos animales pasean libres como si de gatos o perros se tratara. Hay vendedores de galletas para ciervos y les puedes dar de comer. Eso sí con cuidado, porque si te ven con galletas, te acecharán y te rodearán como la versión animal de los niños del maíz.

Vero con dos niñas japonesas en Nara

Estuvimos dando una vuelta por los impresionantes jardines con miles de linternas de piedra. Una maravilla para la vista y para el espíritu por su misticismo. Pero como el hombre además de templos necesita también cuidar el cuerpo terrenal, nos fuimos a comer a un restaurante de tempura que estaba delicioso. Luego en las galerías comerciales compramos sake de recuerdo. Había que probarlo ¿no?

Pau rodeado de niños japoneses en Nara

Para todos los que visitéis Japón y os mováis por la zona de Kansai, Nara es una visita muy recomendable, ya que es relativamente pequeña, preciosa y llena de vestigios culturales y artísticos muy importantes. Si queréis saber más sobre Nara, lo mejor es que le preguntéis a Flapy, ya que vive allí y de vez en cuando nos deja alguna perla sobre la ciudad.

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