El pasado verano estuvimos de viaje por India y Nepal. Fueron muchos meses de preparativos, sobre todo para mentalizarse.
Nosotros volamos con Alitalia haciendo el recorrido Valencia -Milán-Nueva Delhi, saliendo del destino a las 06:30 horas y llegando a las 22:00 horas de la India (tres horas y media menos en España).
A pesar de que cuando llegamos ya era de noche, el impacto térmico fue espeluznante. Nada más salir del avión notamos un golpe de calor brutal. Sabíamos que hacía calor ¿pero tanto? Cierto es que a los poco días de estar en India te acostumbras. Para que os hagáis una idea, a las diez de la noche estábamos a 33 grados a la sombra y con el 100% de humedad relativa.
La entrada al aeropuerto de Nueva Delhi nos pareció muy tranquila. Los funcionarios te miraban con muy mala cara, cosa que no entendíamos. Nada más llegar cambiamos 200 euros en rupias en el mismo aeropuerto. Luego descubrimos que habíamos hecho bien porque había mejor cambio que en los hoteles.
Tras salir a la zona de llegadas, comienzas a vislumbrar dónde estás. Decenas y decenas de personas con cartelitos esperan impacientes a que les digas que eres tú al que buscan, no obstante en la India son 1.100 millones de personas.
Una vez localizamos nuestro nombre, el chico nos subió hasta un coche que nos llevó al hotel. El mozo que aguantaba el cartelito trabajaba a su vez para el hombre que nos llevó al hotel, que su vez trabajaba para nuestro guía. Así funciona en la India ¿castas? No exactamente, pero la jerarquización en el trabajo es espectacular.
El hombre que nos acompañó en el coche hablaba muy bien el castellano y nos hizo las típicas preguntas que se pueden hacer a una persona que acabas de conocer. Se interesó por nuestra zona de España y nuestras costumbres. Nosotros le devolvimos las preguntas cortésmente.
Las dos cosas que más me llamaron la atención de nuestras primeras horas en la India fueron el tráfico caótico y lo verde que es Nueva Delhi. El tráfico merece una mención a parte, ya que hay miles y miles de coches, motos, rickshaws, triciclos circulando en todas direcciones, sin carriles delimitados, sin señales de tráfico, sin policía… el caos total. No entendíamos como no había accidentes, ya que en la India lo normal es pitar cuando quieres pasar. Luego nos enteramos que obtienes la licencia de conducir pagando, no pasas ningún examen, simplemente pagas, y cuanto más pagas más pronto obtienes el permiso de conducir.
Una vez llegamos al hotel gastamos nuestras primeras rupias en propinas (al chófer, a los maleteros…) una acción que no pararíamos de repetir a lo largo de todo el viaje.






