Tras disfrutar como dos enanos degustando la ternera de Hida, era el turno de hacer un poco de turismo. Takayama es una ciudad pequeña, pero tiene algunos edificios y monumentos muy interesantes. El primero que visitamos tras la comida fue el denominado Takayama Jinya.
El complejo no es difícil de encontrar, está muy cerca de uno de los puentes que cruza el Miyagawa, concretamente del Naka Bashi. Andando desde la estación de trenes hacia el sur del distrito Sanmachi no se tardan más de 15 minutos. Entrar cuesta 420 yenes por barba.
El Takayama Jinya era un antiguo edificio gubernamental, el último que se conserva del shogunato de Tokugawa en la ciudad. Ahora está catalogado como monumento histórico nacional y contiene algunos vestigios del modo de vida del Periodo Edo.
El edificio por fuera es muy bonito y está bastante bien conservado. Dentro debes descalzarte, ya que el suelo es de tatami. Ahora el Takayama Jinya es como una especie de museo con jardín donde podréis observar las antiguas habitaciones del edificio gubernamental y sus funciones de antaño.
Hay planos antiguos, armas, joyas y manuscritos repartidos por toda la casa. También se puede visitar el granero y una especie de sala de confesión o tortura. No es tan bestia como la que hay en Peñíscola, pero acojona igualmente.
Creo que el Takayama Jinya no es un lugar de visita imprescindible, pero puede servir de aperitivo antes de visitar el precioso Sanmachi Suji.


















