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Viaje a Japón – Qué llueva, qué llueva…

Pau, Vero y Neki en el karaoke de Shibuya

Después del excepcional día que pasamos en Narita con Los Pataliebreak, la noche no podía ser menos. Nerea y Lorco, Guillaume, Ikusuki, Neki, Vero y un servidor nos dirijimos a Shibuya para probar nuestras grandes voces en un karaoke. Nos lo habían prometido.

Como sabéis, los karaokes son uno de los mayores entretenimientos de los japoneses, pero no tienen nada que ver con los que podemos encontrar en España. Allí, lo normal es alquilar, por horas, una pequeña habitación con micros y pantallas de karaoke. Nada de exhibirse en plan Festival de la Oti.

El sitio escogido fue muy peculiar. Mitad love hotel, mitad karaoke, estaba repleto de japoneses muy jóvenes y muy borrachos. Había una chica que casí no se tenía en pie. Eso sí, mega-fashion de la muerte. Estábamos en Shibuya.

Despúes de pagar la primera media hora por adelantado, nos metimos los siete en una habitación que tendría como mucho cinco metros cuadrados. Así hacinados como sardinitas, pedimos la comida y la bebida. Sin lujos, hamburguesas y patatas de las grasientas y barra libre de cerveza.

Nerea dejándose la piel en el karaoke de Shibuya

Lorco y el Tío Tosca dominaban el complejísimo arte de la selección de canciones, así que se convirtieron en los DJ’s. Realmente hay de todo. En castellano sólo estaba La Bamba. También La Macarena, aunque en su english versión. El resto de canciones muy variadas, la verdad. Desde temazos de David Bowie y Queen, pasando por Europe, Oasis, Blur, o Edith Piaf. Guillaume se lució con esta última.

El resto del grupo se entregó al máximo. Si tuviera que darle una medalla a alguien, quizás se la llevaría Nerea. Se dejó la piel sobre el escenario. El ambiente muy distendido, la compañía inmejorable, la cerveza fría, y la comida adecuada. Risas, risas y más risas le otorgaron a ese momento la categoría de inolvidable.

Sin embargo, pronto llego la amenaza del último tren. Cual espada de Damocles sobre nuestras cabezas, nos obligó a una despedida muy rápida y fría. A la carrera, entre risas y bromas, no pensabamos que sería la última vez que nos veríamos. Ahora recuerdo aquellos días con mucho cariño. Es inevitable esbozar una sonrisa cuando pienso en esos momentos. Buen rollo en estado puro. Así que desde aquí, sólo me queda enviarles un fuerte abrazo y darles las gracias por esos instantes de felicidad.

¿Queréis saber como cantamos? Sólo tenéis que hacer click. Nerea y Pau con Wonderwall de Oasis. El resto repasando la hiragana de primero con Boku wa Kuma de Utada Hikaru. Los vídeos los grabó Vero y están sin editar. Arte en estado puro. Si llueve mañana ya sabéis el motivo.

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Viaje a Japón – El cruce de Shibuya

El cruce de Shibuya

Adivina, adivinanza. ¿Qué lugar suma dos veces 109, es hogar de un perro fiel que nunca se mueve, y gente que va y viene? Efectivamente, es el cruce de Shibuya.

Después de pegar una vuelta por Shinjuku, el siguiente destino de nuestro viaje a Japón (日本) era el populoso cruce de Shibuya (渋谷). Es uno de esos lugares de visita obligada, de vivirlo para contarlo, de sentir cuando ruge la marabunta desde dentro.

Neones en el cruce de Shibuya

Ese también fue nuestro primer encuentro con Los Pataliebreak en Tokyo (東京). Esa noche tocaba cena y karaoke, aunque eso os lo contaré otro día.

Vero y yo estábamos un tanto aturdidos por la cantidad de gente que iba y venía de la estación de Shibuya por la salida de Hachiko. La célebre estatua del perro esperador era el punto de encuentro. El nuestro y el de miles de personas más.

La estatua de Hachiko en Shibuya

Junto a la estatua de Hachiko, muy escondida por el gentío, había un montón de gaijines y japoneses haciéndose la foto de rigor. No exagero cuando digo que en mi vida he visto tantas personas esperando en el mismo sitio.

La primera impresión es desconcertante. Luces de neón que luchan por captar tu atención. Rascacielos de diseño futurista y una marea humana que se mueve como pollos sin cabeza. De repente, escuchamos que alguien decía mi nombre. Allí estaban Lorco y Nerea, Neki y Guillaume.

Antes de atravesar el cruce de Shibuya

Tras las presentaciones de rigor, Lorco me preguntó que si había cruzado alguna vez hasta el otro lado. “¿Y hacia dónde vamos?” le respondí atónito. “Tú tira hacia adelante”. Consejo sabio y efectivo donde los haya.

Supongo que ya sabéis que el cruce de Shibuya de Tokyo es el más transitado del mundo. Hay varios pasos de cebra que marcan la ruta. Cuando el semáforo de peatones está en rojo, comienzan los preparativos. Te da tiempo a ver que en el otro lado se organiza una especie de salida de maratón popular. La luz verde es el pistoletazo de salida, y la acera de enfrente es la meta. “Tú tira hacia adelante”. Y así lo hice, así atravesé el famoso cruce de Shibuya desde Hachiko hasta el Starbucks.

El cruce de Shibuya desde el Starbucks

Una vez allí Lorco nos incitó a subir al primer piso del Starbucks para ver el espectáculo. Luego me confesó que de todas las veces que había estado allí, era en la que más gente había visto. Unos días después Vero y yo volvimos al lugar de los hechos. Cruzamos de nuevo el cruce de Shibuya y no morimos en el intento.