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Viaje a Japón – Sakura en el Castillo de Kanazawa

Entrando al Parque del Castillo de Kanazawa

Pese al terremoto, el tsunami y la crisis nuclear, Japón no ha faltado a su cita anual con el hanami y el florecimiento del sakura. Es un espectáculo de la naturaleza realmente precioso y se vive con mucha intensidad en cualquier parte del país.

Torre del Castillo de Kanazawa

Repasando las fotos de nuestro segundo viaje a Japón, he recordado que el lugar donde contemplamos más flores de sakura fue en el Parque del Castillo de Kanazawa. Estaba completamente cubierto de pétalos blancos y rosados, una imagen de cuento.

El Castillo de Kanazawa actual nada tiene que ver con su esplendor de antaño. Fue levantado a finales del siglo XVI y albergó hasta 14 generaciones del clan Maeda, uno de los más nobles y célebres de esta prefectura de Ishikawa.

Sakura en el Castillo de Kanazawa

Su grandeza fue tal, que el Kanazawa-jō era conocido como el castillo de los 1.000 tatamis, en referencia a su extensión. El edificio que nosotros contemplamos es una sombra de aquel, ya que sólo quedan pequeños vestigios de su apogeo como puede ser la puerta Ishikawa-mon. Precisamente por la que accedimos desde el Kenroku-en.

De los edificios originales del Castillo de Kanazawa sólo quedan el arsenal y una preciosa torre que es la que veis en estas imágenes. Ambos reconstruidos.

El foso del Castillo de Kanazawa repleto de sakura

Sin embargo, lo que más nos fascinó fue el sakura y la cantidad exorbitante de pétalos que cubrían todo el recinto del castillo. Algo extraordinario, pues se contaban más flores que en el propio Kenroku-en.

Vero disfrutando del sakura

Esta experiencia es casi anecdótica, pero viajar a Japón en primavera tiene estas alegrías repentinas. El florecimiento del sakura se va propagando de sur a norte, así que os recomiendo que vayáis siguiendo esa ruta y persiguiendo ese momento tan emocionante y arraigado a la cultura japonesa.

Requiem por el terremoto de Japón

Puesta de sol en la bahía de Tokyo

Ya ha llegado el viernes, aunque esta semana no vamos a celebrarlo con una de las clásicas cervezas del mundo porque la actualidad se ha empeñado en que hoy no estemos para risas. La casualidad ha querido que en un 11-M se haya producido el mayor terremoto de la historia moderna de Japón.

No pienso hablar aquí de la masacre que ha provocado el seísmo, el tsunami posterior y sus réplicas, para eso ya tenéis los medios generales que seguro que os informan mucho mejor que este humilde blog. Seguro que ya habéis visto las imágenes. Voy a hablar de las sensaciones que he ido teniendo a medida que me iba enterando de los acontecimientos.

No hace falta que os descubra a estas alturas mi pasión por Japón. Sin Japón este blog no existiría, ni yo sería la persona que soy ahora. Fue mi primer viaje serio y donde me picó el gusanillo por viajar. También allí he conocido a gente maravillosa que ahora puedo considerar amiga.

Me he enterado del terremoto cuando iba en el autobús. Volvía de llevar a Teo a la guardería y cuando he conseguido sentarme me he puesto a trastear con el iPhone. Al meterme en la app de Twitter he empezado a empezado a ver lo que contaba la gente y enseguida me he dado cuenta de que era algo gordo de verdad.

Con una terrible sensación de desazón, me han venido a la cabeza Oskar, Nerea y Lorco, Núria, Hideo y Yuna, Chiqui, Alberto, Nora, Marc, Jose, Xavi, Diego, Héctor… y otras muchísimas personas a las que les tengo afecto y con los que mantengo una relación en mayor o menor grado. No me he preocupado por Ale porque vive en el sur de Japón, ni por Flapy que está en España.

Ha sido un alivio comprobar en Twitter que la mayoría de ellos estaban sanos y salvos. También ha sido sobrecogedor leer lo mal que lo han pasado y las escenas dantescas que estaban describiendo.

Después de pensar “en los míos”, me ha venido a la cabeza toda la gente anónima que estará sufriendo lo indecible por el terremoto de Japón y sus terribles consecuencias. Japón está mucho más preparado que ningún otro país para los terremotos, y aún así las consecuencias han sido descomunales. ¿Qué hubiera pasado si ese mismo terremoto hubiera sucedido en cualquier otro lado ? Probablemente estaríamos hablando de una catástrofe mayor y de un número de víctimas con algún que otro cero de más.

No me cabe la menor duda de que el país arrimará el hombro y se recuperarán de esta situación. Si algo han demostrado los japoneses a lo largo de la historia es su capacidad para el trabajo, el sacrificio y la solidaridad.

Tras enterarme de lo sucedido y recabar mucha información, he comprobado en mis propias carnes lo brutal que es Twitter a la hora de seguir un acontecimiento en directo. Estoy orgulloso de ser twittero desde hace años. Mientras muchos medios tradicionales buscaban cómo conectar o recopilar toda la información, en Twitter personas que conozco personalmente estaban contando lo que estaba sucediendo en directo.

Ha sido muy emocionante leer todos esos tweets y poder compartir con ellos los malos momentos. Por mucho que me esfuerce, no me imagino ni como lo habrán pasado. También ha sido espectacular ver la reacción de la gente y el torrente de solidaridad de personas que no se conocen de nada y que han intentado ayudar con lo que sea.

Tampoco me quiero extender mucho más. Sólo dar mis más sinceras condolencias a las familias de las muchas víctimas y heridos, y todos los ánimos del mundo a la gente que le toca pasar esta noche pensando en lo sucedido y con el temor de las réplicas. Mucha fuerza y todo mi cariño para ellos.

Qué paséis un buen fin de semana. Nos leemos el lunes.

Viaje a Japón – El Kasuga-taisha de Nara

Ciervos y linternas de piedra en el Kasuga-taisha de Nara

El Kasuga-taisha de Nara es el complemento perfecto a la visita del Tōdai ji. Ambos son grandes ejemplos de lugares de oración de sus distintas religiones y destacan por su tamaño y hermosura. Santuario sintoísta y templo budista, una dualidad que se repite constantemente a lo largo de la geografía de Japón.

No obstante, el Tōdai ji ya tuvo su momento de gloria en este blog, así que hoy toca hablar del maravilloso santuario sintoísta Kasuga-taisha de Nara. Se trata de un lugar que se ha hecho célebre por sus linternas de piedra y bronce, los ciervos campando a sus anchas y el Mantōrō o matsuri de los farolillos.

Vero alimentando a los ciervos en el Nara-kōen

Desgraciadamente el matsuri no le he vivido, pero me imagino los cerca de 3.000 faroles de piedra iluminados y se me ponen los pelos de punta. Este festival se celebra ahora en febrero y también para la fiesta del O-bon en verano.

Otro de los elementos célebres de el Kasuga-taisha, y de Nara en general, son los ciervos campando a sus anchas. A mí personalmente, gracia me hacían la justa. Nos es que tenga especial animadversión hacia estos animales, pero al ser alérgico a todo bicho con pelo, lo pasé bastante mal ante la presencia de estos cérvidos. No obstante, los ciervos no eran tan abundantes por aquí como en el Nara-kōen.

Colegiales entrando al Kasuga-taisha de Nara

En cuanto a los faroles, que es el tercer elemento que nos falta para completar la baraja, deciros que están muy bien conservados gracias a las ofrendas que hacen las familias al santuario para que sus nombres aparezcan asociados a determinadas linternas. El camino con los cientos de faroles es precioso.

Una vez expuesto lo anterior, os podréis imaginar lo agradable y peculiar que puede ser el paseo a través del bosque que conduce al Kasuga-taisha. Es digno de los mejores cuentos antiguos. La combinación del verde del bosque, el gris de la piedra y la vitalidad de los ciervos hacen necesario reservar un tiempo prudencial para afrontar el camino con calma y dejarse llevar por las emociones.

Un joven Pau ante las linternas de piedra del Kasuga-taisha

Quizás lo mejor del Kasuga-taisha sea este paseo previo, aunque el edificio principal del santuario también es muy hermoso. Como todo santuario sintoísta, cuenta con un gran torii rojo que anuncia la entrada. Luego lo más bonito es la sala del tesoro y la puerta de acceso al santuario.

Y concluiré lamentándome de las fotos tan malas que hicimos en nuestro primer viaje a Japón. Una pena que las imágenes que aquí os enseño no hagan justicia a la verdadera belleza del Kasuga-taisha de Nara. Pero al menos nosotros salimos más jovencitos. ¿Habéis estado en este santuario? ¿Qué tal vuestra experiencia?

Viaje a Japón – Tōdai ji de Nara

Templo Tōdai-ji en Nara

Mentiría si os dijera que lo que menos me gusta es escribir sobre nuestros viajes a Japón. Aunque lo haga con menos asiduidad que antes, todavía me quedan muchas historias por compartir con vosotros, pues un día de viaje en el país del sol naciente da para muchas anécdotas, ¿verdad?

De Nara os he hablado bien poco, y eso que es una de las ciudades que no puede faltar en ningún itinerario por Japón. De entre sus joyas, la más conocida es el templo budista Tōdai ji, nuestro protagonista de hoy.

Llegar hasta este enorme templo es bastante sencillo. Primero porque Nara no es demasiado grande comparada con otras mega-urbes japonesas. Y segundo, porque es lo más conocido de la ciudad y quizás de toda la región de Kansai. Nosotros fuimos a pie desde la estación JR de Nara y la verdad es que merece la pena porque se trata de un paseo muy agradable… pese a los ciervos.

Entrar al templo es gratuito excepto a la Daibutsu-den, que cuesta sólo 500 yenes. Pese a que es muy turístico y está repleto de escolares y guías vociferando, el Tōdai ji es impresionante por su tamaño y belleza. Se trata del edificio de madera más grande del mundo. Y es así de descomunal desde la entrada, ya que las puertas Nandai-mon y sus guardianes tallados en madera son una auténtica obra de arte.

La joya de la corona del Tōdai ji es la Daibutsu-den, que en su interior aloja uno de los mayores figuras de bronce que existen en el mundo. El Buda mide unos 16 metros de alto, y fue fundido con 437 toneladas de bronce y 130 kilos de oro. No obstante, pese a su tamaño, no se ha librado de terremotos y calamidades. De hecho nos contaron que ha perdido la cabeza varias veces, y que la actual data del periodo Edo.

Si logras dejar de mirar al Buda por un instante, podrás darte cuenta de situaciones un tanto cómicas protagonizadas por las decenas de niños que lo rodean. Cerca del Buda hay una columna de madera con un agujero del tamaño del orificio de la nariz de la estatua. Los niños se lo pasan bomba atravesándola, pero a algunos adultos les cuesta horrores. Se dice que el que pase alcanzará la iluminación, de ahí la insistencia de algunos mayorcitos.

Además de el Daibutsu, el templo cuenta con otras salas que en comparación con la del Buda salen un poco perjudicadas. También está el patio principal que es enorme y perfecto para tomar fotos de la gigantesca Daibutsu-den. Además, hay tiendas de souvenirs y cachivaches de todo tipo como colgantes de la suerte, o pinceles y papeles para practicar la caligrafía. Lo que mola aquí es ver como el maestro calígrafo hace de las suyas. Nosotros nos llevamos una de recuerdo.

En fin, que seguro que muchos de vosotros habéis visto el Tōdai ji, así que me gustaría que me contarais cómo os fue la visita. Nosotros tuvimos la gran suerte de visitarlo durante un aniversario y estaba precioso, todo cubierto de telas y banderas de colores. ¿Cómo os fue a vosotros?

Viaje a Japón – Dormir en un ryokan

Habitación del ryokan

Una de las experiencias más peculiares de nuestros dos viajes a Japón, fue la de dormir en un ryokan u hotel tradicional japonés. Además tuvimos la suerte de disfrutar del ryokan en Miyajima, una isla cercana a Hiroshima, que es uno de los lugares más bonitos del país del sol naciente.

No sé como serán el resto de ryokan de Japón, pero nosotros vamos a contaros como fue nuestra experiencia en éste, que a nuestro entender estaba muy bien equipado. Para empezar, un clásico de la mayoría de edificios del país, zapatos fuera. Hay una zona con suelo de madera para dejar el calzado. Luego, como podéis ver en la imagen, el suelo es de tatami, sin duda, uno de las superficies y olores más característicos de Japón.

La habitación se presenta bastante despejada y muy ordenada. Sobre el tatami hay una mesa muy baja y dos sillas sin patas, ideadas para sentarse sobre las propias piernas. Se trata de una postura muy complicada para nosotros, pero que en Japón es de las más típicas, al igual que descansar en cuclillas. En este ryokan había una mesita y dos butacones normales, supongo que pensados para occidentales como nosotros. También había una pequeña tele, que ni enchufamos.

Otra característica de la habitación son las ventanas correderas y que tenían papel en vez de cristal. ¿Y las camas, qué pasa con las camas? En realidad no hay camas. Dormimos en futones que estaban guardados en el armario. Las almohadas estaban hechas con una especie de cáscaras duras sobre las que se hundía el cuello. La experiencia fue bastante positiva y al día siguiente teníamos nuestras espaldas en el sitio. Por cierto, los futones nos los prepararon mientras estábamos cenando.

Otra característica de este ryokan es que en el piso de arriba disponía de ofuro. Por supuesto, había uno para mujeres y otro para hombres, con vestuarios para desnudarse por completo antes de lavarse con agua y jabón y posteriormente entrar limpios al baño.

En este ryokan también tuvimos la oportunidad de disfrutar de una excelente cena típica japonesa, a la que acudimos vestidos con sendas yukatas. Se trató de una deliciosa combinación de platos al estilo kaiseki, y que degustamos sentados sobre un tatami.

Y ya que vamos de tópico en tópico, en este ryokan nos dieron por primera vez en nuestras vidas un masaje shiatsu. El masaje nos lo hicieron dos señoras mayores, pero muy forzudas de manos. En ningún momento sus dedos estuvieron en contacto con nuestra piel, ya que nos aplicaron esta técnica milenaria sobre la ropa y con pañuelos para no tocarnos.

En fin, que esta es nuestra experiencia en un ryokan u hotel típico japonés en Miyajima. Ahora nos gustaría que nos contarais la vuestra o si os gustaría disfrutar de algo parecido. Desde luego que dormir en un ryokan es algo muy recomendable si tenéis pensado hacer algún viaje a Japón.