Lo primero es advertir que este post está basado en la experiencia y en el caso de Vero. Cada embarazo es distinto, así que si estás embarazada y piensas hacer un viaje a Japón, o a cualquier otro destino, lo mejor es que primero consultes con tu ginecólogo.
Nosotros nos enteramos que Vero estaba embarazada justo dos semanas antes del viaje a Japón. Ya teníamos los billetes de avión, las reservas de los hoteles y el JR Pass contratado. Sin embargo, decidimos aplazar la decisión de viajar o no hasta que habláramos con el médico.
Lo primero que nos dijo el ginecólogo es que una embarazada no es una enferma y que por tanto debía hacer vida prácticamente normal, y eso incluye los viajes. También nos comentó que en Japón hay médicos excelentes, por si nos surgía alguna complicación, cosa que no sucedió.
Además, nos dio una serie de recomendaciones, teniendo en cuenta que Vero estaba en un estado de gestación de entre 6 y 8 semanas y que no tenía un embarazo de riesgo.
Vuelos: Para los vuelos de embarazadas, nos recomendó que llevara ropa cómoda, que bebiera mucho líquido y que caminara cada pocas horas para evitar trombos. Además, en el mostrador de la JAL solicitamos pasillo para que Vero pudiera estirar las piernas y que su asiento estuviera cerca del baño. Las embarazadas van muchas más veces.
Alimentación: En este sentido, cada maestrillo tiene su librillo. El ginecólogo le dijo a Vero que comiera mucha verdura, fruta, carne y pescado. Pocos dulces e hidratos de carbono por la glucosa. El embutido y la carne los podía comer siempre que fueran envasados. Este médico le prohibió el sushi y el sashimi por el tema del anisakis. No obstante, Nuria me comentó que en Japón no se prohíbe el pescado crudo a las embarazadas. Vero no se pudo resistir y un día lo probó en Kanazawa, aunque fue la única vez en todo el embarazo.
Actividad física: Estando embarazada de entre 6 y 8 semanas, la actividad física debía ser la habitual. Eso sí, bebiendo mucho líquido, parando a descansar con más frecuencia y evitar cargar con demasiado peso.
Nosotros seguimos las recomendaciones, pero debéis tener en cuenta que viajar embarazada no es lo mismo. Para empezar, durante esas semanas, Vero tenía la sensación de náuseas muy a flor de piel. Nada más bajar del avión, yendo en el Narita Express por poco echa la papilla. Luego a toro pasado, me comentó que en la Lonja del Pescado de Tsukiji se sintió muy incómoda.
Luego está el cansancio físico y anímico. Nuestras jornadas eran largas, las paradas técnicas en el hotel fueron inevitables. La embarazada es la que debe marcar el ritmo y decir basta cuando no pueda más. En el apartado anímico también se nota la diferencia y algún día no pudo evitar el llanto.
Por lo demás, el viaje a Japón embarazada fue fantástico. Si vuestro ginecólogo no lo desaconseja, y tenéis ganas de emprender un viaje, puede ser toda una experiencia. Vero no estuvo al 100% de sus facultades y eso se notó, pero estando al 80% también se pueden hacer muchas cosas y unos cuantos viajes. Al final, disfrutamos de Japón y de Teo.



















