El Ueno Kōen fue una de las visitas que menos nos gustó de Tokyo, aunque no por el lugar en sí, sino por las circunstancias y por la falta de previsión. Como sabéis es uno de los parques más célebres de Japón, sobre todo por la cantidad de museos y galerías de arte que allí se encuentran. Llegar hasta allí es muy sencillo, ya que la Yamanote Line tiene una parada.
En principio, nuestra visita al Ueno Kōen tenía varios objetivos. El primero era disfrutar del hanami, ya que hacía pocos días que los cerezos estaban en flor. Sin embargo llegamos tarde, el hanami es un fenómeno efímero, y una semana tarde son muchos días. Quedaba alguna flor de cerezo por el suelo, lo cual, unido a la falta de luz, le daba un aspecto un tanto desangelado.
La segunda visita que teníamos prevista fue el santuario Tōshō-gū, uno de los más antiguos de Tokyo. Nos costó bastante encontrarlo, ya que el parque es muy grande. No obstante, cuando llegamos estaba cerrado a cal y canto. Había una pareja de ancianos haciendo fotos por fuera y poco más.
Lo último hubiera sido ver alguno de los muchos museos que tiene el parque, pero el desánimo y la poca luz que había en el parque nos hicieron desistir. ¿Viajes y caminatas en balde?
Sin duda, el Ueno Kōen nos hizo aprender una lección para nuestros viajes. Mirar siempre los horarios de los sitios que queremos visitar. Este descuido, provocado tal vez por el cansancio, hizo que un lugar con mucho potencial se quedara en una decepción, de las pocas de nuestros viajes a Japón.
Sin embargo, siempre nos gusta ver el lado positivo de las cosas, así que gracias al tiempo que le dedicamos a esta visita, luego pudimos ver el Sensō-ji iluminado y prácticamente sin gente, aunque eso será otra aventura. ¿Habéis estado en el Ueno Kōen? ¿Tuvisteis más suerte que nosotros?





















