Cómo se nota que estáis todos de puente menos nuestros bloggers españoles en Japón. La pregunta de ayer era muy fácil, sobre todo para uno de los Pataliebreak, por eso el Tío Toscano acertó a su manera el lugar desde donde se tomó la foto del post de ayer. Enhorabuena Oskar, efectivamente se trataba del edificio de la Fuji TV.
La verdad es que mucha gente me miraba con incredulidad cuando les decía que volvíamos a Japón (日本), sobre todo porque no habían pasado ni tres años desde nuestro primer viaje. “¿Con la de cosas que hay que ver en el mundo?” Me decían. Y pese a eso, ¿creéis que me arrepiento de la decisión que tomamos? La respuesta es no.
Tengo que admitir que las primeras impresiones de nuestro regreso a Tokyo (東京) fueron muy diferentes que las del primer viaje a Japón. En 2006 nos faltaba la boina y el botijo. Todo nos llamaba la atención. Eso esta vez no era posible. Para bien o para mal, la primera vez, es siempre la primera vez.
No obstante, el objetivo de este viaje era distinto. Queríamos conocer mejor el estilo de vida japonés y profundizar en aspectos que sólo vimos de pasada en 2006. Tokyo es una ciudad abrumadora, trepidante, alucinante. Un lugar que me fascina por su grandeza y diversidad. Por eso, necesitaba volver, recordar y maravillarme de nuevo. Lo conseguí, sin duda, aunque la fascinación fue muy diferente, más pausada, como un motor diésel.
Esta vez hemos estado viendo muchos barrios que no conocimos en 2006. De las decenas de sitios que visitamos, sólo hemos repetido dos, el Meiji Jingu (明治神宮) y el Sensō-ji (浅草寺). Del primero me arrepiento, ya que fuimos en domingo y estaba a tope, mientras que en 2006 estábamos casi solos. Con el segundo pasó justo lo contrario. Fuimos de noche y fue una experiencia completamente distinta a la anterior.
El resto fue todo nuevo y a pesar de los dos viajes, estoy seguro de que sólo hemos visto un 1 por ciento o menos de los lugares con encanto de Tokyo. Sin embargo, cómo sólo puedo hablar de lo que conozco, en los próximos días intentaré explicar cómo fue nuestro regreso a Tokyo y a Japón. ¿Volveremos alguna vez? Como dijo Bob Dylan, la respuesta, amigo mío, está soplando en el viento.



















