He sido un poco malo con el post de esta mañana. La ristra de toriis rojos os ha hecho creer, a la mayoría, que las puertas pertenecían al Fushimi Inari Taisha de Kyoto. Sin embargo, nuestro Capitán favorito ha sido muy tenaz y se ha llevado el gato al agua. Enhorabuena Oriol, efectivamente era el Hie Jinja de Tokyo.
Tras el famoso día de Narita y el karaoke, nos apetecía redimirnos un poco y visitar algunos santuarios sintoístas de Tokyo. Ese día era domingo y las sábanas se no pegaron un poco, así que salimos del hotel a las 10:00.
La primera cita del día era el santuario Hie Jinja. Más bien la segunda, ya que el combini era una parada ineludible. El Hie Jinja está ubicado en el barrio de Chiyoda, aunque la zona también es conocida como Akasaka. Para llegar hasta allí pillamos la Ginza Line en Shimbashi y paramos en Akasaka-Mitsuke. Nosotros salimos por la salida Belle Vie, que es la que está debajo de un centro comercial.
Nada más salir del metro, vimos una amplia avenida completamente vacía. Era pronto y domingo, parecía que Tokyo todavía estaba adormecida. Andamos un poco por la avenida hasta que llegamos a una puerta torii bastante fea, de cemento. La primera impresión fue bastante desalentadora.
Sin embargo, la desazón desapareció pronto. De repente, contemplamos una hermosa subida de puertas rojas que recordaban demasiado al Fushimi Inari Taisha. La recompensa a tanto escalón fue un santuario muy hermoso y apacible, más si cabe, por la presencia del cerezo en flor.
En el salón principal del complejo, se estaba celebrando una boda tradicional sintoísta. Husmeamos un poco, pero respetamos la intimidad de la pareja. El santuario daba la bienvenida al día con calma. Apenas había una decena de personas. Allí permanecimos un buen rato, haciendo fotos y respirando la paz y el misticismo del lugar.
Al ser día de celebración, chocaba ver como se combinaban los trajes occidentales con los kimonos y las yukatas. El Hie-Jinja es como un remanso de paz, empequeñecido por los grandiosos rascacielos. Modernidad y tradición se daban de nuevo la mano. Así es Japón.
Antes de irnos, una mujer vestida con kimono nos escuchó hablar en castellano y nos sonrió. Estaba muy feliz por el nacimiento de su hija, a la que iban a bendecir en el santuario. A la sonrisa le siguió un ¿sois españoles? y de repente su padre y ella mantuvieron una agradable conversación en castellano con nosotros. Estos momentos banales, son los que te permite evocar mejor un lugar. Por eso, el Hie Jinja siempre lo recordaremos con cariño.
























