Adivina, adivinanza. ¿Qué lugar suma dos veces 109, es hogar de un perro fiel que nunca se mueve, y gente que va y viene? Efectivamente, es el cruce de Shibuya.
Después de pegar una vuelta por Shinjuku, el siguiente destino de nuestro viaje a Japón (日本) era el populoso cruce de Shibuya (渋谷). Es uno de esos lugares de visita obligada, de vivirlo para contarlo, de sentir cuando ruge la marabunta desde dentro.
Ese también fue nuestro primer encuentro con Los Pataliebreak en Tokyo (東京). Esa noche tocaba cena y karaoke, aunque eso os lo contaré otro día.
Vero y yo estábamos un tanto aturdidos por la cantidad de gente que iba y venía de la estación de Shibuya por la salida de Hachiko. La célebre estatua del perro esperador era el punto de encuentro. El nuestro y el de miles de personas más.
Junto a la estatua de Hachiko, muy escondida por el gentío, había un montón de gaijines y japoneses haciéndose la foto de rigor. No exagero cuando digo que en mi vida he visto tantas personas esperando en el mismo sitio.
La primera impresión es desconcertante. Luces de neón que luchan por captar tu atención. Rascacielos de diseño futurista y una marea humana que se mueve como pollos sin cabeza. De repente, escuchamos que alguien decía mi nombre. Allí estaban Lorco y Nerea, Neki y Guillaume.
Tras las presentaciones de rigor, Lorco me preguntó que si había cruzado alguna vez hasta el otro lado. “¿Y hacia dónde vamos?” le respondí atónito. “Tú tira hacia adelante”. Consejo sabio y efectivo donde los haya.
Supongo que ya sabéis que el cruce de Shibuya de Tokyo es el más transitado del mundo. Hay varios pasos de cebra que marcan la ruta. Cuando el semáforo de peatones está en rojo, comienzan los preparativos. Te da tiempo a ver que en el otro lado se organiza una especie de salida de maratón popular. La luz verde es el pistoletazo de salida, y la acera de enfrente es la meta. “Tú tira hacia adelante”. Y así lo hice, así atravesé el famoso cruce de Shibuya desde Hachiko hasta el Starbucks.
Una vez allí Lorco nos incitó a subir al primer piso del Starbucks para ver el espectáculo. Luego me confesó que de todas las veces que había estado allí, era en la que más gente había visto. Unos días después Vero y yo volvimos al lugar de los hechos. Cruzamos de nuevo el cruce de Shibuya y no morimos en el intento.























